Ayer te vi, en la caricia de un desconocido. No en su rostro, ni en su cuerpo, solo en sus manos cuando suavemente deslizaba los dedos en el brazo de su enamorada, y jugaba a la escritura en su piel. Por un momento sonreí pensando que eras tú, y te necesite por ese instante para sentirte nuevamente, y no dar por tardío nuestro amor.
Anoche te pensé, antes de dormir, creyendo que gustosamente en mi sueño te vería, pero no fue así…
Es curioso pero mañana espero verte, y en el próximo mañana, para sentirte para sentirme, y para creer que en nuestra pasión, un día nos conoceremos plenamente.
Hoy solamente espero tu llegada al mismo puerto donde hay que dar tiempo al tiempo, en las mismas fechas del año, con tus mismas ansias y mis ganas de seguirnos enamorando. Para que en una de tantas ya no seas mi amorío transeúnte, mi viajero seductor y momentáneo que llega por las tardes o las noches, y se despide sutilmente el día siguiente con un beso en la frente, prometiendo volver en cada estación con un presente, un deseo ferviente, un lirio, o un buque de rosas que te acompañan para contarme la romántica o piadosa quimera de cuanto me extrañas cada día.
Y aun con la distancia y el tiempo, se que volverás. Y aunque quisiera prometerte y que así fuese, preciento que un día de estos yo arribare, para darme la libertad de querer como tú lo haces, solo que yo no volveré. No queda más que exponer, sino que mientras tú, yo, y mientras yo, tu, y juntos los dos uno solo en el momento que la vida nos permite existir amándonos.
Si, ayer te vi, en la caricia de un desconocido, hoy solo quiero verme en la calidez tus ojos.