Si uno es atacado, dos resisten mejor.
El sábado, mi marido y yo tuvimos el honor de asistir a una boda que desprendía amor y romanticismo. Todos lloraban de la emoción, hubo mucho sentimiento y mucha sensibilidad. Disfrutamos mucho, y en la fiesta lo dimos todo: bailamos, reímos, y cantamos rodeados de nuestros amigos.
Sin embargo, en medio de toda esa celebración y de las risas, me di cuenta de lo difícil que es el matrimonio si no está Dios en el primer lugar. Me di cuenta de que todo parece muy bonito cuando las luces brillan y la música suena, y de lo difícil que es realmente poner a Dios en medio de la relación cuando llega la cotidianidad y todo lo que conlleva: tentaciones, egoísmo, miedos, sufrimiento...
En este año y poco que llevo casada, he aprendido que sin Dios, mi matrimonio no tiene sentido. Que si no ponemos a Dios lo primero, todos los días, nuestra relación se va a la basura. Nos lo explicaron el día de nuestra boda: Dios tiene que ser nuestra roca.
Y así hemos intentado vivirlo hasta el día de hoy, con todas las pruebas y dificultades. Porque nos sale mirar por uno mismo, el orgullo, el devolver mal por mal en cambio que perdonar y pedir perdón. Pero la iglesia nos ha enseñado, en esos momentos de sufrimiento, a acercarnos aún más a Dios y a la otra persona, en cambio de enfadarnos con Él (y con el otro).
En la boda del otro día, vivimos unas situaciones en las que nos acordamos que nuestro matrimonio es como un hilo que o cosemos cada día, o se puede deshacer en cualquier momento, que basta muy poco para que eldeabajo se cuele entre nosotros y lo rompa todo: una palabra dicha en el momento equivocado, un gesto que no se debe hacer, una mirada equivocada, un comentario fuera de lugar... pequeños detalles que hacen que nos olvidemos de Dios y nos dejemos llevar por los pensamientos negativos que eldeabajo nos mete en la cabeza (yo soy la mejor directora de películas mentales que existe en el mundo). Porque él solo quiere destrozar nuestra unión y lo que estamos construyendo día a día.
"Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haberlo superado todo." Efesios 6:13
Nuestra iglesia, nuestra comunidad, nuestras familias, nos han enseñado que con la oración, con la Palabra de Dios, y con el perdón, podemos enfrentarnos a cualquier situación, confiados de que Dios está con nosotros y lucha por nosotros, y quiere que nuestro matrimonio funcione (probablemente mucho más que nosotros mismos).
Dios tiene que ser la roca en la que, como matrimonio, tenemos que apoyarnos todos los días, pero en especial en esos momentos donde soportamos menos al otro, y los problemas se nos caen encima. Porque tengo cada día más claro de lo fácil que sería romperlo todo. Las tentaciones van a rodearnos continuamente, pero desvanecen cuando nos refugiamos en Dios. Lo difícil es seguir luchando y apostar el uno por el otro. Solo con la ayuda de Dios podemos hacerlo.
Hicimos un pacto con Dios, y una promesa de fidelidad para toda la nuestra vida: nuestro matrimonio está creado por Dios, sostenido por Dios y para dar gloria a Dios. Pero con Él, no solo permanece, sino que florece cada día más.
"Mejor son dos que uno, pues juntos obtienen mejores resultados de sus esfuerzos. Porque si caen, el uno levanta al otro. Pero, ¡Ay si uno cae sin que nadie lo levante! (...) Si uno es atacado, dos resisten mejor, pues no se rompe fácilmente una cuerda trenzada con tres hilos." Eclesiastés 4:9-12