Mi arma es mi melodía.
Cantar.
Para algunos solo es una pasión, una manera para pasar el tiempo. Para mi también siempre ha sido eso, además de ser un sueño para mi vida.
Pero un día, a los 12, 13 años, me dí cuenta de que era algo más.
Mi voz, es un regalo: un regalo que Dios me ha hecho. ¿Para qué? Para alabarLe. Para adorarLe. Para rezarLe.
Mi voz, mi música, es mi arma contra el diablo.
Y es mi melodía hacia mi Padre.
Entonces desde el momento en el que me dí cuenta, cantar se ha transformado también en mi modo de decirle a los demás que Dios les quiere, decirle a las personas que Dios tiene todo bajo control.
Cantar es mi manera para decirle a los demás lo que Dios me dice a mi.
Y entonces también decidí cantar para Él.
Mi canto es mi oración. “Quien canta reza dos veces” ¿no?
Además, en la Biblia se hace referencia a cantar en numerosas ocasiones.
“Cantad al Señor un cántico nuevo; cantad al Señor, toda la tierra.” (Salmos 96.1)
He elegido este versículo pero hay muchos, muchos más.
Dios mismo nos pide de cantar para Él.
¿Y los que no saben cantar? No hay que preocuparse, porque Dios mira al corazón. Mira a nuestras obras, a nuestros comportamientos. No debe ser sí o sí cantar con una voz bonita o entonada, sino comportarnos de manera cristiana.
Dejo aquí una parte del Sermón 34 de San Agustín que leí justo la otra mañana y que habla de esto:
“Cantad con la voz y con el corazón, con la boca y con vuestra conducta: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas hay que cantar de aquel a quien amáis? Porque, sin duda, queréis que vuestro canto tenga por tema a aquel a quien amáis. ¿Os preguntáis cuáles son las alabanzas que hay que cantar? Habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas? Resuene su alabanza en la asamblea de los fìeles. Su alabanza son los mismos que cantan. ¿Queréis alabar a Dios? Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios. Vosotros mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle, si es buena vuestra conducta.”
Así que yo he tomado mi decisión: seguiré cantando para Él porque Lo amo y porque Él, Dios, mi Papá, me ama a mi. Y se merece la alabanza para siempre.
Cantemos a Dios un cántico nuevo, con nuestra voz, y con nuestras acciones.
Levantemos nuestra Alelujah.














