Hoy decidí salir de mi madriguera luego de muchos días intentando inconscientemente ocultar mi piel de los rayos del sol (o quizás lo hacía de manera consciente y no quiero admitirlo por aquí.
Los días que me mantuve allí me hicieron pensar, pensar mucho, analizar y sobre analizar todo. ¿A qué me refiero con todo? Pues, más o menos… todo. Mi vida, mi familia, mis amigos, mi desenvolvimiento personal, mis estudios, mi comportamiento y mis emociones.
Bueno, quizás no es todo, todo. No pensé, analicé y sobre analicé la literatura francesa de principios del siglo XX o la mecánica de fluidos, pero sí que pensé mucho en mí. Como siempre, egoísta se nace y yo me creo ser el “todo”.
Una ducha algo larga (que probablemente no le hace muy bien al medio ambiente pero sí a mí cabecita), una mascarilla de arcilla y una crema humectante simbolizaron los pasos que me encaminaron fuera de mi escondite.
Y es que resulta que a lo mejor no había nada de qué esconderme.
Fresquito y humectado me di cuenta que debía cuidarme y pensar en mí mismo, en mis metas a corto y largo plazo.
Con la luz solar destellando sobre mis ojos entrecerrados y los rayos calientes siendo absorbidos por mi piel renací.