Sólo respiro
No me hace falta nada, es cierto, pero no puedo evitar sentir ese vacío inexplicable. Me encuentro dentro de un sueño donde soy la sombra de mi propia fe.
Ya no hay caminos, senderos o veredas, únicamente existe el mar y en el medio existo yo, con esta impaciente angustia que me estruja el cuello, que me hace temblar y me empuja a ese pozo de pensamientos oscuros.
La inmensidad del porvenir se aferra a mí, tirando de mis extremidades, y sin importar cuánto intenté huir, siempre vuelvo, siempre vuelvo.
Mi cuerpo carga con el peso de vivir, de saber que debo continuar con este ciclo absurdo, pero, -respiro-, no es más que un monólogo matutino, un discurso no apto para personas felices. Mientras mantenga esa sonrisa, nadie debería sospechar la verdad.
¿No es así?














