Argentina: un consenso para el abismo... El paquete de rescate propuesto para la Argentina emergió como la aplicación metódica de lo que la periodista Naomi Klein bautizó como «la doctrina del shock«... El vaciamiento programado de la Argentina parece haberse echado a andar siguiendo este guion al pie de la letra... Pareciera que el tiempo que resta hasta las elecciones está destinado a transcurrir en un estado de perpetua conmoción: noticias diseñadas para desestabilizar, fugas de capitales metódicas y previsibles, el retroceso persistente de bonos y acciones, el índice de riesgo país escalando como un termómetro de la desconfianza autoinfligida, y hasta la irrupción de candidatos con presuntas financiaciones de origen narco... con un objetivo preciso: debilitar cualquier atisbo de gobernabilidad y presentar el escenario postelectoral como un abismo inevitable... el umbral de una crisis devaluatoria y de gobernanza que evoca deliberadamente el fantasma de 2001, como si la historia no solo se repitiera, sino que fuera inducida a repetirse... todos están de acuerdo en el vaciamiento diario de las reservas, en un endeudamiento acelerado que hipoteca el futuro, y en la creación de una bomba de tiempo que estallará con toda su fuerza con posterioridad a las elecciones. Lo que se vive hoy, con la teoría del caos como marco, será recordado como un cuento de hadas comparado con el colapso que se avecina... Es un guion repetido hasta el cansancio: los mismos grupos económicos que, desde la última dictadura militar hasta la actualidad, han visto cómo los economistas del establishment, de uno u otro signo, se han dedicado a estatizar sus deudas privadas... si el día después de las elecciones el dólar se libera y se dispara, la narrativa ya está preparada. Dirán que estas empresas «no pueden pagar con ese tipo de cambio», y el Estado, una vez más, se hará cargo de sus obligaciones. La privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas, el mantra definitivo del capitalismo de amiguetes, se consumará otra vez (Alejandro Marcó del Pont)