Los dragones son criaturas colosales incluso en su infancia. En los albores del Viejo Mundo existieron vastas regiones donde podían desplazarse sin restricción alguna. Sin embargo, también surgieron innumerables reinos, salones y enclaves concebidos para cuerpos élficos y humanos, espacios donde la mera presencia de un dragón resultaba imposible o, en el mejor de los casos, profundamente intimidante. Por ello, el Creador les concedió la capacidad innata de adoptar una forma humanoide, ya sea humana o élfica, a la que ellos se refieren como Aspecto.
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