a mí me mueve el aire
En botánica, se denomina anemocoria a la utilización que hacen las plantas del viento para dispersar sus semillas y otros propágulos, a los que dotan de alas o de vilanos. En ocasiones, dando vueltas, se desplaza por anemocoria la planta desarraigada entera.
‘Las sámaras de arce viven en un país fronterizo poco conocido entre la aerodinámica de los objetos grandes y rápidos como los coches y los aviones, y la aerodinámica de los objetos minúsculos y lentos como las motas de polvo. Los aviones perciben su entorno como relativamente libre de fricción, pero las partículas de polvo son tan pequeñas que la fricción es lo único que son capaces de percibir. En otras palabras, a medida que un objeto se empequeñece, su mundo llega a parecerse a un tarro de melaza fría: es difícil atravesarlo a nado, pero a cambio es fácil flotar en él. El tamaño y la velocidad de las sámaras las conservan en jarabe de arce de baja calidad, quizá apropiadamente. Los ingenieros han demostrado que ese aire espeso como el jarabe forma un remolino encima del borde anterior de una pala rotatoria. Ese vórtice en miniatura aspira la superficie superior de la sámara giratoria y ralentiza así su descenso.
Las consecuencias aerodinámicas de la variedad de formas de sámara de arce son difíciles de valorar. [...]
El viento en el bosque es una confusión de torbellinos y ráfagas. A mí las formas de las sámaras me parecen una encarnación botánica de la complejidad del viento: un ala para cada remolino y una curva para cada racha. Esa diversidad de formas biológicas no se limita a las sámaras, sino que es un motivo general del bosque.’
H.G. David, En un metro de bosque, págs. 270-71
biomimicry
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