365 days of sketching, day 119: Al Sah Him if in DC Rebirth. That left arm was such a pain in a**. Happy with this #365daysofsketching #day119 #alsahhim #warithalghul #heirtothedemon #dcrebirth #oliverqueen
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from Netherlands
seen from Germany
seen from Belgium

seen from France
seen from Yemen
seen from Yemen
seen from Russia
seen from Yemen
seen from Italy

seen from Yemen
seen from T1
seen from Yemen
seen from Netherlands
seen from Malaysia
seen from Germany

seen from Netherlands

seen from Germany
seen from Brazil
365 days of sketching, day 119: Al Sah Him if in DC Rebirth. That left arm was such a pain in a**. Happy with this #365daysofsketching #day119 #alsahhim #warithalghul #heirtothedemon #dcrebirth #oliverqueen
365 days of sketching, day 118: based on an image found if Al Sah Him, Warith Al Ghul was in the New 52. The head went surprisingly well and he ended up looking like an evil version of a friend of mine. Whoops 😂 #365daysofsketching #day118 #oliverqueen #alsahhim #warithalghul #new52 #sketch
Wing ta lao wo chey (una aventura por ser contada comienza asi)
Ra's Al Ghul
Happy Birthday Stephan Amell #OliverQueen #AlSahHim #TheArrow #Arrow #ArrowCW
Nephilim
13 de septiembre de 2015.
“Un nephilim es una abominación. El engendro de un humano y un ángel. Son más fuertes que los humanos, tienen una gran tolerancia al dolor y son capaces de percibir el verdadero yo de los ángeles. Pero ella no sabe bien qué es y tú ya no eres sólo un humano. Eres algo más. Tu entrenamiento, todo lo que has hecho en los últimos meses, matar a ese ángel… Vamos, ahora eres una máquina de matar”.
Corría y corría volviendo agitada su cabeza hacia atrás. Su hálito inspiraba un insondable pavor. Y su delgado cuerpo se infiltraba entre los bajos edificios pueblerinos de Nome mientras su corazón se convertía en una congoja de inseguridad e incertidumbre.
Una de las veces que volvió la vista hacia atrás se topó con la figura de un asesino.
El grácil contorno femenino se detuvo en seco tiritando en un sudor frío, no había hecho nada malo, había vivido alejada de las grandes sociedades y ahora iba a morir.
— ¿Qué… qué te he hecho? – Musitó en un hilo de voz casi con afasia.
En el descomunal y gélido sosiego se pronunció escrupulosamente la guadaña del asesino, férrea, el arma que sacó de su gabán: una alargada daga plateada de tres filos, cuyas paredes fulgurantes simulaban espejos.
Alarmada, discernida de las irrisorias probabilidades que poseía para escapar de allí, retrocedió hasta que sus talones chocaron con algo inamovible, una pared. Entonces como armándose de valor, empujó al asesino hacia atrás, pero éste no salió despedido hacia la pared contigua a sus espaldas como ella esperaba, sino que, al igual que la pared, se mantuvo inapelable.
Así, armada más de desesperación que de valor, golpeó la cara de su homicida y para cuando este volvió el rostro, la sangre brotó de su labio inferior, atractiva, teñida de un escarlata premonitorio que en una gota fue a generar una brizna de efluvio sobre la nieve. Y entonces él le clavó la daga entre sus costillas.
La mujer cayó de rodillas al ardiente suelo helado y sollozó con lágrimas en los ojos, postergados los motivos por los que había llegado hasta aquella tesitura.
— ¿Por qué? — Repitió desorientada.
Sus ojos, dos pedazos de cielo añil, quisieron mirar el rostro del verdugo que iba a ejecutarla, que se agachó en cuclillas para mediar su altura. Al asesino aún le sangraba la boca, pero no parecía darse cuenta o no le importaba. Acarició psicótico el rostro renacentista de la criatura con el filamento del puñal mientras las suelas de sus botas se impregnaban de la sangre víctima que fluía en un riachuelo por todo el cuerpo de la muchacha desde sus costillas.
La mujer se atragantó cuando la muerte se le hincó con una inverosímil elegancia en el vientre superior del cuello. De él brotó un aura incandescente y pura, su gracia, que fue a dormir a un pequeño frasco de cristal, que con la otra mano había orquestado el asesino. Segundos después, despidiéndose a borbotones la sangre en el corte de su cuello e inundándose sus pulmones de sangre, en un gesto duro, se terminó la tortura, clavándole esa misma daga despacio y alimentándose de su agonía, en el corazón.
Había sido una criatura hermosa: cabello terso y áureo ondulado, cejas finas y doradas, piel de porcelana, firmamento por unos ojos templados, apiadados y llenos de vida que se habían desvanecido. Y su cuerpo se volvió inmaterial, en una sombra luminosa y grisácea a reducirse en algo menos que en polvo para sumirse a la nada con el anochecer rosado de Alaska.
— Tenías que morir.
A new man
12 de octubre de 2015...
El sonido del motor escupía vaho y las nevadas aún no alcanzaban las fechas. Nueva York se respiraba frío, el clima otoñal sólo asomaba en el quicio del medio día y después se fundía con un futuro invierno prematuro. Era agradable sentir el sol, aunque fuera a través de los abrigos o las cazadoras de cuero. Este último era el caso del hombre que escondía su rostro bajo el casco. Conducía a gran velocidad, como si el pasado le persiguiera, como si en cada esquina le acechara amenazante el remordimiento. Sólo su postura helada se desquebrajó paulatinamente para, una vez aparcado su vehículo, deshacerse de “su máscara”. Ni siquiera miró hacia los lados cuando los bigotes se le crisparon por ese aroma gélido de origen canadiense que calaba el aire.
Habían pasado varios meses, casi medio año, desde que no pisaba la ciudad, una ciudad que había demostrado no ser mía, una ciudad a la que le había fallado. Ahora los dos, la ciudad y yo, éramos un polvo lejano que se desteñían las huellas el uno al otro.
Aquel hombre, se acercó hasta la puerta de una casa de Manhattan. El fin de todo aquello era un nuevo comienzo, pero como todo nuevo comienzo, estaba condenado en cierta medida de lo posible a quedarse en la banda de salida y abandonar al soñador expiándolo de su idea. Así que intentando enmudecer otro de sus latidos, pegó en la puerta con un puño decidido.
— Hunter... — Murmuró casi en un susurro la persona que se descubrió en el interior de la vivienda.
21 de mayo de 2015...
— ¿A dónde vamos?
— Vamos a comprobar el buen soldado en el que te has convertido.
Había transcurrido más de un largo mes en Nanda Parbat, una supuesta mítica ciudad de piedra arenisca con cientos de años de antigüedad. Una reliquia oculta para el mundo de la arqueología que se ubicaba enclavada rozando la mano de Dios entre lo alto de las montañas del Tíbet. Se había pasado gran parte del tiempo encerrado. Resucitarle le había costado la cordura. Son esos, en ocasiones, como cuentan las historias de los transeúntes, los efectos adversos de las verdosas aguas que conforman las Fosas de Lázaro, las Fosas de la Eternidad, extintas en el resto del mundo a consecuencia del calentamiento global.
Había muerto. Y había regresado a la vida. Pero no como se fue. Y no a todos les funciona.
El muchacho sacudió la cabeza aunque sin vacilación alguna. Su porte presentaba firmeza, decisión y una leal frialdad exenta de todo tipo de miedo. Sus ropajes eran los de La Liga de Asesinos. Recordaba en un lejano haber visto a un hombre que solía conocer bajo esas mismas ropas. Ahora todos los que alguna vez les fueron conocidos, no lo eran, no eran nada, porque él tampoco era ya ese mismo hombre, y un hombre nuevo debe abandonar sus recuerdos y restringir su memoria.
A su lado un hombre mayor, bien conservado, de frente ancha, bigotes alargados que encubrían la parte superior de una boca refinada de un hombre de mundo. La Cabeza del Demonio. Él vestía de negro también, aunque su aspecto le hacía parecer que pertenecía a un rango superior como así lo era, incluyendo el toque renacentista que se le ofrecía en su capa.
Un gran portón de madera tallada se abrió permitiéndole el paso, y Ra's Al Ghul, la Cabeza del Demonio, aguardaba a que él, Al Sah-Him, atravesara esa parte a la que nunca se le había oportunado el paso. Miró de reojo a Ra's y entonces dirigió la mirada al frente a medida que sus pasos se empecinaban en adentrarse en aquel gran recibidor medieval al final del cual se encontraba un hombre que le era desconocido, de ojos claros y pelo castaño, con los brazos cruzados. Y, por alguna razón, padeció otra vez ese ardor en uno de los interiores de sus brazos, algo que su "antiguo yo" había padecido antes.
— Aquí lo tienes. Ha pasado adecuadamente los efectos de la Fosa de Lázaro. Está preparado. Writlace, le presento oficialmente a Al Sah-Him. Aquel nuevo hombre, exento de pasado y proyecto de un sino maquiavélicamente diseñado, permaneció en pie, dotados sus ojos de una opalescencia que como si tuviera algún efecto en el ambiente, parecía poder desprenderse de sus cristalinos como lo haría niebla en cada recoveco de ese suelo sobre el que posaban sus pies.
Al hombre de brazos cruzados no pareció desagradarle su apariencia, sino que parecía ver en él una especie de diamante en bruto que no sería fácil de pulir para crear a uno de los mejores combatientes que podría tener consigo. Una máquina de matar. Y aquel pensamiento le hizo sonreír.
— Muchas gracias, Ra's Al Ghul, ha sido muy amable en ir en su búsqueda. — Con un movimiento de cabeza agradeció su ayuda para sin detenimientos fijarse en su nuevo aprendiz. — Un placer, Al Sah-Him, será todo un honor tenerle en mi equipo.
El asentimiento y silencio que se protagonizaron en aquel hombre desalmado, Al Sah-Him, fueron completamente opacos. No existía en un alma vacía la suficiente capacidad para albergar la destreza de una expresión sentimental de un porte menos inverosímil, que pudiera caracterizar sus directrices propias como persona. Su imagen era la de un soldado experimentado y puesto como objeto de retorno a reinserción sin reticencia bajo una cadena de mando impuesta a un hombre que se sentía conforme en cuanto a libertades y excepciones, no ajeno, pero indiferente. Hunter Brigance hubo sido un hombre definido por su pasado, un pasado construido para convertirle en algo más, en otra persona, en otro ser. Arrow había sido sólo un héroe y un asesino, víctima de un plan mayor fundamentado en la adquisición de adiestramiento como metamorfosis a arma, a la máquina de matar aún no lo suficientemente forjada. Sería necesario, para ello, dejarse envolver por las llamas de La Luz Negra. Los retargos de Brigance, eran la experiencia en la defensa marcial como combate cuerpo a cuerpo y caracterizaciones de aptitudes mentales ocultas en lugares inhóspitos de donde sus recuerdos les habían sido arrancados del subconsciente, además de su manejo profesional con arco, no sólo simple sino también de poleas, que ahora acontecían a ese hombre nuevo: Al Sah-Him.
— Esta misma noche nos iremos a la base Ursus localizada en Alaska. Ahí empezará su entrenamiento. — Informó a Ra’s acerca de sus planes para su nuevo discípulo y éste tras asentir abandonó la sala.
El ex-pensilvano giró la cabeza. El que había sido durante las últimas semanas su mentor le había dejado con el que le acuñaría finalmente. No conocía a "Writlace". Ese hombre que respetuosamente le contemplaba. Ni estaba aún seguro de si ese nombre tendría algún significado propio como el de Ra's. No obstante, ese era el hombre en el que despojaría su futuro.
— ¿Debo hacer algo antes de emprender el viaje?
and when the sun comes up, we'll be nothing but dust. just the outlines of our hands.+insp.