I give tf up, look at all these ladies (and Anko)???


#dc comics#dc#batman#dick grayson#bruce wayne#dc universe#batfam#batfamily#dc fanart#tim drake



seen from Poland
seen from New Zealand
seen from China
seen from United States
seen from Malaysia

seen from Poland
seen from United States
seen from Switzerland
seen from Switzerland

seen from Netherlands
seen from Vietnam
seen from Canada

seen from Switzerland
seen from China
seen from Switzerland

seen from Switzerland
seen from Philippines
seen from United States
seen from Uruguay
seen from India
I give tf up, look at all these ladies (and Anko)???
Ebisu: I have a problem Kakashi: hmm Ebisu: Aoba is... submissive Kakashi: hm Ebisu: And I also like... receiving Kakashi: Mhm Ebisu: And, uh, we're having issues on that front Kakashi: Take turns Ebisu: Take- Take turns?? Kakashi: Rock paper scissors- Winner goes first Ebisu: Kakashi: I gave you my advice, stop staring Ebisu: ...I see why Gai likes you so much
dios me da la inspo pero el capitalismo me saca el tiempo. Dibujo a medio cocinar.
Aobisu, yasss
(✿◡‿◡)(´▽`ʃ♡ƪ)(●ˇ∀ˇ●)
Secreto
El vapor del té verde se elevaba en espirales perezosas, mezclándose con el aire húmedo de una tarde lluviosa en Konoha. La casa de té "El Loto Blanco" no era la más popular de la villa, lo cual era precisamente la razón por la que Ebisu la había elegido. Estaba situada en un callejón discreto, lejos de las rutas habituales de los Genin chismosos y, sobre todo, lejos de la mirada inquisitiva de los padres de sus alumnos. Odiaría conseguirselos.
Ebisu, el Tokubetsu Jōnin especialista en formación de élite, estaba con la espalda tan recta que parecía que se había sentado en un kunai. Sus gafas oscuras reflejaban la entrada del local, y sus dedos tamborileaban un ritmo nervioso sobre la mesa de madera barnizada.
—Vas a hacer un agujero en la mesa si sigues así, y tus músculos no te dejarán dormir si no te relajas, Ebisu —dijo una voz tranquila frente a él.
Aoba Yamashiro estaba recostado en su asiento con una negligencia que a Ebisu le resultaba, a partes iguales, irritante y fascinante. El especialista en inteligencia tenía esa aura de calma perpetua, como si el mundo pudiera estar ardiendo y él simplemente estuviera ahí para analizar la temperatura de las llamas.
—No estoy tenso —replicó Ebisu en un susurro sibilante, ajustándose las gafas—. Estoy alerta. La vigilancia constante es la marca de un shinobi competente, Aoba. Deberías saberlo.
—Estamos tomando té, Ebi- —¡No me llames así! No aquí... Por favor.
—¡Ash! No estamos en una misión de rango S en la fronteras que limitan con la Lluvia. E-bi-su.
—¡Baja la voz! —Ebisu miró frenéticamente a su alrededor. El local estaba casi vacío, salvo por una anciana medio dormida en la esquina y el dueño limpiando la barra—. Alguien podría malinterpretar nuestra... Asociación.
Aoba sonrió. Era una sonrisa pequeña, casi imperceptible, que suavizaba las líneas de su rostro. Llevaba sus propias gafas oscuras, lo que hacía difícil leer sus ojos, y su sentir por el comportamiento de su compañero de mesa, pero Ebisu conocía esa inclinación de cabeza. Aoba se estaba divirtiendo. A costa de él.
—¿Nuestra asociación? —Aoba tomó un sorbo de su taza, saboreando el momento—. Si alguien pregunta, estamos discutiendo... ¿Qué era? ¿Estrategias de optimización de chakra para unidades de largo alcance?
—Exactamente —asintió Ebisu con vehemencia, cruzándose de brazos—. Es un intercambio profesional de conocimientos pedagógicos y tácticos. Nada más. Es vital para el desarrollo de las futuras generaciones de Konoha.
Aoba dejó la taza sobre la mesa con un suave clic. Luego, con un movimiento fluido, estiró la mano sobre la mesa. Ebisu se congeló. Vio la mano de Aoba acercarse, esos dedos largos y callosos por el uso de kunais, acercándose peligrosamente a la suya.
El corazón de Ebisu dio un vuelco violento contra sus costillas. ¿Aquí? ¿En público? ¿Se ha vuelto loco?
Justo cuando los dedos de Aoba rozaron el dorso de la mano de Ebisu, la puerta del local se abrió con un chirrido.
Ebisu retiró la mano como si la mesa estuviera hecha de lava ardiente. Se llevó la mano a la barbilla, adoptando una pose pensativa y exagerada.
—¡Y es por eso que la teoría del flujo de chakra debe ser revisada en el tercer año de academia! —exclamó Ebisu con una voz un poco más aguda de lo normal.
Aoba parpadeó, retirando su mano lentamente para rascarse la nuca, disimulando una risa. Quien había entrado no era más que un repartidor de arroz, que ni siquiera los miró.
—Eres increíble, ¿Lo sabías? —murmuró Aoba, negando con la cabeza.
—La precaución es la madre de la seguridad —sentenció Ebisu, aunque sentía las orejas arder bajo su bandana—. Ya hemos terminado el té. Deberíamos... deberíamos movernos. Este lugar está empezando a llenarse.
Había tres personas en total... Demasiado para el gusto del más nervioso de los dos.
—Claro —concedió Aoba, dejando unas monedas sobre la mesa—. ¿A tu casa o a la mía? Para... continuar con el informe táctico, por supuesto.
Ebisu tragó saliva. El estaba preparado para escuchar algo más atrevido por parte de su... Compañero. Igualmente, los escalofríos de la implicación de estar a solas con él no se hicieron esperar. —La tuya. Genma... Él amenazó con pasar por mi apartamento hoy para devolverme un libro, y si nos ve juntos empezará a hacer esas... Insinuaciones que... Sabes que no soporto. Hoy no tengo la fortaleza mental para lidiar con Shiranui. —Como quieras—Escondiendo una leve sonrisa que no pudo contener Aoba, por sentirse satisfecho por como iban escalando las cosas.
***
El camino hacia el apartamento de Aoba fue un ejercicio de autocontrol para Ebisu. Caminaban juntos, hombro con hombro, bajo la llovizna que empezaba a arreciar. Para cualquier observador, eran dos Jōnin compañeros regresando de sus deberes.
Pero Ebisu era hiperconsciente de cada roce accidental de sus brazos. Oía la respiración de Aoba a su lado, rítmica y calmada. Aoba tenía las manos en los bolsillos, caminando con ese paso largo y despreocupado. Ebisu, por el contrario, caminaba con precisión militar, escaneando los tejados.
—Relájate —dijo Aoba sin mirarlo, mirando al frente— Nadie nos está siguiendo. Ni siquiera mis cuervos.
—No se trata de que nos sigan, Aoba. Se trata del decoro. De la imagen. Soy un mentor de élite. Si se supiera que yo... que nosotros... —Ebisu no pudo terminar la frase. La palabra se atascaba en su garganta, bloqueada por años de represión y miedo al juicio ajeno.
—Que nosotros somos dos hombres adultos que disfrutan de la compañía del otro —completó Aoba con suavidad.
—Es... complicado —murmuró Ebisu, bajando la mirada.
Llegaron al complejo de apartamentos de los Jōnin. Aoba vivía en el tercer piso. Subieron las escaleras en silencio. Solo cuando Aoba abrió la puerta, entraron y el cerrojo se deslizó con un clack definitivo, los hombros de Ebisu bajaron tres centímetros.
El apartamento de Aoba olía a incienso suave y a papel viejo. Estaba ordenado, pero de una manera vivida, con pergaminos apilados en una esquina y una planta que necesitaba agua cerca de la ventana.
—Bienvenido a la base de operaciones encubierta —bromeó Aoba, quitándose el chaleco táctico y colgándolo en el perchero.
Ebisu suspiró, quitándose sus sandalias ninja y alineándolas perfectamente junto a la entrada. Ver las sandalias de los dos en el mismo lugar... Uno al lado de otro, le hacían sentir calor de una forma que extrañaba. —Tus bromas son tan secas, sin gracia, como siempre, Yamashiro.
—Y tú? Tan gruñón como siempre, Ebisu.
Aoba se giró. Ya no había nadie más. No había camareros, ni Genin, ni aldeanos, ni siquiera Genma o Gai. Solo ellos dos y el sonido de la lluvia golpeando el cristal.
La atmósfera cambió instantáneamente. La rigidez de Ebisu se derritió, reemplazada por una vulnerabilidad que solo mostraba entre estas cuatro paredes.
Aoba se acercó a él. Esta vez, Ebisu no retrocedió. Aoba levantó las manos y, con una delicadeza infinita, retiró las gafas oscuras de Ebisu. Luego, sus dedos fueron al nudo de la bandana de este y...
—Aoba... —susurró Ebisu, cerrando los ojos.
—Shh. Estamos en una misión, ¿recuerdas? —susurró Aoba, desatando la tela y dejándola caer sobre el mueble de la entrada—. Misión de relajación nivel S.
Sin las gafas y la bandana, Ebisu parecía más joven, más suave. Sus ojos oscuros, habitualmente escondidos, miraban a Aoba con una mezcla de devoción y miedo. Aoba se quitó sus propias gafas, revelando una mirada cálida y paciente.
—¿Mejor? —preguntó Aoba.
—Un poco —admitió Ebisu.
Aoba lo envolvió en un abrazo. No fue un abrazo apasionado ni urgente, sino un abrazo de anclaje. Aoba era sólido, cálido y olía a lluvia y a jabón neutro. Ebisu hundió la cara en el cuello de Aoba, inhalando profundamente. Por primera vez en todo el día, su mente dejó de calcular probabilidades y de preocuparse por el "qué dirán".
—Odio tener que esconderme —murmuró Ebisu contra la piel de Aoba, su voz amortiguada—. Odio tener que saltar cada vez que alguien entra en la habitación. Me hace sentir... cobarde.
Aoba le acarició la espalda, trazando círculos lentos sobre la tela de su camiseta de malla. —No eres un cobarde, Ebi. Eres un hombre que valora su privacidad y su carrera. Y yo respeto eso. No necesito que grites mi nombre desde la Roca Hokage. Me basta con esto.
Ebisu se separó un poco para mirarlo a los ojos. —¿De verdad? ¿No te molesta? Sé que Gai grita sobre su juventud y sus pasiones a los cuatro vientos. Yo... yo no puedo ser así.
Aoba soltó una risa suave. —Gracias a los dioses que no eres como Gai. No creo que pudiera soportar a dos personas gritando sobre la "Llama de la Juventud" en mi vida. Me gustas tú. Me gusta tu seriedad, tu dedicación obsesiva, incluso me gusta lo neurótico que te pones cuando crees que has cometido un error gramatical en un informe.
Las mejillas de Ebisu se tiñeron de un rojo furioso. —La gramática es la base de la comunicación civilizada, Aoba. No es algo para tomarse a la ligera.
—Lo sé, lo sé —Aoba se inclinó y besó suavemente la frente de Ebisu, luego la punta de su nariz, y finalmente, sus labios.
El beso fue lento, casto al principio, pero se profundizó cuando Ebisu suspiró y abrió la boca, invitando a Aoba a entrar. Había una desesperación contenida en la forma en que Ebisu se aferraba a los hombros de Aoba, como si temiera que si lo soltaba, la realidad del mundo exterior volvería a invadir su santuario.
Aoba respondió con paciencia, sus manos bajando hasta la cintura de Ebisu, atrayéndolo más cerca, eliminando cualquier espacio entre sus cuerpos. Se besaron hasta que les faltó el aire, hasta que el sonido de la lluvia fuera fue solo un ruido de fondo lejano.
Cuando se separaron, Ebisu tenía los labios hinchados y los ojos brillantes. —Eso fue... aceptable —dijo, tratando de recuperar su compostura habitual, aunque le temblaba la voz.
Aoba sonrió, apoyando su frente contra la de Ebisu. —¿Solo aceptable? Tendré que esforzarme más en el próximo entrenamiento.
—Tal vez —concedió Ebisu, permitiéndose una pequeña sonrisa—. ¿Tienes... tienes algo de comer? La ansiedad me da hambre.
—Hice estofado ayer. Está mejor hoy. Vamos.
Se dirigieron a la pequeña cocina. Mientras Aoba calentaba la comida, Ebisu se sentó en la mesa, observándolo. Ver a Aoba moverse en la cocina, con esa eficiencia tranquila, le provocaba un dolor dulce en el pecho.
—Aoba —llamó Ebisu.
—¿Mmm? —Aoba se giró, con un cucharón en la mano.
—Gracias.
—¿Por el estofado? Todavía no lo has probado.
—No. Por... —Ebisu hizo un gesto vago con la mano que abarcaba el apartamento, el silencio, la paciencia de Aoba—. Por entender el protocolo.
Aoba dejó el cucharón y se acercó a la mesa, apoyando las manos en ella e inclinándose hacia Ebisu. —El protocolo dice que te quiero, Ebisu. Y que me importa una mierda si nadie más lo sabe, siempre y cuando tú lo sepas.
Ebisu sintió que se le cerraba la garganta. Era demasiado. Aoba era demasiado bueno para él, demasiado comprensivo para un hombre tan complicado y lleno de miedos como él. Pero en lugar de huir, Ebisu hizo algo valiente.
Estiró la mano y agarró la de Aoba, entrelazando sus dedos con fuerza. —Yo también... yo también siento un gran afecto por ti, Aoba. Y... y valoro nuestra... compatibilidad.
Aoba soltó una carcajada genuina. —Eres un desastre romántico, Ebi.
—¡Soy un profesional! —protestó Ebisu, aunque no soltó la mano de Aoba.
—Sí, lo eres. Mi profesional favorito.
Cenaron juntos, con las rodillas tocándose bajo la mesa. Hablaron de cosas triviales, de misiones pasadas, de lo difícil que era enseñar a Konohamaru. No hubo grandes declaraciones públicas, ni paseos de la mano bajo la luna.
Más tarde, terminaron en el sofá. Aoba leía un libro sobre historia de los clanes, y Ebisu, agotado por la tensión del día, acabó recostando la cabeza en el hombro de Aoba.
—¿Estás cómodo? —preguntó Aoba en voz baja, pasando un brazo alrededor de los hombros de Ebisu.
—Es... adecuado —murmuró Ebisu, cerrando los ojos.
Aoba continuó leyendo, acariciando distraídamente el brazo de Ebisu.
Ebisu se sentía seguro. Sabía que mañana, cuando saliera el sol, volvería a ponerse las gafas oscuras, la bandana y su máscara de instructor severo. Si se cruzaban en la calle, se saludarían con un asentimiento formal. Si alguien preguntaba, diría que Aoba es solo un colega con el que a veces coordina misiones.
Diría: "Por supuesto que me gustan las mujeres, ¿Qué tipo de pregunta de mierda es esa?"
Pero ahora, en la penumbra del apartamento, con el calor de Aoba a su lado y el sonido de su corazón latiendo contra su oído, Ebisu sabía la verdad. Y sabía que Aoba también la sabía.
—Aoba... —murmuró Ebisu, ya medio dormido.
—¿Sí?
—La próxima vez... podemos ir a comer ramen. Pero a un puesto lejos. En las afueras. Donde no vaya nadie.
Aoba sonrió, besando la coronilla de su cabeza. —Es una cita. O mejor dicho... una misión de reconocimiento gastronómico de alto secreto.
—Idiota —susurró Ebisu, pero se acurrucó más cerca.
Y así, en el silencio de un apartamento cerrado al mundo, el secreto de Ebisu y Aoba permaneció a salvo, cálido y vivo, lejos de los juicios, existiendo solo para ellos dos. (Comisión para @toxaquepex por intercambió, espero que te guste amante de Aoba x Ebisu) (Estoy abierta a comisiones)
march 8th! its ebisus birthday yall 👑
WOE taezo doodles be upon ye (ft the cule and the boat arc gang)
kenchan from @itsgai <3