Dedicado a: “…Les niñes perdides: son les huérfanes de todos los órdenes conocidos. Bienaventurades les huérfanes, el caos del mundo les pertenece.” TIQQUN (Llamamiento, edición 2009)
Buen día
Un día pediste a la luna que bailara plena y muchas cosas más...
Las hadas de este pueblo, antes de ser las hadas que todes vemos pero muy pocos se atreven a conocer, empezaron en otros pagos. Llámelos indie, punk, rock y una infinidad de etcéteras, porque claro, la polisemia de gustos es algo que todavía comparten con el mundo.
Si mal no recuerdo, todo empezó volando en la Patricias Mendocinas, donde crujían y crujían los sonidos del bosque en el que nos conocimos: la calle. La idea siempre fue encontrar un lugar seguro donde conjurar y conjugar sea posible al mismo tiempo.
Iridisentes recorren las acequias como aceite esencial que se extrae de los cuerpos amontonados debajo de una sombra en verano, amontonados en una colchita en invierno y amontonados en un cypher en cualquier momento del año, donde pegotearse no es más que el ritual de turno, para girar en torno al fuego de las voces que prenden candelabros, como el sol abre caléndulas en primavera.
Las iridiscencias no se detienen, ni a ver si pasan ratas o cucarachas o si a la municipalidad le pintó mandar a limpiar las acequias. Tienen el mismo tono apetrolado, rápido y seguro en su andar que sus compañeras de hábitat, muchas veces pecan de insensatas. Así más de una vez perdieron su rastro de grasa en algún barrio desconocido, pero es que lo que se pierde se encuentra y se arreglaron con la basura como se arregla un auto con alambre.
Sinsentido//Sequía
Transcurría una temporada como cualquier otra en el planeta tierra, o eso se creía hasta que el suelo comenzó a rugir. Hacía un ruido extraño, como cuando crujen las puertas viejas de una casa chorizo en la 4ta. Esa tierra, consumida en monocultivo y agrotóxico. Esa tierra que se convirtió en una carta sobre el tablero de grandes intereses, comenzó a hacer un ruido tan peculiar que las iridiscencias se encontraron entre sí observando curiosas la grieta del suelo que se abría cada vez más rápido, pero cuyo fondo no alcanzaban a ver.
Las teorías fueron muchas, porque hay tantas de nosotras como vivencias en el mundo. Adentrarse, irse o simplemente observar… El diálogo fue ineludible, porque las posturas eran chocantes, puede que en el fondo hayamos tocado el filo de la otra sin saberlo.
La Tuerta, hada arrabalera, fue a buscar una 361. Se imaginarán que para nuestro tamaño tuvimos que traerla entre 4.
La Chombi, siempre con su mal humor, puteando a los cuatro vientos por casi quedarla adentro de la botella. Pero que se le va a hacer si la tierra se mueve y no chifla, hay que estar listos para el cambio, así que avisen por lo menos.
A un costado de la ronda, la Sagi se quedó calando pensamientos con una tuca, cuando la Chilchil la interrumpió diciendo:
-Che, que onda? Andan todas re en una y esto se está secando mal.
Reflexión desde la derrota
Cada ser debe pasar por las piedras cuando es debido. El problema de las hadas es que vamos descalzas a talón completo. Nuestras alas desnudas con la única misión de fusionarse con el río, pero este mundo del desierto está hecho para que nos pinchemos con los cactus, con la falsa y creíble certeza de que son los únicos que saben dónde está el agua.
Nosotres creímos, porque necesitamos hacerlo. Y perderse en la creencia es tan sencillo, porque la sensación de colectividad también nos hace sentir acompañades. Aunque la sorpresa fue lo lejos que estuvimos de perdernos.
Caminando en una peregrinación extraña, vaya une a saber en el fondo de qué asunto, encontramos una cueva que abrió la grieta, a las que desde ese día llamamos plazas.
Dentro de esta “plaza” dormía tranquila una araña pollito, patuda la señora, con pelos en cada una de sus ocho extremidades e intimidante como el clamor de la vida misma. Las primeras de nosotras se quedaron petrificadas, sin embargo las últimas que venían caravaneando hicieron tanto ruido que la araña se despertó de un salto, acomodándose el sombrero.
-Buenas tardes señora! Mil disculpas por el sobresalto. - dijo la Chilchil confundida.
-Buenas tardes muchachas, ¿que las trae por mi cueva? - respondió la señora Araña.
-Mire, usted sabe que andábamos vagando un poco perdidas y terminamos acá sin saber bien por qué. - dijo la Sagi.
-Está bien, intenten recordar cómo empezó su viaje, quizá puedo ayudarlas - dijo la pollito apoyándose sobre sus patitas delanteras pacientemente.
-¡Es que la grieta de mierda esta nos tiene más confundidas! - respondió la Chombi, enojada como siempre. - Arrancamos un día de zonda y ya no se cuánto llevamos dando vueltas.
Casi como mágicamente, la araña supo qué hacer. Les pidió que se sentaran en ronda, mirándose las unas a las otras y se fue por unos segundos perdiéndose en la negrura de su hogar. Al volver, se sentó con ellas, repartió un poco de té y les fue pasando a cada una un ovillito de un hilo viscoso y brillante, del que usa ella y sus amigas para tejer. Paso a paso les indicó cómo tejer una telaraña.
Después de unas horas, la cueva se iluminó con la gran red que entre todas habían tejido y en sus corazones se posó la sensación repentina de haber encontrado algo así como su hogar.
-Al final lo más importante van a ser siempre las cosas que tejen juntas. - Concluyó la Sra. Araña, quien luego de despedirse de las hadas, volvió a su sueño profundo de paz.
LA RED
Susurrame aguaribay
lo que dice la montaña
Susurrame cacique
tu emergencia hídrica
Tene un freestyle entre los dientes
y voy a hacer lo que sea
porque te brote
Por eso es que
me busco pa encontrarte
no me bajes el tono morocha
que me gusta cuando na te importa
cuando el orgullo de tu pureza
se reporta
acá no e malapalabra
tener el ego resiliente
sabemo lo que costó
que florezcan las mariposas de nuestros vientres
ey
listas pa la guerra siguiente
eyeyey
llevo a las mias en la piel
listas pa aprender
listas pa prender
ponete un beat y que se suelte
que se suelte












