Nunca me olvides
Andaba buscando un viejo disco que necesitaba del clóset. Así que escarbé, y encontré algo mejor que un disco. Cuando abrí aquella caja de cartón llena de discos de música y programas me topé con una cajita de floppies que por accidente dejé caer. Mientras recogía estos disquettes me percaté de que había una nota con un mensaje en tinta morada... pensé que sería un mensaje de alguna ex que nunca eliminé. Pero no, era algo diferente a una ex, era un fantasma:
Tomé la nota —un poco asustado— sin saber qué esperar, y la giré. Era una fotografía de una compañera de la secundaria. Fechada el 19 de marzo del 200X.
Por respeto a ella no voy a subir su foto sin pixelear. Se parece un poco a Anna Frank, ahora que lo pienso. Me hizo pensar en muchas otras cosas más.
Primero, su sonrisa. Su sonrisa sosegada y recatada, no sin tintes de satisfacción: moderada. No una sonrisa de esas desbordantes. No. Pero sí suficiente. Suficiente para haberme escrito:
Para mi amiguito @tiempoydestino de tu amiga AXXX
Con mucho cariño
T.Q.M.
Never for get me
19 de Marzo 200X
¡Qué palabras! ¡Qué evocaciones de su alma profunda! Sincera amistad que trasciende el tiempo. Y el destino. Sí. Sí. Sí. Ella escribía de este mismo blog. Sin saberlo ella estaba aquí entre nosotros. Sí, entre tú y yo. Ella está aquí. Hoy. Su alma voló hasta este momento, vislumbró que estarías leyendo esto y ella con sus pequeñas manos con uñas rositas apuñó su pluma Bic de color radiante morado inspirada por visiones de futuros perdidos, y así, escribió. Y escribió y escribió y escribió.
Sí, escribió. Porque seguramente yo no fui el único que recibió una fotito como esta. No recuerdo por qué las regaló. Supongo que eran costumbres antiguas perdidas en el tiempo. Seguramente fue por su cumpleaños, aunque no recuerdo haber sido invitado a su fiesta. O quizá fue porque eran los últimos días que estuvimos en el mismo grupo porque nos graduariamos de la secundaria en ese mismo año.
Analicemos el selecto y bien escogido léxico que empleó mi estimada compañera.
El diminutivo: "amiguito". Era su amiguito. Yo. Pero para hablar de sí misma ella se presenta como "amiga". Amiga y amiguito. Caminando juntos en una dicotomía pero a la vez ligada. Pero ¿por medio de qué vínculo? ¿Qué era aquello? ¿Cariño? ¿Ternura? O quizá ¿Condescendencia?
Estoy leyendo demasiado a fondo. Vayamos a lo que dice literalmente: Con mucho cariño. No cariño. Sino mucho cariño. Al parecer había una amistad entre ella y yo. Pero no recuerdo mucho de esto. Solo recuerdo unas vagas sonrisas que me compartió al pedirme un sacapuntas o quizá una pluma. También recuerdo que ella estaba del otro lado del salón y —yo cuando me aburría (sí, lo admiro aquí delante de ustedes, estimados)— me la pasaba viéndola. Contemplándola. Sin que ella supiera. Me gustaba. Y yo creo que por eso guardé la foto. Pero esto lo había olvidado por completo hasta ahora que trato de recordar aquella época.
Recuerdo sus rasgos semitas, sus párpados oscurecidos de tanto soñar, su nariz un tanto encorvada como aquella mujer árabe que sobrevivió contando cuentos noche tras noche.
Sí, es ella, su descendiente al menos, su encarnación. Ella frente la cobija morada que sus padres pusieron seguramente (en contra de los deseos de ella) para evitar que se viera el desastre de su sala. Ellos escogieron la más soñadora, perfecta para este blog, perfecta para recordar, la luna y las estrellas, y ¿no son ellas la cobija también de la inspiración? ¿No es la noche tu musa como lo es la mía? Les digo, ella —su espíritu— sabía que sería inmortalizada en este momento en letras y pensamientos.
Pero avancemos. El acrónimo T. Q. M. no es otra cosa más que la expresión más sutil de eufemismo de expresión de cariño, como querer esconder bajo una sábanas lo que es una invitación al amor sin querer invitar a nada: te quiero mucho. Tan inocente, tan inocuo, lanzar un T. Q. M. como decir te quiero sin jamás haberlo dicho. Sin embargo no olvidemos el apéndice que cuelga de este símbolo de confusión: el mucho. Esta pudo haber sido la confesión de amor que yo jamás vi y que pasé por alto. O quizá un gesto de simple amistad. O quizá solamente por compromiso por cerrar el mensaje, por obligación. He aquí la bomba semantica de tiempo que bien podría ser un señuelo que conlleva el elegante y nefasto T.Q.M.
Sin embargo —aquí viend el más grande de los más grandes peros— este pero se erige como señal de advertencia a los más audaces de los marineros, y avisa que gire el mástil a la derecha sin parar, aquí cambia el tren de ideas que pudo haber terminado como una explicación demasiado profunda de este mensaje, no, esto no fue en vano, porque mi intuición se guío hasta aquí por esta luz que brillaba al final de este mensaje:
Never for get me.
(Disculpen el inglés de mi compañera: no es "for get", sino "forget". Lo otro significa literalmente "para obtener". En fin, no importa).
Esa frase no es común para cerrar un mensaje por obligación. Si habría sido por obligación, ya se habría acabado con la frase anterior. Era el perfecto cierre. Pero no, usó aún más tinta, aún más esfuerzo por profundizar en el fondo de su alma y jalar de su inspiración una idea que pudo conjeturar en un inglés que representaba algo que no quería decir en español. Tal vez en español le sonaba muy fuerte: nunca me olvides. Quizá lo quiso hacer sonar más disuelto porque no lo sentía tan fuerte ese deseo de nunca ser olvidada por mí. O quizá le daba pena hacer una petición tan fuerte.
¿Ahora sí ya están convencidos de que ella escribía para ser inmortalizada para siempre en este blog?
Nunca: evoca el tiempo, que nunca llega o que no se quiere que se alcance (he ahí un destino).
Me: ella, su bella persona.
Olvides: el destino final de muchas ideas.
Y juntos:
Nunca me olvides: yo y mi nostalgia.
Esa petición es la que me hacen todos mis fantasmas, quieren ser plasmados en letras y vivir aquí para siempre. Ella pertenece aquí. Le dejo este lugar privilegiado, querida AXXX, he aquí tu post. Solo tuyo.
Lamentablemente, querida amiga, tu amiguito no lo logró, porque sí te olvidó por completo. Hasta ahora. Y ahora sí, no sé si lo que escribiste lo pensaste en un golpe de prisa por querer terminar un pequeño obsequio insignificante y escribiste cualquier cosa o, por el contrario, realmente sí me querías mucho y no querías que nunca te olvidara y tus palabras tenian tanto peso como todo ese cariño que siempre me escondiste. Nunca lo sabré. Y no importa ya.
Todo eso ya quedó enterrado en un lejano pasado, y ahora lo guardaré en ese lugar privilegiado que es mi nostalgia. Y ahora ya no te olvidaré.
(Querida lectora, querido lector, gracias por leer hasta aquí).















