Quién siembra vientos, recoge tempestades
Tras vestirme adecuadamente para la buena nueva que se celebraba hoy, salí de mis aposentos y avancé por los pasillos, hasta la salida donde nos esperaba el carruaje (Algo innecesario, pues Aurae vivía muy cerca de palacio y a caballo era suficiente) más lo preferí así, pues Madre seguía algo delicada y no quise que hiciera esfuerzos en vano. Una vez allí, esperé a que madre y Earendil hicieran acto de presencia, para ir los tres juntos al mismo destino.
Cuando llegó madre, los tres subimos a dicho carruaje, el cual nos llevó a paso ligero por las calles de la ciudad, hasta la vivienda de Aurae Cormyth. Con el semblante serio e indiferente, observé el camino a través de la ventana, hasta que nos indicaron que habíamos llegado, y que debíamos esperar unos minutos para poder ser anunciados.
Una vez hecho, entré yo primero y al igual que mi hermana, paseé mi mirada desde los ojos de Aurae, hasta los del susodicho prometido, el cual llevaba dibujada una sonrisa de superioridad y soberbia digna de ser penada.
- Buenas tardes –Saludé, con un leve gesto de cabeza antes de proseguir.– Y felicidades por la unión.
La Reina Madre se adentra en la estancia tratando de seguir los pasos de su hijo. No comprende por qué camina con paso tan petulante, y tampoco por qué esgrime los vocablos de forma casi hiriente. Lo que sí sabe es que uno no debe comportarse de tal forma en público, por lo que intenta restar importancia a sus gestos con una amable sonrisa y unas agradables palabras.
- Me alegra vuestra unión y agradecemos haber sido invitados a la celebración. -No le pasa desapercibida la expresión de Aurae cuando recortan distancias, mas guarda silencio.
En un primer momento, Elrohir correspondió respetuosamente a la reverencia de la princesa Earendil, para después hacer más notable aún su sonrisa. Es una sensación magnífica estar rodeado de lo mejor de Leukós gracias al "pequeño secreto" que mantenía con su futura esposa.
- Muchas gracias, Majestad -Respondió en un rimbombante tono de entusiasmo con una nueva reverencia que aprovechó para destinar de igual modo a la ex-Reina Regente.- Nosotros agradecemos vuestra presencia, mi Señora. ¿A que sí, querida? -Preguntó ya erguido destinando las palabras a Aurae con una dulzura que, solo ella sabe artificial.
Aurae le devuelve el gesto a Earendil con la sonrisa que le suele dedicar a ella y una reverencia que repite cuando Ehlark habla. Sostiene la mirada de la reina cuando Elrohir la interpela.
- Por supuesto. Es un honor y un placer recibiros aquí y os agradecemos de corazón que hayáis aceptado. -Carente de emoción, correcta, como siempre. La casa ha empezado a llenarse de los invitados asistentes.- Espero que todo sea de vuestro agrado.
Cada palabra que sale de la boca del elfo, al que por fin Earendil dirigió la vista, hace que frunza el ceño. “Bendito petulante, ¿y esos pelos que portaba? ¿Acaso era la nueva moda?” Negó con la cabeza lentamente y relajó el semblante cuando vio a Aurae dirigirle una sonrisa, sonrisa que por supuesto, no tardó en responder, quitándose así su cara avinagrada.
- La que tenéis que disfrutar sois vos, Aurae, es vuestro día. -Intentó que sus palabras suenen sinceras y amables, más lo hacen de forma vacía y casi robótica.
- No podríamos faltar a dicha celebración, Lady Cormyth, no si sois vos quién nos invita –Termino dibujando una leve sonrisa, pero no puede ser más falsa. ya que preferiría estar en cualquier lugar menos aquí, pero me cercioro en ocultarlo bien, ante todo, soy el rey, y no puedo variar mi postura.
Merethyl sigue el juego de palabras en el que se convierte la conversación con suma atención. Y en el proceso, percibe un olor entre dulce y picante, exquisito, sofisticado... Una fragancia que no se encuentra en el reino de luz con facilidad y que ya ha olido antes, un perfume que define perfectamente a Aurae.
- ... Os hemos traído un pequeño presente en nombre de la familia Aelasar. -La mujer da un par de palmadas y gira sobre su propio cuerpo para llamar la atención de dos elfos de su propio séquito, quienes se apresuran a abrirse paso con un presente entre los brazos. Un regalo que tratan con cuidado para que no se desmorone, una tarta que sin duda, intenta imitar el estilo de la costurera.
Elrohir escuchó todas las palabras dedicadas a Aurae con una sonrisa que en su interior es una mueca de desprecio hacia la misma, no sabe a qué viene tanto cariño. No obstante, sus pensamientos se disipan con la palabra "regalo": ahora imaginó objetos grandiosos, sin duda bañados en oro. Hasta que lo vio: una tarta dedicada, para variar, a Aurae. Se limitó a seguir sonriendo en silencio lo más natural que pudo.
La sonrisa que forjan las palabras de Earendil casi se disipa ante la indiferencia de Ehlark. Pero si había una posibilidad de hacer que Aurae sonriera después de aquella y de manera sincera, era esa. El regalo que presenta Merethyl la hace sonreír quizá por primera vez en la velada de forma sincera. Mira aquel manjar digno de una mesa de reyes y después llama a sus muchachas con un gesto para que recojan aquel presente y mira a la reina.
- Sois muy gentil, no habéis debido molestaros y no sé cómo agradecéroslo.
Los ojos de Earendil nuevamente vuelven a desviarse del rostro de la elfa pelirroja para admirar el pastel con el que la obsequia su madre. Inevitablemente, su boca se hace agua ante tal preparado, mas lo ocultó, dirigiendo una rápida mirada a su hermano antes de adelantarse un par de pasos para llegar a la altura de Aurae.
- Mi buena amiga, tanto mi hermano, como yo misma quisimos también haceros un regalo. Espero que os guste. -Tendió sus manos en el que se encuentran envueltos con mucho cuidado el juego de pañuelos bordados y el espejo.
Espero pacientemente a que tanto madre, como mi hermana, dieran los regalos a Lady Cormyth, hasta que por ende, llegase mi turno. Al no ser conocido, ni amigo del prometido, no le vi importancia el tener que regalarle algo a él por muy mal gesto que me pareciese, me era indiferente. Con un gesto de la mano, hago llamar a uno de mis soldados de confianza, para que me trajese una caja adornada con dibujos florales, donde guardaba en su interior el regalo que fui a comprar yo mismo expresamente, tras dejar a mi hermana en palacio el día anterior.
- Aparte de los obsequios de mi hermana y míos, os quiero hacer entrega de este regalo por mi parte. Espero que os guste, y lo disfruteis, Lady Cormyth.
- No tenéis que agradecer nada, es un regalo de compromiso para los dos... -Agrega a sus anteriores palabras unas últimas antes de que su propio servicio se aleje de nuevo, retomando la posición inicial. Sólo cuando Ehlark le ofrece tan bella alhaja repara en la mirada de la hilandera y en que ese perfume es exactamente el mismo que percibió hace días en la alcoba de su hijo. Su gesto se torna frío y severo de forma repentina, mas mantiene la postura.
Observo Elrohir los regalos con ojos llenos de codicia. Seguro que podrá sacar beneficio de ellos cuando dejen de llamar a Aurae "Lady Cormyth" y comiencen a pronunciar "Lady De Guelt".
- Oh, maravilloso gusto; Rey Ehlark -Exclamó al ver la joya para no permitir quedarse poco a poco al margen.- Un bonito collar para un precio busto. –Sonrió Elrohir a su prometida mirándola a los ojos directamente con el ánimo de que no se sienta tan abrumada por las palabras de la Familia Real. Por si no lo recuerda, a partir de ahora debe empezar a amoldarse a su futuro esposo.
El apretón mudo de cariño a las manos de Earendil cuando acaricia la tela de los pañuelos habla por ella. Así cómo la reverencia de cabeza ante las palabras de la reina. Pero cuando mira a Ehlark, le oye y recibe su regalo tiene que forzarse a recordar dónde y en qué situación está. De pronto no sabe qué decir y las fórmulas de cortesía le suenan rancias y carentes de sentido. Mira a Ehlark. Elrohir se adelanta aprovechando su silencio. Ella aparta la vista a desgana del rey y se la devuelve a su futuro marido. Todo esto es un error colosal, piensa. La rabia contra sí misma aumenta. Le dedica una sonrisa gélida.
- Elrohir, vuestro amor os ciega, me me temo. No estoy a la altura de semejante presente ni aunque quisiera. -Una mirada breve a Ehlark acompañada del fuerte deseo de terminar con la farsa de una vez. - Por favor, pasad, tomad asiento. Espero que honréis el baile participando de él. -Sonríe y se hace a un lado para que pasen y seguirles, ya oye la cítara.-
Earendil corresponde al apretón de manos de Aurae componiendo una nueva sonrisa, observando después el regalo de su hermano y escuchando las palabras que los tres elfos se dedican, alzando una ceja desviando la atención a su hermano, a quién le apresuro a tomar del brazo para pasar al interior de la sala al que Aurae los convida a pasar.
- ¿Se puede saber que os pasa? -Le susurró sólo para que él pueda oírla, aunque sabe que madre anda cerca suya y también habrá escuchado la pregunta.
Ella se limita a guardar silencio, internándose en la sala que les ofrendan sumida en sus propios pensamientos. Aguarda la respuesta que pueda dar Ehlark con sumo interés pues ella también está preocupada por su comportamiento, y agradece que sea Earendil quien formula la pregunta.
- Nada. ¿Por qué? –Cuestiono con voz tranquila, o lo máximo que puedo llegar a aparentar, siendo guiados por las damas de Aurae hasta el susodicho lugar donde se celebra el acontecimiento.
Elrohir se hizo a un lado junto a Aurae para dar paso a la sala. Cuando están a una distancia que contempló segura, agarró el brazo de su pareja para dedicarle unas "bonitas" palabras.
- ¿Lo pasáis bien, mi Señora? -Susurró con rabia, en buena parte porque ha sido obviado por los anfitriones más valiosos de toda la estancia.- No os confiéis, seguro que esos regalos serían menos si supieran de vuestro "pasatiempos". -Dicho esto, y con el propósito cumplido de sentirse mejor en cierto modo, dedicó encantadoras sonrisas a los que rondan el ambiente, como todo un maestro de la hipocresía.
Una sonrisa ácida y debe morderse la lengua. Los invitados ya bailan. “Disfruta tú” piensa Aurae. Y se suelta de su brazo de manera elegante para saludar a dos mujeres de la alta nobleza que visten, dicho sea de paso, vestidos confeccionados por ella. Entre conversación y conversación consigue alejarse de Elrohir gracias a los maridos de sus clientas. Hace la seña acordada con su pequeño ayudante; se recoge en pelo con cierto prendedor en forma de mariposa. Ahora a esperar. Y su sonrisa ante la perspectiva del final de la farsa, aumenta.
- ¿Por qué? -La sola pregunta hace que me hierva la sangre y mi mal genio salga a la luz, mas me limito en esconderlo y fingir una sonrisa ante todas las personas que nos rodean.- No penséis que me he caído de un guindo, hermano. -Le espeto con dureza separando mi mano de su brazo y mirando de reojo a mi madre, esperando que ella también participara en la conversación.
- Ehlark, vos y yo vamos a hablar muy seriamente cuando todo esto acabe. -Susurra, ajena totalmente a la escena que se desarrolla entre sus anfitriones y dándole la razón en cierto modo a su hija. Sin embargo, nada dice sobre la noche que fue a visitarle mientras estaba acompañado. Observa al resto de invitados, parte de ellos beben, bailan y festejan, y otra parte se dedican a observar y marujear.
- Lo que queráis, hermana, pero no me sucede nada –Concluyo la conversación y miro a madre, asintiendo sin decir nada más, probablemente me cayera una buena reprimenda por mi actitud, bien merecida, pero no dije anda al respecto. Saludé al resto de invitados con una cordial sonrisa y me quedé mirando el baile.
Elrohir se dedicó a pulular entre los invitados, presentándose a unos y siendo presentado a otros tantos. Sin fijarse en consecuencia en los actos de Aurae o la pequeña reunión familiar que improvisan los Aelasar.
Y las cosas, por primera vez, salen mejor de lo previsto. Ajeno al bullicio y a las personalidades de la sala, el hijo de la cocinera, apenas un niño avanza. Viste los colores del servicio en casa de Aurae por lo que pasa desapercibido. Ni siquiera Aurae le ve atravesar la estancia. Mucho menos ve cómo, con una punta metálica que asoma en su manga, desgarra el cuero. Cuero de la bolsa que pende del cinto de Elrohir en la que guarda la única prueba contra ella: su cajita de madera envejecida llena de opio. Como Aurae había previsto, el endeble recipiente se rompe al caer. El hijo de la cocinera sigue su camino y se confunde entre los invitados. Detrás deja el opio, la caja rota y la bolsa rasgada de Elrohir. El murmullo que se despierta en la sala empieza en quienes pasaban o bailaban cerca de su prometido y aunque hay quienes no reconocen la sustancia los nobles (que seguramente habían flirteado con con la droga aunque prefirieran morir antes que admitirlo) le ponen nombre
La reina deja de prestar atención a Ehlark durante unos instantes para centrarla en lo que todo el mundo curiosea. A pesar de que el interés la puede, permanece en el sitio. Por posición social, no debe acercarse, debe mantener el tipo. Y si la cosa se pone fea, debe alertar a la guardia real, que permanece en la entrada del lugar por orden propia.
Frunzo el ceño cuando el alboroto me desvía de la atención de Earendil, ladeando el rostro hasta el centro de la sala, donde la gente se dedica a hablar y marujear. Por curiosidad y deber, avanzo varios pasos hasta el sitio en cuestión.
- ¿Sucede alg...? –No termino la pregunta, al ver la caja en el suelo, y el polvo blanco por el suelo esparcido. Alzando la vista hasta el supuesto dueño, a sabiendas que el contenido no era nada bueno ni legal, esperando una explicación al respecto.
Continuó Elrohir hablando alegremente, encantado de estar entre tantos títulos nobiliarios y sin percatarse en un principio de que las caras largas y el murmullo general se debe a lo que descansa en el suelo junto a sus pies.
- ... -Se volvió lentamente, contemplando en primicia el opio derramado y después al Rey frente a el.- Yo, eh, puedo, no... –Balbuceó con una repentina palidez, buscando desesperadamente a Aurae entre todas las miradas que se centran en él.- ¡No me pertenece! -Exclamó desesperado como última escapatoria.- ¡Es de Aurae! -Su tono de voz comienza a quebrarse cuanto más hablaba.- ¡Yo solo lo escondo de su alcance porque la amo y deseo protegerla! -Añadió como mentira final en su defensa.
Aurae se había ido acercando como todos cuando oyó el jaleo. Acompañada de las damas con quienes conversaba, al ver lo que había en el suelo las miró, como sin entender. "Es droga, querida..." Le dijo la más mayor. Pena era lo que había en su rostro al mirar a la hasta entonces feliz prometida. Finge trastabillar y la sostienen. Ve a Ehlark de reojo porque tiene la vista clavada en el opio con una expresión de horror tan falsa como creíble. Cuando oye el alegato de Elrohir se recompone ante los ojos de todo el mundo, quizá algo pálida. Sin apartar la vista de él habla a su servicio.
- Recoged este desastre. Preguntadle a lord Elrohir dónde ponéis lo que queda... De sus pertenencias. -Después mira a las mujeres que la rodean, como aturdida.- La fiesta ha terminado... -Y en ejercicio de la solidaridad femenina no tardan en despedirse afectuosas y preocupadas por ella y buscando a sus parejas para marcharse.
- ¡No blasfeméis! –Espetó Earendil con furia cuando le escuchó acusar de tal forma a su buena amiga.- No os la merecéis, igual que tampoco os merecéis la bendición que el Rey os dio en su dia. -Sosteniendo la falda de su vestido, se acercó a Aurae, tomando su mano con la suya libre.- Lamento el final de vuestro festejo, amiga mía, pero mejor sola que mal acompañada. –Dejó un apretón en su mano y un beso en su mejilla, antes de abandonar la estancia.
Merethyl se sitúa tras su hijo casi como una sombra: no piensa permitir que cometa ninguna estupidez, algo de lo que parece muy capaz debido a su estado, debido a la postura que lleva adoptando desde hace minutos.
- No consiento que habléis así de Lady Cormyth. ¿Me oís? –Le advierto con un dedo levantado. Solo faltaba eso, que intentase acusar a otros de su propio delito– Llevároslo –Ordené a dos soldados que aguardaban en la puerta desde que habíamos entrado. Uno de ellos le tomó del brazo, mientras que el segundo recogió la susodicha caja, como prueba en si de lo sucedido hoy aquí. Después miro por última vez a Aurae, antes de darme la vuelta y salir de la vivienda.
- ¡NO! –Intentó Elrohir deshacerse del agarre del primer guardia, pero enseguida viene un segundo en su ayuda.- ¡ES UNA MANIPULADORA! ¡NO ES MÍA! ¡LO PROMETO! ¡NO! -Gritó mientras es prácticamente arrastrado por los soldados. Estaba tan cerca la miel que ya podía sentirla en los labios; y ahora se ha desmoronado todo.- ¡AURAE! ¡AURAE! -Continuó vociferando hasta que es sacado de la estancia por la fuerza.
Lo mira Aurae, incrédula. ¿Aún lo estáis intentando? Baja la mirada interpretando su papel de dama inocente, acusada en falso. No evita la mirada de Ehlark al salir aunque no sabe cómo interpretarla.
La anciana elfa abandona la morada intentando seguir, no sin complicaciones a causa del molesto vestido, las pisadas de su hijo. Algo no le cuadra en la historia, aunque no sabe exactamente qué es. Cuando sus pies rozan el exterior ya nadie resta en el interior. Sólo Aurae y el cortejo de marujas.
Una vez fuera, sin mediar palabra alguna, abro la puerta del carruaje donde espera Earendil para que tanto ella, como madre, entren al interior, viendo a lo lejos como se llevaban al "prometido" de Aurae. No le encuentro explicación a lo sucedido, pero ya tendré tiempo de interrogarle y averiguar que sucede, pero ahora no era el momento, una vez en el carruaje nos dirigimos a palacio.