Podríamos relatar la historia de Aleana, que fue raptada y violada cuando tenía siete años y una sonrisa que no pudo recobrar nunca. O si no, la historia de Alciades, que recitó sus poemas desnudo en plena Avenida Corrientes hasta que llegó la policía y lo golpeó. El tropel de curiosos gritaba: ‘¡está loco! ¡está loco!’ Alciades, cuando pudo hablar, murmuró apenas: ‘No, no estoy loco, estoy solo’. No gaste elogios para nuestra fantasía. No inventamos nada. Aleana y Alcides somos nosotros. Por eso, renunciamos.












