Araucaria
El tiempo transcurre diferente cuando andas en bicicleta. Uno capta con detalle todo lo que pasa alrededor, y cada fragmento de tiempo es un acontecimiento más vívido. No se descarta que la razón es que tienes que estar concentrado para no morir a causa de una piedrecilla que haga que te desvíes y caigas desde el puente Aranda. O, ¿Alguna vez no has sentido miedo de que haya una especie de error en la realidad que te haga invisible por un momento? Bueno a mi si me ha pasado mientras ando en bicicleta o cruzo una calle, si eres un conductor de bus y estás mal de tiempo y además ebrio de vive cien-touninfarto no te fijarías en gente invisible que ande desprevenida por ahí…
Aunque no queramos el miedo a morir nos acompaña... hasta que sucede, y si no es así en verdad los felicito, los invito a una excursión por las zonas desconocidas de ama-zonas.
Ciertamente se puede llegar al exceso del miedo, y a veces es lo que nos encadena al suelo. Permitámonos hacer cosas que nos hagan ser conscientes del presente, como andar en bicicleta o tocar guitarra en un avión; no he hecho esto último, pero es uno de esos sueños raros que todos tenemos. Los cilantros han estado más constantes. Ya se siente su aroma en el ambiente, y ha cambiado porque ahora nuestro estilo es distinto y yo decidí tocar bajo y cantar. La última vez estuvimos tocando en un bar llamado bar del Rey de oro, cuando llegamos el profesor guitarriclita estaba enfurecido porque el baterista Yerba buena, unos momentos antes del concierto, nos llamó para contarnos que su familia se había enterado que pertenecía a los cilantros, y no les gustaba la idea de involucrarse con otro tipo de condimentos. Cuando entramos al bar un sujeto con disfraz de mayordomo nos hizo llenar una planilla, y luego pasamos por unas grandes puertas.
- ¿Qué es este lugar? Rrww- dijo el profesor guitarriclita.
- No lo sé- dije anonadado- Espero que la cerveza se barata.
Yerba buena estaba dentro y nos dijo que se había escapado. Logró llegar a tiempo para saber cuándo íbamos a tocar. Fue un gran alivio ver a la banda completa. Ese día abrimos el concierto. Y como el nuevo guitarrista, llevaba consigo unos pedales de guitarra que emitían sonidos distintos, teníamos una gran expectativa. Había bastante gente y se notaba que todos eran amantes de la música. Gran parte del público eran las bandas que iban a tocar después de nosotros.
Las sillas eran doradas y de madera, y había candelabros como si se tratara de la sala de un castillo. Pasamos por un tapete rojo hacia el escenario acompañados del mayordomo que resultó ser el mismo ingeniero de sonido que nos iba a ecualizar mientras tocábamos.
Cuando nos conectamos las personas estaban ansiosas por escuchar buena música. Sonó el primer arpegio del descubrimiento de los colores, y entró toda la banda con un potente sonido del bajo y el bombo. Siempre solemos iniciar con el descubrimiento de los colores, su instrumental te lleva a viajar por Colombia, pero llevando en el equipaje la esencia de todo el mundo.
El nuevo guitarrista encajó increíblemente con el sonido de toda la banda, sus reverberaciones y solos psicodélicos le dieron más sabor a Materia gris y llevaron a Paramo a una montaña más alta. Cuando llegamos al final de la presentación la gente pedía a gritos que tocáramos otra canción, por lo que un sujeto con una corona y túnica roja pasó al frente…
-Os ruego que me perdonen, pero el itinerario de este evento ya estaba previsto desde hace décadas, por lo que los caballeros Cilantros no podrán tocar otra canción.
- ¡Queremos más Cilantros! ¡Queremos más Cilantros! ...- gritaba la gente.
-Está bien, como soy un monarca benévolo dejaré que los cilantros toquen una obra más de su repertorio, yo me retiro para que dediquéis vuestras horas a este espectáculo.
Entonces tocamos nuestra última canción 10:15 Satuday night de the Cure, y el pueblo estaba contento, digo las personas.
Salimos muy entusiasmados por cómo estaba sonando la banda
-Hoy no eructó en el micrófono, profesor Guitarriclita- dije sonriendo irónicamente
-También le fue bien, Dónicus- dijo él
- Chicos la pasé bueno espero que el próximo sea pronto –comentó el nuevo guitarrista
- ¿cómo es que es su nombre?- dijo el profesor Guitarriclita
- Moody, es como me han llamado desde que tengo memoria, significa temperamental.
-Su nombre no encaja con su personalidad –dijo Guitarriclita riéndose entre dientes.
Moody es cineasta, llego a Los cilantros por Yerba buena, ya que alguna vez fue actor y Moody grababa cine para plantas.
Esa noche en camino a la cilantrocueva el viento estaba violento. Sonaban los árboles como susurros de fantasmas y una llovizna helada empujaba nuestras espaldas como echándonos del palacio del que acabábamos de salir. Cargábamos con nuestros instrumentos así que no podíamos andar más veloz.
- ¿Si ven hacia la derecha? – les grite por encima del ventarrón – Podemos ir hacia allá, para no mojarnos tanto.
Entonces me siguieron, los arboles nos cubrieron un poco pero aun así ya estábamos empapados y con frio. Miraba hacia arriba. Las copas de los arboles contrastaban con el reflejo de las nubes, iluminadas por las luces de la ciudad. Me distraje tanto que me alejé de los demás y fue cuando alguien me agarró del brazo, esperaba voltear y ver a alguien, pero no era alguien en realidad. Era un árbol y una de sus ramas estaba enredada en mi brazo. ¿Cómo? En ese momento estaba paralizado. La rama me apretó más fuerte y me alzó hacia arriba en una fracción de segundo, estando al borde del desmayo golpeé la rama que me tenía atenazado, pero fue inútil.
- Suéltame – dije extrañándome de hablar con un árbol.
- No tengas miedo- dijo una voz susurrante desde dentro del árbol- Soy yo Araucaria
-No te conozco, suéltame por favor- grité
- Si me conoces, he visitado tus sueños a veces, tienes una mente parecida a la de los árboles.
Silencio. El viento soplaba, pero esta vez más tranquilo. Entonces abrasé a aquel árbol a partir de un impulso que provino de lo más profundo. Como movido por el mismo caos del mundo. Yo estaba conectado a sus raíces; sus hojas mueren y renacen, pero siguen siendo parte de sólo una cosa y un instante que está sucediendo y este pensamiento ha estado conmigo desde siempre. En mis sueños, y en la mente durmiente de todos los seres.
-El rey de Oro era consciente de la profecía, tenía que encontrarte hoy. Así como cuando andas en bicicleta y percibes el tiempo diferente, también nosotros los arboles lo hacemos, pero de una manera más radical. Esto que estoy diciendo, lo estoy diciendo muy lento en realidad; cincuenta veces más lento de como hablaría normalmente. Por eso los susurros de los árboles son imperceptibles al oído del ser humano. No hemos querido aparecer, porque sabemos las implicaciones que habrían, ustedes mismos deben darse cuenta del caos que han generado en éste, el único mundo que conocemos en que el universo puede ser testigo de sí mismo.
-No sé si estaré soñando, pero te recuerdo, no te recordaba hace un momento. La memoria de los sueños está oculta, como ensombrecida por otra realidad igual de importante, dos realidades que se olvidan mutuamente.
-Sí, no tengo mucho tiempo, tiempo humano no. Entonces entraré a tu inconsciente, así podrás viajar conmigo y el tiempo que tardaré será un mes en tiempo de árbol, pero 20 minutos en tiempo de humano. Solo te voy a acariciar la oreja con una de mis ramas, no dolerá lo prometo.
Entonces caí en un trance y luego desperté en selvas y bosques de todo el mundo, veía los paisajes a través de los árboles y ellos me hablaban de sus deseos más profundos, de ver funcionar al planeta con nosotros, pero en armonía, sin echar a perder este tesoro en el que habitamos, quizás -Dónicus, ¿Qué sucedió? estábamos preocupados, donde carajos estaba.
-No lo sé no recuerdo, creo que me desmayé o algo así.
-Vaya al médico Cilantro, no vaya a ser que se desmaye en la mitad de la calle- dijo Yerba buena.
-Lo consideraré- dije rascándome los ojos.
En el transcurso del camino, recordé ese acontecimiento extraño con Araucaria, y hasta el día de hoy quisiera creer que fue real.









