En las imágenes: retrotracción para la re-significación de iconografías alquímicas y arquetipos psicoanalíticos, obtenidas a través de manipulación matérica para generar imágenes fotográficas experimentales, y sublimaciones virtuales en formatos de fotogrametría y 3DSculpting. Se realizó un performance-proyección en vivo sobre una instalación en espejo, páneles y multipantallas, cuyo efecto psicológico es la Inmersión a raíz del circuitBending de la sesión de LiveCinema. El circuito que retroalimenta la maquinaria de visión háptica está compuesto por componentes electrónicos reciclados (TV hackeada, Disqueteras, Estrobo, Proyectores fractales y FogMachine), los cuáles transmutan la energía eléctrica entrante, en imágenes cinéticas, rayo catódico, luz cuantificada en RaspberryPie, y frecuencias sonoras programadas en Arduino y PureData. El aura del alquimista, ahora des-subjetivado por la cámara que lo fotografía y lo filma, analógica y digitalmente, vive ahora en la composición intermedial de la imagen-cristal y su circuito virtual, y se imprime en metáforas que trascienden la representación por medio de la luz y el BIT informático. La luz y el Tiempo expanden los discursos teóricos sobre la memoria, el sueño, las ciencias físicas y la filosofía de la imagen.
Video teaser-experimental del workflow para los proyectos de LiveCinema & Net.Art V.DJinn- CER0N_.0n y @viso_al.quimia (instagram)
En brujería, hay dos grandes tradiciones que se vienen transmitiendo desde la antigüedad, estos son el Arte del Acecho y el Arte del Ensueño, el segundo no puede practicarse sin el riguroso trabajo del primero. En el México antiguo, la cultura Tolteca definió al Acecho como el uso estratégico de la personalidad para alcanzar el 'éxito' a través de la vía de la impecabilidad, esto es, el camino del guerrero; el éxito es entendido por el chamanismo como la conquista de los anhelos del corazón, se trata de un conjunto de prácticas y actitudes que permiten a un guerrero seguir una senda donde éste pueda desenvolverse y extraer lo mejor de cualquier situación concebible sin perder la energía que estructura su 'Tonal'. el Acecho supone un control sistemático de la conducta a fin de ser totalmente conscientes de lo que hacemos y de lo que nos sucede con el objetivo de acumular suficiente poder psíquico. Es el arte de ser quien uno realmente es, sin ser quien es, dentro de esta locura colectiva o gran "sueño del planeta". Esta tercera dimensión de la consciencia es una dimensión cuya finalidad es la de "crear" y "modificar" la realidad desde la nobleza del corazón y a través del poder de la mente. El Arte del Acecho nos acerca a las estrategias de los videntes toltecas sobre el dominio de la personalidad para, entre otras cosas, disminuir nuestra importancia personal ante lo colectivo, conocernos mejor a nosotros mismos y romper los lazos energéticos que nos unen con nuestro pasado para movilizar las estructuras fijas del ego y así obtener la [energía] suficiente para materializar y manifestar más fielmente nuestro mejor destino posible sobre la Tierra mediante la conexión con nuestro Otro-Yo o Yo-Superior, un observador cuántico que se ve reflejado en el espejo humeante de Tezcatlipoca y que, con la correcta distribución y economía de la energía psíquica, y luego de practicar las técnicas del Ensueño (Intención, Voluntad y Poder), nos coloca en la antesala de la proyección astral o la entrada al infinito, en lo que los brujos de la antigüedad definieron como "la segunda atención".
En esta primera práctica de una serie de tres conjuros, _Deneb_ explora aproximaciones a la proyección astral a través del conocimiento chamánico transmutado por medio de las nuevas tecnologías: desde la captura de la fotografía analógica que des-subjetiva su corporalidad mediante el proceso químico de revelado, y que luego se multiplicará en imagen digital mediante generación algorítmica de inteligencia artificial de un software libre para la obtención del archivo ~GIF. El alquimista ha liberado su imagen-cuerpo de la materia orgánica sublimándola en el ciberespacio.
La alquimia es llamada también el arte hermético y es hermética en el doble sentido del término, tanto por trazar su linaje a Hermes Trismegisto, un mítico adepto asociado al dios Hermes, como por su naturaleza "hermética", o sea, enigmática, impenetrable, excluyente.
Las fórmulas alquímicas son famosas por esquivas y esotéricas y a veces por una portentosa imaginación poética.
Dicho eso, la alquimia pretende ser también un trabajo filosófico que se basa en ciertos postulados metafísicos. Es lo que podríamos llamar una filosofía natural que busca concretizar un principio espiritual.
Así pues, la filosofía de la alquimia puede resumirse, a riesgo de simplificar un poco este complejo arte, en el motto latino solve et coagula, disolver y coagular.
Según lo dice Jung en su famoso estudio Mysterium Conjunctionis: "Este proceso puede resumirse en la aguda fórmula solve et coagula -'disolver y coagular' subyacen a la opus alchymicum y pueden simbólicamente entenderse como un proceso de integración psíquica-".
Independientemente de la controversial lectura de la tradición alquímica que hace Jung como un proceso meramente psicológico, es indudable que la operación alquímica obedece a estos dos principios, como si fuera una tensión original entre los opuestos -el Sol y la Luna, el fuego y el agua, el hombre y la mujer, etc.-, cuya síntesis es la gran obra, la piedra filosofal, el infante divino.
Desde uno de los textos fundacionales de la alquimia occidental, la Tabla Esmeralda de Hermes, podemos observar actuando estos dos principios: Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo espeso, dulcemente y con gran cuidado. Sube de la Tierra al Cielo, y de nuevo desciende a la Tierra, para recibir la fuerza de las cosas superiores e inferiores.
Tenemos aquí el principio de separar "lo sutil de lo espeso", el espíritu de la materia, algo que el mismo Platón ya había sugerido con su idea, probablemente de origen órfico, de separar el alma del cuerpo como la labor quintaesencial de la filosofía -esa preparación para la muerte- y en general de discernir lo espiritual, lo real e inmutable -a saber, las ideas eternas- de lo material o sujeto a la generación, que es como una sombra o una ilusión.
El aspecto de coagular es dado en la frase hermética:
"Sube de la Tierra al Cielo, y de nuevo desciende a la Tierra, para recibir la fuerza de las cosas superiores e inferiores".
La coagulación es el proceso de fijar lo volátil, el espíritu, sobre una base purificada, que pueda sostener su voltaje.
El cuerpo purificado recibe "la fuerza de las cosas superiores e inferiores", hace una síntesis del cielo y la tierra en un vehículo puro, en el cual el inquieto espíritu mercurial encuentra la estabilidad necesaria para coagularse.
La alquimia no es una ciencia de la trascendencia 'per se' sino la espiritualización de la materia, un arte de la redención de la tierra, inmanentización de la divinidad.
Eso sutil que se libera y que sube al cielo debe regresar para convertirse en una realidad concreta en la tierra, una especie de "planta celeste" (como Platón llamó al hombre, pues su cabeza es la raíz con la que absorbe alimentos del cielo: las ideas).
Este mismo proceso luego los alquimistas cristianos lo compararían con la encarnación de Cristo y el culmen de la obra con el cuerpo glorificado de la resurrección.