“VOLANDO HACIA UN NUEVO AÑO”
-2025-
En el cálido verano en nuestra Provincia – Tucumán - siempre es bienvenida la lluvia que venga a restituir la humedad que se robaron los secos vientos del norte. Es el último día del mes de diciembre en donde las nubes se levantan y cae siempre un chaparrón. Un chubasco siempre modesto pero que alcanza para que las plantas gocen de un alivio y se asiente la tierra agobiada con ganas de más agua. Que llueva, que llueva... La gente baquiana se da cuenta como un radar viviente que está por caer el aguacero. Es el sonido grave y ensordecedor que suele anteceder a una tormenta que se avecina. Las miríadas de piedritas que chocan contra el suelo y el caer de cristales de hielo que atraviesan la humedad suenan como una melodía cuando entrechocan entre sí formando una cortina de cristal. Llueve y el agua cae sin relieve sobre las piedras, ávidas de lluvia. Mi cuerpo nuevamente en bilocación profunda con mi alma de escritor, se transforma en un pájaro errante para abrazar y descubrir el universo entre una granizada en seco al abrirse la puerta del cielo. Feroz, fulminante, piedras del tamaño de un huevo de gallina. Al ruido de la pedrea sobre los techos, árboles que se abanican y ramas que se desgajan una simple borrasca se convirtió en diluvio estival. Con mi cuerpo sin mojarse, pero en estado de meditación incorpórea, percibo con absoluta claridad los movimientos de la naturaleza que en cualquier estado nos adelantan un año nuevo de esperanza y prosperidad insospechada. Es que el cielito necesita llorar de vez en cuando. Después de la tormenta siempre llega la calma. El sol sale. Hay palabras que suben como el humo, y otras que caen como la lluvia. Las nubes vienen flotando hacia mi vida, para agregar color a mi puesta de sol. En mi transformación etérea se desprende como un rayo un grito de optimismo. Todo mi ser en este diciembre, se siente enriquecido por la lluvia de verano. Un Año Nuevo, como portal sostenido por 365 vigas, nos espera. La sed de los recuerdos tendrá temporal de olvido. Un calendario, con 365 días virginales, aguarda el color de nuestra ilusión. De inmediato mi cuerpo astral toma la posición de súplica. Mi mente en un ruego vivo implora para que, la Paz que nos brindó la Navidad no se apague con el cañón de la violencia, ni se marchite el anhelo que el hombre abriga. Que los 12 meses que nos saludan, sean oportunidades para ser mejores. Piedras de amor para construir un nuevo mundo, dejando atrás el no puedo más y él no te metas. Atrás quedó lo viejo y nos espera lo nuevo. Celebraremos juntos el verdor de los cuerpos, el sexo de las flores, el polen de la risa y todas las estrellas que vienen confundidas en gotas de lluvias. El Señor, con su Nacimiento, ya está alumbrando con 12 lámparas cada mes de este Año Nuevo. Desde la altura, mirando la tormenta que se apacigua junto a los cristales de hielo hundiéndose en el suelo ávido suelo, una enorme paz me cubre. Desde esa serenidad y en silencio brindo y saludo a mis lectores y amigos añorando que la bienaventuranza se anide en el corazón de cada uno y pueda seguir acompañándolos en un vuelo de pájaro y sueño. La VIDA es lluvia, fuego que arde y viento, trueno en el cielo y sol que da luz. Vive mi querido amigo al máximo potencial, y lucha siempre por tus sueños. FELIZ AÑO NUEVO 2025. Un enorme abrazote tucumano a todos y a cada uno de mis amigos.
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
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