"Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!"
Bartolomé Leandro de Argensola
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"Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!"
Bartolomé Leandro de Argensola
supositorios.
Qué habrá hecho el pobre culo que todo va a parar a él. ¡Vete a tomar por culo! ¡Métetelo en el culo! Solamente los supositorios de farmacia vienen por nuestro bien y con receta médica. Los supositorios que les propongo ahora son ‘suposiciones’ a propósito del coronavirus, helos aquí:
supositorio uno
Solo falta que las cadenas retransmitan, como se transmiten las campanadas de Fin de Año, los…
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Tió de Nadal a Argençola El propers dies 8 i 10 de desembre de 2017, a la desconeguda vila d’Argençola, a mig camí entre Igualada i Tàrrega, per l'autovia A-2, la que va a Lleida i és gratuïta, teniu una cita amb el tió de Nadal.
##oldstyle #madrid #alonsomartínez #argensola (en Calle De Argensola)
VIEJO BAJEL VARADO EN EL BAJÍO
Viejo bajel varado en el bajío bajo los leves velos de la bruma entre las tenues cintas de la espuma, ¡qué parecido es tu destino al mío!
Lenta la arena que derrama el río te sepulta. Lenta el agua te acuna y pasa. Y pasa alta la fortuna, ave hacia el sur, dejándote en el frío.
Viejo bajel, acaso la tormenta piadosamente te desguace un día y el oleaje esparza tu osamenta.
Tal vez tu tablazón en la ribera hoy arde ya y algún cuerpo calienta. ¡Quizá mi corazón también ardiera!
*
bajel. Del catalán vaixell. Antigua embarcación de considerables dimensiones, generalmente de vela. Bajel pirata, el de Espronceda. Vaixell de Grècia, el de Lluís Llach, canción de I si canto trist (1973) que se anticipa a lo será su Viatge a Ítaca (1975). La vida como navegación o naufragio es alegoría que viene de Horacio (siglo I, a.C.), quien comparó la república romana con una nave a punto de naufragar. La idea se hizo tópico durante el siglo de oro, Fray Luis entre nosotros. La conquista de América había normalizado la navegación de altura ante la navegación costera usual hasta entonces. Moralistas como Quevedo o Argensola, o crispados como Lope de Vega, asociaron navegar con peligro y ambición y aconsejan al alma cristiana no perder el buen puerto seguro donde estaba la salvación, otro tópico, el beatus ille en su vida retirada. El mar ya era el morir en Manrique y “también se muere el mar” fueron palabras finales de Lorca al tercero de los cuatro llantos por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Cuerpo presente. De barcos y embarcados célebres trataron Lord Byron, Herman Melville (Moby Dick) o Edgar Allan Poe (La narración de Arthur Gordon Pym), junto al embarcado en tierra que fue el marinero de Rafael Alberti. Bajeles varados hay muchos en la reciente literatura; unos, en la tristeza; otros, en Manhattan. El bajel varado de Jorge Carlos Burgos nos recuerda a la Pobre barquilla mía de Lope de Vega y es un bajel varado en río que podría ser el Guadalquivir. Jorge Carlos Burgos es conocido por su libro de poemas Metamorfosis con pérdida de alas que, dentro de la colección Genil, otro río, publicó la Diputación de Granada en 1985. Viejo bajel, soneto posterior a aquel libro o descartado, llegó a Daniel Lebrato en folio mecanografiado cedido por el propio autor. Fue en el Instituto Martínez Montañés, un día del curso 2006‑7, donde los dos servíamos como profesores. Como curiosidad, Metamorfosis con pérdida de alas, número 26 de Genil, fue detrás de Mitología personal de José Antonio Moreno Jurado. No siempre cuando se dice Dios los cría, se dice por vía de mal o de torpeza, sino por todo lo contrario.
Lope de Vega POBRE BARQUILLA MÍA
Pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada, y entre las olas sola:
¿Adónde vas perdida? ¿Adónde, di, te engolfas? Que no hay deseos cuerdos con esperanzas locas.
Como las altas naves te apartas animosa de la vecina tierra, y al fiero mar te arrojas.
Igual en las fortunas, mayor en las congojas, pequeño en las defensas, incitas a las ondas.
Advierte que te llevan a dar entre las rocas de la soberbia envidia, naufragio de las honras.
Cuando por las riberas andabas costa a costa, nunca del mar temiste las iras procelosas.
Segura navegabas; que por la tierra propia nunca el peligro es mucho adonde el agua es poca.
Verdad es que en la patria no es la virtud dichosa, ni se estimó la perla hasta dejar la concha.
Dirás que muchas barcas con el favor en popa, saliendo desdichadas, volvieron venturosas.
No mires los ejemplos de las que van y tornan, que a muchas ha perdido la dicha de las otras.
Para los altos mares no llevas cautelosa ni velas de mentiras, ni remos de lisonjas.
¿Quién te engañó, barquilla? Vuelve, vuelve la proa, que presumir de nave fortunas ocasiona.
¿Qué jarcias te entretejen? ¿Qué ricas banderolas azote son del viento y de las aguas sombra?
¿En qué gabia descubres del árbol alta copa, la tierra en perspectiva, del mar incultas orlas?
¿En qué celajes fundas que es bien echar la sonda, cuando, perdido el rumbo, erraste la derrota?
Si te sepulta arena, ¿qué sirve fama heroica? Que nunca desdichados sus pensamientos logran.
¿Qué importa que te ciñan ramas verdes o rojas, que en selvas de corales salado césped brota?
Laureles de la orilla solamente coronan navíos de alto borde que jarcias de oro adornan.
No quieras que yo sea por tu soberbia pompa faetonte de barqueros, que los laureles lloran.
Pasaron ya los tiempos cuando, lamiendo rosas, el céfiro bullía y suspiraba aromas.
Ya fieros huracanes tan arrogantes soplan, que, salpicando estrellas, del sol la frente mojan.
Ya los valientes rayos de la vulcana forja, en vez de torres altas, abrasan pobres chozas.
Contenta con tus redes, a la playa arenosa mojado me sacabas; pero vivo, ¿qué importa?
Cuando de rojo nácar se afeitaba la aurora, más peces te llenaban que ella lloraba aljófar.
Al bello sol que adoro, enjuta ya la ropa, nos daba una cabaña la cama de sus hojas.
Esposo me llamaba, yo la llamaba esposa, parándose de envidia la celestial antorcha.
Sin pleito, sin disgusto, la muerte nos divorcia: ¡Ay de la pobre barca que en lágrimas se ahoga!
Quedad sobre el arena, inútiles escotas; que no ha menester velas quien a su bien no torna.
Si con eternas plantas las fijas luces doras, ¡oh dueño de mi barca!, y en dulce paz reposas,
merezca que le pidas al bien que eterno gozas que adonde estás me lleve más pura y más hermosa.
Mi honesto amor te obligue; que no es digna vitoria para quejas humanas ser las deidades sordas.
Mas ¡ay, que no me escuchas! Pero la vida es corta: viviendo, todo falta; muriendo, todo sobra.
Quevedo Muestra en oportuna alegoría la seguridad del estado pobre y el riesgo del poderoso.
¿Ves esa choza pobre que, en la orilla, con bien unidas pajas, burla al Noto? ¿Ves el horrendo y líquido alboroto, donde agoniza poderosa quilla?
¿No ves la turba ronca y amarilla desconfiar de la arte y del piloto, a quien, si el parasismo acuerda el voto, la muerte los semblantes amancilla?
Pues eso ves en mí, que, retirado a la serena paz de mi cabaña, más quiero verme pobre que anegado.
Y miro, libre, naufragar la saña del poder cauteloso, que, engañado, tormenta vive cuando alegre engaña.
Horacio, Odas, I, 14, A la república. ¡Oh nave!, ¿vuelves a lanzarte a los peligros de las olas? ¿Qué haces? Apresúrate a ganar el puerto. ¿No ves tu costado desprovisto de remos, rotas tus antenas y tu mástil quebrantado por la violencia del Ábrego, y que sin cables ningún bajel es capaz de resistir el imperioso oleaje? Tus velas están destrozadas, y los Númenes desoyen las súplicas que en tu angustia les diriges.
Odas de Horacio. Traducidas en verso castellano por Fray Luis de León. Oda 14. Libro I. O navis.
OH NAVE
¿Tornarás por ventura A ser de nuevas olas, nao, llevada? ¿A probar la ventura Del mar, que tanto tienes ya probada? ¡Oh!, que es gran desconcierto, ¡Oh!, toma ya seguro estable puerto.
¿No ves desnudo el lado De remos? ¿Y cuál crujen las antenas? Y el mástil quebrantado Del ábrego ligero? ¿Y cómo apenas Podrás ser poderosa De contrastar así la mar furiosa?
No tienes vela sana, Ni dioses a quien llames en tu amparo, Aunque te precies vana Mente de tu linaje y nombre claro, Y seas noble pino, Hijo de noble selva en el Euxino.
Del navío pintado Ninguna cosa fía el marinero, Que está experimentado, Y teme de la ola el golpe fiero: Pues guárdate con tiento, Si no es que quieres ser juego del viento.
Oh tú mi causadora Antes de congoja y de pesares, Y de deseo agora Y no poco cuidado, huye las mares Que corren peligrosas Entre las islas Cícladas hermosas.
ENLACES
–Jorge Burgos, Metamorfosis con pérdida de alas, disponible en el servidor Los oficios terrestres
enlace a Quevedo: A una nave nueva al entrar en el agua
enlace a Barcos de leyenda.
enlace a la canción Vaixell de Grècia de Lluís Llach
Dios los cría. Un soneto inédito de Jorge Carlos Burgos. VIEJO BAJEL VARADO EN EL BAJÍO Viejo bajel varado en el bajío bajo los leves velos de la bruma…
Historias y leyendas del Reino de Aragón
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Todos hemos visto montones de veces el escudo de Aragón, pero ¿sabéis lo que significa cada una de esas imágenes? Pues para descubrirlo os vamos a proponer un recorrido en el que nos vamos a mover entre la historia y la leyenda para descubrir qué hay detrás de los símbolos de Aragón, como el dragón, San Jorge y sobre todo el escudo. ¿Por qué los reyes de Aragón llevaban un casco con un dragón?…
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Mas, ¿qué mucho que yo perdido ande por un engaño tal, pues que sabemos que nos engaña así Naturaleza? Porque ese cielo azul que todos vemos ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza! Que tal vez los ojos nuestros se engañan, y representan tan diferentes objetos de lo que miran, que dejan burlada el alma. ¿Qué más razón, más verdad, más prueba que el cielo azul que miramos? ¿Habrá alguno que no crea vulgarmente que es zafiro que hermosos rayos ostenta? Pues ni es cielo ni es azul.
Ni es cielo ni es azul - Lupercio o Bartolomé Leonardo de Argensola