Sin espiritualidad nunca habrá creatividad.
La creatividad no es un destello momentáneo ni un don reservado para unos pocos con apellidos Messi o Picasso. Es una corriente infinita, un río subterráneo que nos atraviesa a todos. Pero, para que esa corriente fluya con autenticidad, antes de querer ser innovadores, disruptores o creadores, debemos volver a nosotros mismos. Sin espiritualidad la creatividad se convierte en un cascarón…






