Cuando el sistema normaliza desde las instituciones la persecución, criminalización y matanza de la población afrodescendiente, no es de sorprender que la población civil se vea legitimizada por estas instituciones para hacer lo propio perpetuando el racismo en base a los privilegios de la población blanca.
Por otro lado como comenta mi colega de Cadhubev Benkosvive “Los medios cubrieron lo de Cherlie Hebdo como una Masacre generada por el Odio a la libertad de ser diferente y según los mismo medios esto fue un loquito que mato a unos por allí.” Y es que la tendencia de los medios de masa de individualizar este tipo de actos sin hablar de un problema estructural hace que la población que atiende esos medios así lo entienda y no se lleve al debate necesario del racismo y la supremacía de unos a costa de otros. El tipo de discurso y la óptica que se utiliza para tratar este tipo de actos determina en como la sociedad civil blanca entenderá el problema. Lejos de ser un crimen de un individuo loco con problemas concretos y que decide matar “por matar” este se debe entender como un ataque de terror sobre la población afro en los Estados Unidos, es un acto político que presenta una agenda concreta de asesinar a unas personas concretas por su etnia y pigmentación. Es un acto de terrorismo de corte racista y como tal debe ser tratado y analizado. Resulta curioso que en Estados Unidos, el principal país autoproclamado en eliminar el terrorismo de la tierra que tiene ocupaciones militares en muchos países con el fin de controlar el terrorismo que pone en peligro la estabilidad internacional, en los últimos años la mayoría de ataques terroristas que ha sufrido el país han sido llevados a cabo por jóvenes blancos estadounidenses y como recuerda el bloguero Jessi Daniels han sido perpetrados “a partir de una combinación de cristianos, supremacistas blancos radicales y grupos de milicias de extrema derecha.”
Lo cierto, aunque a muchos pueda sorprenderles, es que este atentado lejos de ser una excepción se ha venido repitiendo históricamente. La historia nos dice que las Iglesias afroamericanas han sido una de las principales dianas de colectivos racistas como el Ku Klus Klam. Y esto se debe precisamente al gran contenido político que implican estos espacios, que lejos de ser meramente espacios dedicados la espiritualidad fueron lugares de encuentro donde se organizaron levantamientos de esclavos. Como bien estudió el sociólogo afroamericano W.E.B Du Bois era la iglesia el único lugar donde los esclavos podían reunirse, hablar y tener “privacidad” para poder compartir experiencias, realidades y crear identidad. En cierta forma, esta herencia sigue vigente en muchas de las iglesias de afrodescendientes del país, principalmente en el sur donde las venas siguen abiertas y las tensiones siguen vigentes. Y por lo tanto, por su simbología son y seguirán siendo un objetivo del racismo.