[Los hechos que ocurran en el presente hilo tienen lugar durante el mes de diciembre]
El último mes del año es una época agradable para Aldebarán por los festejos, la comida el espíritu navideño, las buenas intenciones, la comida y, por qué no, los caprichos consumistas de nuestra época, no obstante no poder permitirse casi ninguno por pobreza la complicada situación económica del país y del Santuario en particular. Su empleo temporal como cocinero en un pequeño restaurante le resultaba de ayuda, por pequeña que ésta fuere, para comprar ingredientes necesarios para uno o dos platillos navideños de su patria, y material para hacer reparaciones en su casa de Tauro que buena falta le hacían composturas.
Es, no obstante, un mes muy ocupado, y a él nunca le falta el elemento de tensión por la gran cantidad de gente en los negocios y el aumento criminal de precios, además de que, paralelo a sus compras y preparativos, pretendía aumentar la intensidad de su entrenamiento físico para superar sus récords personales para año nuevo. Muchas cosas de qué preocuparse.
Pudo por fin bajar un sábado a la ciudad y dirigirse a los mercados sobre ruedas y tiendas de mayoreo para hallar precios convenientes a su economía, y al finalizar esa primera jornada, algo bulliciosa, entró a un pequeño parque que se encontraba al salir del último establecimiento donde compró. Había gente, pero no importaba, quería sentarse un momento a verificar todo su mandado y el cambio, para regresar después a su casa.
Divisó entre los paseantes y los niños jugando una banca de concreto bastante amplia y sin respaldos, en los que había gente sentada a ambos lados de la misma, dándose la espalda unos a otros. Como ya casi estaba llena, se apresuró a tomar un lugar para sí y sus bolsas, aunque tuviera que colocarse de espaldas a alguien.