BLANCO WHITE: EL HETERODOXO ANDALUZ
LOS RETRATOS MAS CONOCIDOS DE BLANCO
PLACA EN LA CALLE JAMERDANA DE SEVILLA
Recientemente he leído un magnífico libro de Stefan Zweig, Castellio contra Calvino. Un auténtico manifiesto contra la intolerancia y el fanatismo que debía ser recomendado para los jóvenes especialmente en estos tiempos de renacidas intransigencias políticas. A partir de ahí he pensado en dos escritores españoles, sevillanos por más señas, que denunciaron la intolerancia de su tiempo, en circunstancias muy diferentes, y que fueron silenciados durante muchos años; solo en los últimos tiempos con los nuevos aires de libertad que llegaron a nuestro país con el fin de la dictadura franquista se ha podido reivindicar la figura de ambos en dos siglos diferentes: José María Blanco White en el siglo XIX y Manuel Chaves Nogales en el XX. De este último ya he hablado en ocasiones y su obra constituye por sí misma un extraordinario archivo histórico de nuestro país y de la Europa de entreguerras.
Pero si a Chaves se le ha terminado considerando como uno de los grandes escritores españoles (posiblemente el mejor periodista) del siglo XX, a José María Blanco White se le ha considerado como otro gran periodista y un adelantado del liberalismo (en el sentido más noble y progresista de este concepto y no en el usado actualmente) en España. Hoy vamos a presentar algunos de sus textos y una breve semblanza de su vida.
José María Blanco Crespo nació en Sevilla en 1775; era hijo de un comerciante británico de apellido White que españolizó como Blanco. Muy religiosos, ambos progenitores influyeron para que José María terminara haciéndose sacerdote y sus dos hermanas monjas.
Tras varios años de sacerdocio, con evidentes dudas religiosas y opuesto por completo al internamiento de sus dos hermanas en conventos de clausura, José María abandona la religión católica y comienza su andadura literaria. Durante la Guerra de 1808 escribe su Oda a la Junta Central pero sus críticas hacen que se le declare persona non grata por las propias Cortes de Cádiz. Mantiene relaciones con una mujer con la que tiene un hijo, hecho que no conocerá hasta posteriormente a la muerte de esta, por lo que hallándose ya en Inglaterra reclama al niño y allí lo educa. En 1810 se embarca en Cádiz con dirección a Inglaterra y continuará con su carrera literaria y ya nunca volverá a España. En tierras inglesas adopta el nombre por el que será conocido: mantiene su primer apellido (Blanco) y le añade el mismo, pero en inglés (White). En 1820 escribe en español e inglés Cartas de España que pasan por ser descripciones costumbristas de la vida y las fiestas en nuestro pías pero que en el fondo suponen una crítica a la intolerancia y al atraso de España y a la perniciosa influencia de la iglesia católica en todos los sectores.
En Londres publicó El español, prohibido en España, donde se muestra comprensivo con los españoles americanos que se estaban levantando contra la metrópoli, aunque Blanco siempre dejó claro que era partidario de la autonomía y no de la independencia (recomendaba una comunidad de naciones hispanas). Esto le acarreó la condena de las Cortes de Cádiz. De esos años son también sus Ensayos sobre la intolerancia, Ensayo sobre la educación en España o Cartas de Juan Sintierra. En 1841 fallecerá en Liverpool.
Durante el siglo XIX y gran parte del XX Blanco White fue relegado al olvido por los sucesivos gobiernos reaccionarios amparados por la iglesia católica española. Curiosamente su “renacimiento” se debe a uno de sus mayores enemigos que en una enorme paradoja rescata al sevillano como uno de los heterodoxos españoles dedicándole todo tipo de insultos (apóstata, infame, antipatriota o filibustero entre otros) pero dejando de soslayo entrever una cierta admiración por el escritor andaluz.
Casi coetáneo de Blanco, Larra se preguntará: Quiénes son más patriotas, ¿los que aman a la patria porque no les gusta, o los que aman a la patria porque les gusta? Para Juan Goytisolo queda claro: “La obra de Blanco White es excepcional porque es el punto de referencia indispensable para los defensores del concepto de ciudadanía en el marco de una España abierta y plural. Los patriotismos que únicamente miran atrás y fomentan lo privativo no atienden a razones: se apoyan en sentimientos y creencias viscerales”.
Para muchos Blanco White es el precursor del liberalismo n España; para Juan Goytisolo, Blanco es el pensador más notable de esta corriente constitucional, precursora del proyecto laico y republicano de Manuel Azaña. Su crítica al fanatismo y a la intolerancia se mantiene vigente cuando estamos sometidos globalmente a fundamentalismos religiosos y políticos. Por todo ello se hace necesaria su reivindicación y su relectura.
Dejo unos fragmentos de Cartas de España y un poema como una especie de pequeño trailer:
De CARTAS DE ESPAÑA (1822):
“Pero nuestra enfermedad es la más horrible y compleja que jamás haya hecho presa en las entrañas de la sociedad humana. Con algunas de las cualidades más nobles que un pueblo pueda poseer -usted me excusará este involuntario arranque de parcialidad nacional-, estamos peor que degradados, nos encontramos depravados por aquello mismo que debería servir para alimentar y promover todas las virtudes sociales. Nuestros corruptores, nuestros mortales enemigos son la religión y el gobierno".
(…)
"Consiguientemente, la muerte de un niño es motivo de alegría para todos, excepto para aquellos en cuyos pechos la Naturaleza habla demasiado alto como para que su voz pueda ser sofocada con argumentos teológicos. Los amigos que visitan a los padres contribuyen a aumentar su dolor al felicitarlos por haber acrecentado el número de los ángeles. La frase usual en estas ocasiones es ¡Angelitos al cielo!, duro cumplimiento que nunca deja de arrancar nuevas lágrimas de los ojos de una madre".
(…)
“La religión, o mejor dicho, la superstición está tan íntimamente ligada a la vida española, tanto pública como privada, que temo cansarle con mi continua referencia a ella. La involuntaria sucesión de ideas me obliga a entrar ahora mismo en este tema inacabable (...). La influencia de la religión España no conoce límites y divide a los españoles en dos grupos: fanáticos e hipócritas. En un país en el que la ley amenaza con la muerte o la infamia a todo disidente del tiránico dogmatismo teológico de la iglesia de Roma, donde todo el mundo es no sólo invitado, sino forzado, bajo pena de cuerpo y alma, al cumplimiento de esta ley (...) ¿No están condenados los disidentes ocultos a una vida de degradante sumisión o desesperado silencio? (...). Los grandes de España se han degradado por su servil conducta en la Corte y se han hecho odiosos ante el pueblo por su insoportable altanería fuera de ella. Con su mala administración y sus extravagancias han arruinado sus casas y con el descuido y abandono de sus inmensas propiedades han empobrecido el país. Si hubiera una revolución en España estoy seguro de que el orgullo herido y el espíritu de partido les negaría en la constitución la participación en el poder a que le dan derecho sus estados, sus antiguos privilegios (...). Seguirán siendo una pesada carga para el país, y por otra parte, el temor a perder sus excesivos privilegios y su oposición a aceptar las reformas que deben rehacer sobre todo en ellos y en el clero, los pondrán siempre del lado de la corona para restaurar los abusos y arbitrariedades de un gobierno despótico”.
(...)
“Pocas son las ventajas que un joven puede sacar de los estudios universitarios en España. Esperar que exista un plan racional de estudios en un país en el que la Inquisición está constantemente al acecho sería manifestar un desconocimiento total de las características de nuestra religión (...) ¿Quién se atreverá a caminar por el sendero de la cultura cuando conduce directamente a las cárceles de la Inquisición?”.
(…)
“Como ni en Madrid ni en los (Reales) Sitios se conocen los coches de alquiler, causa compasión y risa al mismo tiempo el ver salir, después de un laborioso tocado, a estos jueces, intendentes y gobernadores en embrión, vestidos de gala, caminando en medio del barro y dirigiendo ansiosas miradas a las chorreras y puños de encaje, mañosamente atados a las mangas y al chaleco y, que a causa de un desgraciado accidente, pudieran mostrar a la luz pública la basta y descolorida camisa que intentan ocultar. Así van penosamente camino del Palacio para vagar por sus galerías durante horas y horas hasta que consiguen hacerle una reverencia al ministro o a cualquier otro gran personaje del que dependen sus esperanzas. Cumplido este importante deber, vuelven a la pensión a tomar una escasísima comida, a no ser que su buena estrella les haya deparado una invitación. Por la tarde tienen que hacer acto de presencia en el paseo público donde la familia real toma el aire diariamente, tras el cual terminan la jornada asistiendo a la tertulia de alguna gran señora, si han tenido la suerte de obtener su venia para presentarle este diario tributo de respeto”.
POEMA LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA:
Gran Dios, cómo atormenta
Con crueldad sin igual, el hombre al hombre!
Ya con furia violenta Se arrastran al cadalso y a la hoguera; Ya con malicia refinada y lenta, Impiden la víctima que muera, Y, pues no quiere a discreción rendirse, Buscan cómo obligarla a maldecirse. ¿Y quién es el verdugo, Quién el juez sin piedad? ¿Un sacerdote Del antiguo Moloc infanticida? No; de un Dios (según dice) a quien le plugo, Por amor de los hombres dar la vida. Su ministro se llama y toma el Mote De mansedumbre; Paz es su divisa, Mas ¡ah! qué mal se avisa El que en tal mansedumbre confiado. Duda modestamente Su saber infalible: De repente Verá al Cordero en un León mudado. «No es humano saber, ni saber mío (Responde el Santo Preste, en ira ardiendo) Audaz, mortal, en el que yo confío: Del cielo descendido, Reposó en mí un influjo soberano, Que ha de humillar todo saber humano». ¿Reposó en ti? ¿Mas cómo es que contiende Consigo mismo el inspirado bando? Cuál cadena volcánica se entiende Llama sacerdotal, que rebosando El universo enciende. El cielo contra el cielo peleando Es odioso espectáculo, que ofende Al hombre racional. Qué! ¿Envolvió en guerra El cielo a los que dio a regir la tierra? Haced la paz primero Entre vosotros si queréis que escuche Vuestra doctrina del Universo entero No procuréis que luche El ignorante pueblo en las querellas Con que esparcís centellas De odios inextinguibles Más que el error a la virtud temibles. Mas en vano os exhorto: Del Fanatismo y la ambición aborto, Los que tenéis raíces en el cielo Nunca podéis dejar en paz el suelo.
27/4/2019












