Querido s:
Alguna vez creímos que el mundo podía sostenernos, dos almas hechas de promesas rotas, dos niños intentando salvarse con las manos llenas de fuego.
Tú eras Ekko, luchando contra el tiempo, queriendo rescatar a la niña que ya solo sabía romper.
Yo era Jinx, risa de pólvora, esperando que alguien supiera abrazar el caos.
No fuimos ellos.
Fuimos nosotros.
Con cada error, con cada regreso, con cada herida mal cerrada, construimos un hogar que siempre estuvo a punto de incendiarse.
Me dijiste que era lo mejor y lo peor que te había pasado, y aún guardo esas palabras como una herida que sangra y brilla al mismo tiempo.
Fui tu refugio y tu ruina.
Fuiste mi promesa y mi final.
Nuestra canción aún flota en algún rincón del tiempo, como un eco de todo lo que nunca pudimos ser.
No sé si algún día dejaré de ser esta tormenta, pero si algún día miras atrás, quiero que recuerdes esto: fuimos reales.
Siempre, la mejor enemiga de tu alma.










