CANCIÓN DE LA MAÑANA EN EL HOTEL DE LA ESCALA
Bajo la repentina lluvia atroz sólo querías huir lejos dejar atrás la ciudad de pesares y buscar una región remota
Cuando abrazaba tus hombros mojados bajo el hediondo viento nocturno la ciudad se me figuraba un puerto cada lucecita de camarote prendiendo la añoranza de almas patéticas una inmensa sombra negra agazapada en el muelle
Dejando atrás los remordimientos empapados quería hacerme a la mar cargándote a las espaldas como un baúl pensé que teníamos que ir mar adentro el ronquido imperceptible de los cables eléctricos me parecía el zumbido que sobrevuela el océano
En nuestra alba un navío de acero singlando veloz tendría que haberse llevado nuestros destinos pero en fin los dos no fuimos a ninguna parte
Desde la ventana de nuestro hotel de mala muerte escupí a la cara de la ciudad amanecida agotados párpados pesados desplomándose como muros grises
Nuestras esperanzas y sueños efímeros hemos encerrado en un jarrón de cristal la punta quebrada del espigón se fundía en el agua podrida del jarro sólo quedaba una vaga falta de sueño residuo de un medicamento nauseabundo pero la lluvia de ayer seguía cayendo sobre el valle de inanes melancolías que se abría entre nuestros corazones desgarrados y nuestros cuerpos aún enfebrecidos
A nuestro dios ¿lo habríamos estrangulado en aquel lecho? tú piensas en mi responsabilidad y yo pienso en la tuya
Anudo la corbata floja del paciente con dispepsia crónica colocas tu rostrillo de buitre maquillado sobre tu espalda gibosa y nos sentamos a desayunar
Pelando el futuro pasado por agua de los huevos quebrados esbozas una sonrisa plena de cretinos misterios yo hinco el tenedor del odio y pongo la cara de quien rebañó el plato de un escandaloso adulterio burgués
La vista de la ventana está encuadrada en el marco ah quiero la lluvia las calles y la noche si no llega la noche ¿cómo podre abarcar como es debido el panorama completo de esta ciudad de tedio?
Saco por la ventana la cara ceñuda del ideólogo nacido entre las dos guerras del este y el oeste que fracasó en amores y revoluciones y sucumbió atrozmente
La ciudad está muerta el viento fresco de la mañana aplica una hoja fría a mi garganta liberada del cuello la sombra humana plantada junto a la zanja con los costados reventados me parece un lobo que no tendrá que aullar por la eternidad
Ayukawa Nobuo

















