EL TUMOR ENERGÉTICO Y LOS RESENTIMIENTOS
Paciente femenina, joven, acudió a mi consulta porque sentía presión y dolor en un punto específico de su cerebro, en el hemisferio izquierdo, cerca de la coronilla, con cierto adormecimiento que recorría el lado izquierdo de su cabeza cuando se presentaba el dolor recurrente. Procedí a hacer una evaluación con Reflexología Podal, pero no hubo reacción en la zona asociada al cerebro, por lo que deduje que físicamente no había nada, incluso ni energéticamente, en términos de una concentración energética densa. Procedí al “escaneo” con mis manos. Muy cerca de la área del dolor, detecté un bulto, como un tumor, sin consistencia física, un tumor energético. Le advertí que haríamos el tratamiento 3 días seguidos. Enseguida le impuse manos en la coronilla de su cabeza mientras le iba comunicando mi lectura de lo que allí estaba sucediendo. Había mucho desorden energético en su cerebro, la energía estaba muy acelerada, como producto de malos hábitos alimenticios y del sueño, que en respuesta fueron confirmados por la paciente con minucioso detalle. Dejé allí mis manos hasta sentir la armonizacion y ordenamiento de esa energía. Al 2do día la paciente manifestó sentir solo leves síntomas. Al imponerle manos en la zona ya no había desorden energético, pero todavía se sentía el “tumor”. Seguí con la lectura y su cerebro me comunicó que allí había un resentimiento crónico hacia su padre, que también confirmó, por lo que entendí que era urgente sanar para evitar la malformación en el cuerpo físico. Los resentimientos son energías “rumiantes” que carcomen el alma y el cuerpo físico.
Enseguida procedí a constelarla con su padre, con psicoterapia, para traerla a la consciencia de ser adulto y estar en el presente para lograr la comprension y llegar al perdón.
Al 3er día sus síntomas habían desaparecido. Le impuse manos y noté que el tumor ya no estaba, que esa energía era un programa de Mártir que ella arrastraba de su línea ancestral femenina, por fidelidades ciegas al sistema familiar y a sus viejas creencias. Mi corazón fue testigo de la transfiguración de su rostro.
Jeanette Menben











