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Staples and tacks burying rubber band, 2021 Gravure à l'eau-forte sur chine collé, 76 x 53,5 cm Rubber Bands and Staples Climbing a Folder and Staples and Tacks Burying Rubber Band are a continuation of the series of etchings titles Office World. Within the body of work depicting seemingly mundane attributes of office life, the artist is developing an a esthetic repertoire of animated character engaged in dynamic situations. The visually unsaturated scenes, resembling technical drawings with the use of fine and precise line, were inspired by 16th century engravings depicting the rather grim episodes of Spanish tyranny in the Netherlands. Nevertheless, the scenes rendered by O. V. possess a subtle humorístico quality. The etchings are layered on chine collé backgrounds taken from designs of office supply catalogues. The result is a series of technically exquisite and multilayered contemplations of everyday situations. Text by Anna Laganovska @samulsu For Frans Masereel Centrum #Hibernus https://www.instagram.com/p/Ca1moaoAevV/?utm_medium=tumblr
Reconciliación tras la tormenta
Prácticamente todo el día de hoy me he dedicado a preparar el torneo concienzudamente, tanto que se me ha olvidado incluso ir a los calabozos, donde me esperan dos reos a expensas de ser interrogados. Pero de eso ya me ocuparía mañana, que estoy más desahogado referente a los menesteres del Torneo. El pueblo estaba ilusionado por ello, y al parecer la noticia había volado como la espuma pues el reino estaba completamente lleno de visitantes y soldados. Caminando por el pasillo en silencio, suelto un largo suspiro de cansancio, dirigiéndome hacia mis aposentos.
- Ehlark…
Cuando ya llego a la altura de mis aposentos, escucho una voz débil, pero conocida, que me nombra. Alzando el rostro del picaporte y ladeando la vista para mirar a la susodicha, hago un cortés gesto con la cabeza a modo de saludo.
- Lady Cormyth
- ¿Podemos hablar? - Se acerca a él vacilando ligeramente.
- Claro –Separo la mano de la puerta y poso ambos brazos tras mi espalda, quedando erguido de esa forma y frente a ella– Vos diréis.
- … -Mira la postura que adopta, extremadamente sorprendida por su actitud. ¿De qué va? Se muerde el interior de la mejilla,- ¿Estáis molesto por lo de anoche? -Da un paso más hacia él.
- No, no fue culpa vuestra que su prometido fuera un drogadicto. –Respondo de forma sincera, pues en ese aspecto no estaba molesto, tal vez decepcionado por no haberlo sabido hasta ayer, y que alguien de la alta nobleza cometiera actos ilegales.
- De cualquier forma lo lamento. -Baja la mirada.- Para eso he venido. A pediros perdón y a devolveros esto. -Con extremo cuidado para que vea qué importancia le da, desenvuelve el colgante que le regaló ayer.- Supuse que lo querríais ya que el compromiso queda anulado... -Le mira a los ojos, con la contrición en la mirada.
- Si no recuerdo mal, el regalo fue para vos... así que es vuestro, Aurae. Os caséis o no. –Niego, rechazando que lo devuelva con una sola mano. Poco puedo hacer yo con un collar de mujer, así que mejor que lo tenga ella. Permanece mirándome a los ojos un instante y suspira, resignada.
- Gracias... -Desvía la mirada. La incomodidad esta vez no es fingida.- Quiero pediros también... Que... En fin. -Toma aire y le mira,- Que le liberéis.
- ¿Por qué? –Pregunto, realmente curioso de su respuesta y haciéndome a un lado, por si quería darme el motivo en privado y no aquí.
- Hay... Varios motivos. -Fuerza sus párpados para que se le empañen los ojos y es entonces cuando le mira,- temo que si no le soltáis quiera vengarse. Y él o alguien de los suyos haga daño a mis hermanas o a... -Una pausa elocuente,- alguien a quien quiero.
- No se porqué querría vengarse de algo que se ha buscado el solo, mi lady –Niego ante su propuesta, no voy a liberarlo no al menos hasta que se realice el juicio– Y de todas, formas, confesándome esto, me da más motivos para no querer soltarle.
- Tenéis que hacerlo, -se acerca a él y coge su mano, mirándole.- Por favor. No sabéis...
- Lo consideraré. –Inspirando profundamente, levanté la vista hacia sus ojos durante unos instantes, para luego bajarla hacia su mano, que sostenía la mía.
- Gracias... Gracias... -Se acerca un paso más y apoya su frente en su hombro.- Y por salir en mi defensa anoche...
- No iba a consentir que os acusaran de algo como eso, y menos cuando las pruebas no apuntaban a vos. Tenéis una reputación bien merecida y no iba a quedar manchada por burdas mentiras de aquel hombre, por mucho que fuese vuestro prometido. –Cuando comienza a excederse en contacto físico, doy un paso atrás, negando nuevamente de forma amable.
- Mi prometido, -ironiza y suelta su mano, a desgana. Clava su mirada en la de él, desafiante por primera vez.- ¿Realmente creéis que yo le acepté, Ehlark?
- Vos sabréis –Respondo de forma escueta, pues no soy quién para opinar al respecto, por mucho que me quemase interiormente y no entendiese el por qué– Dijisteis que no os ibais a casar, y a los pocos días anunciáis vuestra boda. Perdonad si nos confundís –Explico generalizando, aunque sin quererlo suelto algo de reproche en la voz, pero apenas notable. Aurae resopla y baja la mirada. Con la mano derecha tira del pañuelo anudado en la muñeca de su izquierda que, como una muñequera cubre las marcas aún visibles del cuero en su piel. La alza al nivel de su rostro.
- ¿Veis esto?
- ¿Pero qué...? –Exclamo, tomando la mano que me ofrece y examinando dichas marcas, pasando uno de los dedos por encima. Incrédulo y anonadado– ¿Os ha...?
- ¿Recordáis la última noche que nos vimos? Cuando volví a casa él me esperaba. Y esto, -coge su mano con una y con la otra se quita el prendedor. Sus rizos caen a ambos lados de su rostro desordenados. Lleva su mano a la parte trasera de su cabeza, donde la costra de la herida.- Esto fue todo lo que dijo. –Cierra los ojos cuando sus dedos rozan la piel aún sensibilizada de su cuero cabelludo.
Fui examinando una herida tras otra, sintiendo como la sangre me iba hirviendo por momentos. Quién podía ser tan poco hombre como para maltratar a una mujer de esa forma. Varias deducciones llegaron a mi mente. Su negación la última vez que nos vimos, asegurando que jamás contraria matrimonio con el susodicho. Su repentina desaparición al día siguiente y que nadie la hubiese visto, sumándole a la casualidad de que se descubriera su secreto delante de todos, nobles, soldados y la familia real, mi familia. ¿Podría ser qué...ella...?
- ¿Qué os hizo exactamente? ¿Por qué no me lo dijisteis en la fiesta de compromiso?
- ¿Delante de él? -Inquiere y baja la mirada. Le suelta por si quiere volver a separarse.- Me tuvo atada dos días enteros. Incomunicada. Les hizo creer a quienes trabajan para mí que estábamos teniendo una "luna de miel", -dice irónica y afloran los sentimientos reales de aquellos días: la impotencia. La rabia.- Amenazó con herir a mis hermanas si no me casaba con él.
Definitivamente, no me cabía duda alguna ya. Aparte de dejarme guiar por las apariencias, he sido un completo estúpido al creerme todo lo que estaba pasando. De nuevo he vuelto a fallar, como rey, y amigo. Mis sospechas crecen en cuanto me confiesa la amenaza realizada hacia ella y sus hermanas. Demasiadas casualidades, y el pensar que podía haber sido ella la causante de todo este alboroto no la considero imposible, es más, se me antoja viable para poder deshacerse de él.
- ¿No vais a decir nada? -Levanta la mirada hacia él y con cautela pone una mano en su antebrazo.- Quería habéroslo dicho, haberme escabullido antes de la fiesta para pediros ayuda... -Busca su mirada.
- Siento que hayáis pasado por eso, Aurae. –Frunzo el ceño al percatarme de que sigo en silencio, mudo, ante la situación. Separando los brazos de mi cuerpo termino por rodearla, a modo de disculpas, tal vez. Aurae se encoge en su abrazo y cierra los ojos aunque no entiende la cálida sensación que le sobreviene con su gesto.
- No es culpa vuestra... -Cuando alza el rostro hacia él roza su cuello con los labios como sin querer.- Os echaba de menos, -confiesa en un susurro apenas audible.
- Dudo que pueda soltarle después de vuestra confesión, Aurae –recalco, separándome levemente de ella tras el abrazo, volviendo a adoptar una postura amigable, por así denominarlo, aunque en el fondo me aliviaba que el compromiso no siguiera adelante. Sus palabras me hacen sonreír, más no digo nada al respecto– Me gustaría que vos tanto sus hermanas estéis en palacio custodiadas, hasta que decida que hacer con el reo, y por ende, después en el caso de que le libere.
La dama mira su sonrisa y no la tranquiliza. No debe interrogarle. Teme lo que pueda salir de ahí y en qué afecte a su ya de por sí frágil situación para con él, para empezar.
- No lo entendéis. Da igual dónde estemos. Si no le soltáis encontrará la manera de hacernos daño. -Sabe que si apela a su sentido de protección de los débiles, funcionará. O eso espera. Se aparta de él y hace amago de recoger su pañuelo y su bolsa.- Si le seguís reteniendo lo mejor es que me lleve a mis hermanas lejos. A Libra, tal vez. -Dice lo primero que se le ocurre. La desesperación real hace mella, tiene que liberarle.
- Si está encerrado, no podrá haceros daño, no entiendo ese afán con que le libere –Término replicando ante su insistencia. ¿Para qué quiere que le suelte? ¿Para que vaya a por ella en la primera de cambio? No, jamás
- ¡Tiene gente que puede hacerlo por él! -Ya no sabe qué inventarse pero clava su mirada en la de él.- Decidle que le soltáis a cambio de que salga de Leukos. O lo que queráis. Pero no le retengáis. -Respira, agitada.- Por favor.
- No os prometo nada –Musito, zanjando así el asunto y dando a entender que no voy a escuchar ninguna réplica más. Por muy ruda que pareciera mi postura.
- No quiero irme. No quiero estar lejos de vos. -Pide y roza sus labios con los de él.
- No lo estáis, Aurae –Niego nuevamente, bajando la vista a sus labios, esos que se empeñaban en rozar los propios y así obnubilarme los sentidos.
- Pensar en vos me ayudaba... -No termina la frase y no se aparta.- ¿Cómo tenéis la herida? -Vuelve a rozarlos como por casualidad.
- Ni lo digáis –La interrumpo, pues no quiero ni imaginarme en que condiciones la tenía aquel malnacido cuando estaba encerrada en su propia casa. Agradeciendo el cambio de tema, aflojo un tanto la rudeza en mi voz– Bien, cicatrizando. No es nada.
- Me alegro... Estaba preocupada. -Cuando nota la rigidez en su voz y entiende, por primera vez, que no es contra ella, acaricia su brazo en un gesto que le sale... ¿Tierno? Mira sus ojos sin atreverse a un beso por un nuevo rechazo.
- Con todo lo que habéis tenido encima ¿Y os preocupais por mi? --Pregunto con tono agradecido. Pues bastantes problemas ha tenido ya, suficientes para preocuparse, sin embargo centraba esa preocupación en mi y no en ella-- Os lo agradezco Aurae
- No tenéis que agradecer nada... ¿Seguís molesto conmigo? - Casi sonríe y vuelve a obligarse a apartar la vista de sus labios para llevarla a sus ojos. Sus rechazos aún se palpan.
- "¿Tanto se me ha notado?" --Me cuestiono a mi mismo, mirándola en silencio antes de responder-- No. No lo estoy Aurae...
Y ahora sí Aurae sonríe aunque sea breve. No me deja seguir, vuelve a mis labios buscando esta vez algo más que un roce. Percibe en si misma lo que parece un estremecimiento involuntario. Quizá me ha echado de menos más de lo que se permite pensar. Sintiendo nuevamente ese roce que ya creía lejano por los acontecimientos que se han ido sucediendo, ladeo levemente el rostro para así corresponderle al gesto, notando como poco a poco la sensación de alivio me embriagaba. Envalentonada por mi correspondencia y al margen de cualquier pensamiento racional sube las manos por mi chaleco hasta el cuello de mi camisa. No me deja llevar el beso, al menos al principio. Es ella, demostrándome que me echaba de menos. Reconociendo casi la fiereza en el gesto. Termino por separarme unos centimetros, los suficientes para retomar el aliento que se ha dedicado a robarme. Guardando silencio a que ella hablase. Respirando de manera entrecortada me mira, sonríe de lado con cierta picardía y aún así algo sonrojada por la falta de aire.
- Decidme que también me habéis echado de menos... -Y como quien no quiere la cosa sus dedos ágiles desabrochan el chaleco. Evidentemente que he notado su ausencia y lejanía estos días, pero algo en mi interior me impide decirlo. Tal vez mi orgullo.
- La próxima vez elegid bien a vuestro prometido...-Intento bromear para quitarle importancia al asunto.
- Todo depende de los candidatos, -y su mirada como su sonrisa es lo bastante elocuente a la vez que pícara. Pero no la ha detenido que es lo que ella aprovecha para bajar el chaleco por sus brazos jugando a acercarse a sus labios hasta rozarlos sin besarle.
- Aurae... Es demasiado tarde para esto... -Inquiero ante el juego que la costurera estaba comenzando. Más no se lo impido- Estáis magullada. Es mejor que os retiréis a descansar. -Rozo su cintura con ambas manos. Dejándolas aparcadas. Habría hecho caso de mis palabras si no fuera por mis manos. Vuelve a sonreír de aquella manera y cuando sus dedos pasan a desabrochar mi camisa murmura con una risita.
- ¿Y dejaros así? -No me deja contestar, vuelve a besarme.-
- ¿Así com...? -No me da pie a responderla pues ya siento de nuevo sus labios rozándome. Ascendiendo una de las manos decido concluir la conversación. Detengo una mano sobre la nuca y lucho internamente por sus labios.
Esta vez los deja a su merced y vuelve a sentir esa especie de estremecimiento en la espalda cuando pasa su mano. Antes de deshacerse de su camisa tira de ella para acercarle y retroceder sin separarse hacia el lecho que hoy compartirían. Sin buscar ya respuesta alguna a muchas de las dudas que surcaban aún mi mente. Como varias noches anteriores vuelvo a ceder y a dejarme llevar junto a ella lo que restaba de noche. Pero teniendo cuidado de no lastimarla yo en el proceso.
La costurera... ¿Preocupada?
Aurae estaba cerrando el taller, cansada, después de una más que agotadora jornada cuando Lyon aparece corriendo por el pasillo y casi sin aliento. Aurae intenta calmarla para entender algo de lo que dice pero cuando saca en claro las palabras clave palidece.
- Traedme la capa. -¿Una pelea? ¿Y un garfio? Su muchacha de servicio estaba tan alterada que no sabía hasta qué punto podía darle credibilidad pero no iba arriesgarse a no dársela. Cuando se encuentra con ella abajo se pone la capa mientras espera que ensillen su caballo. Desde que monta hasta que desmonta frente al palacio no pasan más de diez minutos que se le hacen eternos, consumida por la duda. Y esta vez ignora los soldados y la discreción y cuando irrumpe en mis aposentos y ve mi figura en la penumbra, recostado y la curandera sobre mi siente un pinchazo y se acerca, imperiosa.- ¿Cómo está?
Cuando la puerta se abre de repente, pienso por unos instantes que es mi hermana o madre, pero me sorprende ver a Aurae acercándose tan impaciente hasta el lecho, donde me encuentro tumbado. Haciendo a la curandera un gesto amable, le pido que abandone la estancia, cosa de la que no me cuesta mucho convencerla pues ya había terminado su trabajo.
- Estoy bien…
- Pues cómo será cuando estéis mal...- Resopla y se sienta a mi lado, ocupando el sitio de la curandera.
- Solo es una herida, no me estoy muriendo –En contra de todos los consejos de la curandera, termino por erguirme y quedarme sentado, al lado de la dama.
- ¿Qué hacéis...? Quedaos recos... -Cuando ve que ya me he sentado suspira, terco. Aprovecha para acercarse, besarme y acariciar mi pelo.
- Que estoy bien... –Vuelvo a repetir, pero mi insistencia queda acallada con su beso. Me cercioro de que la puerta está bien cerrada, mirando de soslayo, antes de corresponderle al gesto haciéndolo corto y suave– ¿Cómo os habéis enterado tan rápido?
- Una de las muchachas que trabajan en mi casa estaba en el mercado y os vio, -murmura sin apartarse y baja la mirada.- Estaba muy alterada y pensé... -No lo dice pero es evidente. Mira mi costado para ver el alcance de la herida.
- No sé cómo tomarme que pensarais que un simple pirata podía conmigo... –Comento para romper la tensión creada por su preocupación por mí, buscando su mirada.
- Por Gaia, Ehlark... -Me mira un instante y pone los ojos en blanco pero sonríe y me empuja de los hombros suavemente.- Recostaos.
- Vale vale... –Vuelvo a recostarme sobre el lecho, boca abajo, aunque a regañadientes. – Sois peor que madre respecto a regañinas.
- Y vos sois un inconsciente, -replica y se muerde el labio para contener la risa. Una risa que muere cuando vuelve a dirigir la vista a su herida.- ¿Os duele? Puedo intentar que os traigan algo para el dolor...
- No, no me duele, ya me dieron algo antes –Niego desviando el rostro hacia su lado, y así poder mirarla mientras hablaba– ¿Inconsciente me habéis llamado? -Dibuja media sonrisa maliciosa y se inclina sobre mi apoyándose en el lecho,
- En demasía. –Me respondió sin más.
- Así que así lo creéis... ya veo –Finjo ofenderme con su comentario, más termino sonriendo divertido ante sus comentarios.
- No os enfadéis... Un día vais a matarme de un susto. -Sonríe y vuelve a besarme, suave, apenas un roce con los labios.-
- Prefiero ser un inconsciente a un cobarde, Aurae. –tras el segundo beso en lo que iba de noche, alcé una ceja ante lo excesivamente mimosa que se encontraba hoy, más de lo normal.
- Sí, desde luego. Un valiente muerto serviría muy bien al reino de Leukós, -reprocha sin apartarse. Tenía miedo de que me hubieran herido de gravedad y comprobar que la herida no era tal la había aliviado. Además, ya en sus plenas facultades recuerda bien lo acontecido anoche y no va a perder oportunidad de aprovecharlo.- ¿Qué pasó?
- Descubrimos piratas en nuestros muelles, simplemente defendí a mi pueblo –Decido resumir brevemente, no quiero hablar de ello ahora, pues solo de pensar en ese pirata se me amargaba el alma. Asiente y acaricia mi pelo. Entiende que no quiero hablar de ello y se recuesta a mi lado. Apoya la mejilla en mi pecho y levanta la mirada.
- ¿Os acordáis de lo que hablábamos ayer? Hoy todos los que estaban en el mercado han visto a su rey luchar cuerpo a cuerpo contra piratas... Esas cosas no se olvidan, -sonríe para animarme o para intentarlo al menos.
- Solo han visto a un soldado defender su pueblo Aurae. Sabéis que me gusta ser uno más, por muchos títulos que tenga. –Aunque sus palabras me reconfortan, no pronuncio las mías con reproche, si no por quitarle importancia al asunto.
- No he dicho lo contrario. Pero ellos han visto a su rey. A un buen rey. -Añade mirándome.
- Luego soy yo el terco... –Termino dejando el brazo tras la espalda de ella para estar más cómodo, desviando la mirada al techo.
- Lo sois. Terco e imprudente. -Se estira para besar mi mentón.- Intentad dormir, ¿De acuerdo?
- No os prometo nada, pero lo intentaré –Me incorporo levemente, con intenciones de acompañarla a la puerta como otras veces. Por educación y costumbre más que otra cosa.
- Ni se os ocurra, -Me pone una mano en el pecho.- Si me entero de que os movéis vendré a ataros.
- ¿A atarme? ¿Pero qué...? –Alzando ambas cejas ante su amenaza, sorprendido– No lo diréis en serio... –Imposible, como va a atarme, era un farol– No puedo estar tumbado eternamente, mi lady.
- Al menos hasta mañana, -pide exasperada,- no seáis terco. No serviréis de nada estando mal.
- De acuerdo, vos ganáis por hoy –Vuelvo a recostarme, antes de que me cayera otra reprimenda. No soy de los que se están quietos, sin embargo esta noche parecía que me tocaba estarlo. Sonríe con cierta ternura y se inclina sobre mi para besar la comisura de mis labios.
- Descansad... -Y se levanta y se envuelve en su capa para salir tras asegurarse de que no hay nadie y dedicarme un último saludo.
Instinto, atracción...
Hoy me disponía a salir con algunos soldados a realizar una ronda por la ciudad de Hibernus, desde que padre había fallecido no me había dejado ver apenas, y debía de hacerme cargo de varios quehaceres que se trataban en plena ciudad. Así que vestido adecuadamente y con la espada envainada junto a mi cinturón, salí de mis aposentos, caminando en dirección a la salida. Justo cuando bajé los primeros escalones me encuentro fortuitamente frente a la dama Aurae Cormyth.
- Milady... buenas tardes –Saludé echándome a un lado al percibir la cara de portaba, al parecer tenía prisa– ¿Os encontráis bien? - Tarda un instante en contestarme. De todo aquello que venía rondando su mente, ni rastro.
- Sois vos el que no parece estarlo... -Señala la brecha en mi rostro reciente y mal atendida, a primera vista.- ¿Qué os ha ocurrido? Debéis dejar que lo vea alguien.
- ¿El qué? –Pregunto pasando la mano por mi rostro, acordándome del combate de anoche– Ah... no os preocupéis, no es nada grave.
- Pero no podéis dejarlo así, -Se acerca para mirar la herida,- y además, en breve será la coronación y tiene que haber cicatrizado para entonces... -Me mira a los ojos,- permitidme. Por favor.
- No es más que un rasguño –Fui a replicar, pero su insistencia, tanto su mirada seria me hicieron resignarme– Está bien ¿Tenéis conocimientos en este ámbito?
- Algunos, -Dibuja media sonrisa cuando volteó para entrar al castillo de nuevo, esperando que le siga. Desvío la mirada hacia la salida de palacio, aún no se habían reunido los soldados, así que podía tomarme diez minutos en ello, ascendí los escalones tras ella.
- ¿No teníais prisa? puedo hacer llamar a una curandera para ello, Aurae.
Al volver a entrar se dirige a una de las muchachas del servicio pidiéndole lo que necesita y cuando ella se aleja, me mira. No contestará pues es evidente que cualquier otro asunto puede esperar. Me indica a una de las estancias contiguas.
- ¿Vais a contarme cómo ocurrió mientras esperamos? -Me mira a los ojos nuevamente-
- Sucedió anoche, mientras me encontraba con Vilcuat –Expliqué, apoyado en una de las paredes del pasillo y con los brazos cruzados, recordando el entrenamiento y la rivalidad amistosa que siempre hubo entre ambos, sonriendo orgulloso por la victoria obtenida la noche anterior. Sus cejas forman un arco perfecto cuando oye la referencia al soldado y ve la sonrisa que me emerge. Se queda callada. La muchacha aparece y sin mediar palabra pone lo que le había pedido en las manos y se va con una inclinación. Ella sigue mirándome y me tiende las cosas con una sonrisa torva.
- ¿Por qué no la llamáis para que arregle lo que le ha hecho a vuestra cara?
- Son gajes del oficio, es imposible no salir herido en un entrenamiento –Recojo los utensilios que me tiende, extrañado por su cambio repentino de humor, frunciendo el ceño.
- Entrenamiento, claro. -Se cruza de brazos.- Más parece un arañazo de gata que una herida de combate. -Sisea, venenosa.
- ¿Qué? –Alzo ambas cejas, la conversación ya estaba desviándose demasiado y no sabía ni como, ni por qué– No permito ni que me faltéis al respeto, y mucho menos a lady Vilcuat. –Musité, más que ofendido por su comentario. Se muerde la lengua. Ve que yo tengo razón y se ha dejado llevar. Agacha la mirada, avergonzada.
- Disculpadme, tenéis razón. -Lo dice todo de un tirón.- No he debido hablaros así ni decir lo que he dicho. -Coge de nuevo los enseres de mis manos con delicadeza. Pemitidme, -levanta la cabeza, con el mayor de los arrepentimientos en la expresión.
Mi semblante sigue tornado serio aun a pesar de sus disculpas, caminando hacia una estancia y sentándome en uno de los sillones, sin responderle más al tema. Luego levanté el rostro para permitirla hacer lo que quisiese con la herida. Envolvió su mano en una de las telas y abrió el ungüento. Mojó los dedos cubiertos por la tela en él y, confiada, se sienta en el brazo del sillón.
- No os mováis... -Pasa la tela empapada por la herida, despacio. Ni siquiera me muevo, sintiendo el frío ungüento sobre mi piel y mirando de reojo sus manos, y luego a ella, guardando silencio mientras poco a poco ablandaba el rostro. No aparta la vista ni la mano de mi herida mientras apoya las yemas de los dedos de la otra en mi mandíbula. Sabe que debe, que necesita congraciarse conmigo. Vuelve a humedecer la tela.- ¿Cómo van los preparativos para la coronación?
- Como cualquier celebración de esa índole, lento –Respondí desviando la mirada a sus ojos mientras hablaba, como siempre cuando mantenía una conversación, aunque su sujeción tampoco me permitía desviar mucho el rostro si lo hubiese querido.
- Lo importante es que al final esté todo listo y, en realidad, con que lo estéis vos, basta. -Sonríe, suave, y sigue con su labor.
- Lo estará, no os preocupéis. –Hago una mueca en cuanto uno de sus dedos aprietan más de lo debido sobre el corte y aparto inconscientemente el rostro, mirándola.
- Perdón, -aparta las manos, sorprendida,- no pretendía haceros daño... -Sostiene mi mirada, sincera, y maldice su torpeza.
- No os preocupéis... seguid. –vuelvo a acercar el rostro, para que terminase tornando el rostro tranquilo, ya sin prisas pues mis compañeros ya se habrían marchado, siendo avisados por alguien de mi retraso.
- Debísteis hacer que os la viera alguien enseguida... - Asiente, aliviada y vuelve a coger mi mentón con delicadeza y a intentar limpiar y curar la herida. Musita, tan cerca de mi que es un susurro.
- La noche ya hacía horas que se cernía sobre nosotros... y no es tan grave como para molestar a nadie –Expliqué, despreocupado con la vista al frente– Solo es un leve corte, mi vida no peligra, Aurae.
- La vuestra no pero, ¿Y qué me decís de las mujeres de la corte cuando vean herido tan apuesto rostro?
- Me gustaría ver sus rostros de escándalo... sería curioso. –Nunca me había gustado las relaciones diplomáticas entre familias nobles, pues todos estaban cortados por el mismo patrón, y hacer algo que les incomodase me llamaba demasiado.
- ¡Mi señor! -Afecta el tono como una de esas damas, bromeando y con una sonrisa,- ¿cómo permitís que os hiera la espada de uno de vuestros soldados? -Ríe al imaginarlo.- Sería divertido. - Sonrío al escuchar su risa sincera, hacía muchos días que no escuchaba ninguna, de nadie, desde que padre murió y era agradable de oír, más en los tiempos que comenzaban a correr. Me ve sonreír de reojo y siente... ¿Alivio? Decide que no tiene tiempo para analizarlo pero baja las manos, un instante.- Hacía demasiado tiempo que no os veía sonreír de verdad, Ehlark. -Mis ojos la hacen sentir pequeña durante unos segundos.
- Quizás porque no tuve motivos para ello, Aurae –Respondí, pasando la mano por encima de la mejilla, sintiendo la herida de esta ya sin dolor alguno– Os agradezco las molestias, milady.
- Cuidaros es mi obligación como súbdita, ¿no? -Sonríe y desvía la mirada a la herida. Acerca la tela para limpiar los restos del ungüento sin ganas de levantarse y apartarse.- ¿Os duele?
- No, no me duele. Creo que os otorgaré el título de curandera –Bromeé levemente, desviando el rostro hacia el suyo con una sonrisa– No se os da mal, y sois paciente con los heridos.
- Creo que sólo con vos, -admite y arruga la nariz con una sonrisa.- Cualquiera lo habría hecho mejor pero... -Se inclina deprisa y deja un beso delicado junto a mi herida. Después se levanta, deprisa, con una risa que suena demasiado sincera y no deja que vea su rostro. Cierra la cajita con el ungüento para ocupar las manos.
- Igualmente, os lo agradezco, Aurae. –Levantándome del sillón no pude evitar esa vez verla más atractiva de lo normal. Algo en su repentina actitud lo incrementaba, pero no sabía exactamente el qué podía ser.
- No tenéis por qué hacerlo, Ehlark, -Dice mi nombre despacio y se gira a mirarme.- Sólo... Intentad que no os hieran.
- ¿Eso es preocupación por mi, mi lady? –Pregunté curioso, avanzando un par de pasos con los brazos cruzados, hacia ella.
- Ya sabéis la respuesta a esa pregunta...-Desvía la mirada al suelo con media sonrisa, sabiéndose descubierta.
Sonrío de nuevo ante esos gestos, esa timidez, esa sinceridad, probablemente fuera eso lo que me atrajese, quién sabe. No lo sabía ni yo, pero en esos segundos me daba igual. Sintiendo un impulso inesperado terminé de acortar distancias con ella, ladeando el rostro y posando mis labios sobre los suyos en un efímero roce. Se estremece y cierra los ojos al notarme tan cerca y cuando mis labios la rozan siente el impulso irresistible de acercarme y profundizar el beso pero sabe que sólo me alejaría. Su parte consciente lucha con sus instintos y vence y ella responde a mis labios en el idioma en que estos hablan, abandonándose en el momento. Llevando la mano a su nuca simplemente me dediqué a saborear su roce, esa sensación que me provocaban. Sin pensar en que luego volvería a arrepentirme por dar señales equivocadas con mi actitud, decidí alargarlo un poco más. Sus manos desobedecen y suben por esos brazos que aparecen en los sueños que no puede controlar hasta quedar apoyadas en mis hombros, confiadas en la estabilidad de los mismos. No sabe en qué momento ha dejado de poder pensar con claridad.
Sintiendo aún su aliento sobre el mío escuché una voz que me reclamaba por los pasillos. Lo que me hizo volver a la realidad y recordar que probablemente los soldados en verdad no se hubieran ido. Y me estuvieran buscando.
- Debo irme.
Aurae baja las manos y desvía la mirada, recobrando el aliento y asiente. Me mira a los ojos una vez más, sin palabras. Quise decir algo. O pedir disculpas por haberme dejado llevar de esa forma. No lo se. Pero no supe más que decir así que salí de la estancia, limpiando las marcas de carmin del rostro, buscando con insistencia a quién me reclamaba.
David Ellingsen
Hibernus
21st century