El día que nadie me necesitó, fue el día que tuve que traducir el verdadero verb to be.
Ahi, ése día, fui realmente nadie. Algo que venía deseando pero no tenia el pretexto para demostrarlo, mas ahora que debo traducir que es el ser, de un imperio linguistico al otro, por no decir opuesto, quizas, nadie me necesite de veras.
Este no es dilema de ningun neoyorquino, menos de un jubilado de toronto, aunque puede aproximarse a un profesor adjunto catalan; mas yo, porteño-adicto, di con la anomalía del verb to be, en castellano de castilla.
Oigame bien, porque los faroleros y vendedores de pastelitos de un tiempo donde las ideas creaban naciones, tenían que preocuparse de todo menos el verb to be. Mi caso es opuesto, pero voy a escribir, como quien dice, pastelitos.
Dicese que el ser es un verbo, mas aqui opera de dignificante que tiende al gozo del vivir. Pues si declaro que "fui", no tengo que justicarme de ello. Si declaro que "soy", ¡menos que menos! Mas si digo que "voy a ser", eso es otra cuestión, ya que debo dar cuenta de que soy, por ejemplo, mas que un pastelito.
¡Ja! ¡Figurese ustéd! Que cuando "Peperina" de Serú Giŕan, postula la ambivalencia del amor y el odio, sugiere que este demanda mas de ambos a la vez. ¿Me sigue? Tampoco importa, porque nadie le importa el verb to be.
Voy a terminan este texto, como quien come un pastelito. Serú Girán: ¿seré el que fui?