El Festival Nuevo Día desembarcó en la ciudad de Rosario revelando la esencia de la escena musical
Mujer Cebra, Bubis Vayins, Buenos Vampiros, y muchas bandas más.
Por Greta Meyer. Fotos por Kiki Valentini.
Una nebulosa resonante nos absorbió bajo el nombre de Festival Nuevo Día; todos los presentes tuvimos la oportunidad de gritar, poguear, bailar, reventarnos la cabeza y más. El festival dio lugar a que el under local y la movida bonaerense se junten en un escenario, en el Galpón 11, frente al río Paraná.
El viaje comenzó con Sakatumba, banda de Buenos Aires que, renegada de ser etiquetada de forma simplista, reflejó el concepto de ser la nueva ola; sintetizadores psicodélicos, funk, noise, elementos del jazz y hacer sonar sus influencias del rock nacional, más toda la estética gótica que los engloba. Al que no los conocía, capturaron, y al fan, lo dejaron encantado.
Le siguió Daddy Rocks, un proyecto musical alternativo, arraigado en nuestra ciudad desde hace varios años, presentando una enérgica interpretación de sus canciones, incluyendo en el setlist "La Hora del Terror" y "Yendo a Tu Casa".
Después de ir entrando en calor, Gladyson Panther irrumpió en el escenario, con una carpa de camping, su pasamontañas rojo y canciones para sus amigos y enemigos.
Siendo una propuesta diferente a lo que veníamos escuchando, el Hiperpop colmó nuestros oídos, con sonidos estallados y muchos colores. Incluso interpretó uno de sus clásicos "Courtney Love" en un formato más de balada, y también invitó al artista rosarino Cyberangel a compartir escenario. Sin duda un show donde todos los amigos estuvimos.
Adentrada la noche, bajo una luna roja sangrienta, se presenta Buenos Vampiros, banda marplatense que devora la escena indie rock actual. Afortunadamente y por segunda vez en Rosario, recorrieron todos sus clásicos, infundiendo en la puesta en escena una euforia que se transmitía directamente al cuerpo del público, culminando el recital con gritos salvajes e Ignacio Perrotta (guitarra y voz) tirado en el piso.
¿Qué se espera después de tanta intensidad? En este caso, lo contrario a relajar: entra al round Dum Chica pisando fuerte, moviendo el piso y formando el ritual de rondas para poguear. Gritos, sapucais, y la incesante manija del punk. Es digno de resaltar que el Power Trío tiene una estructura de bajo, batería y voz, sin la necesidad de una guitarra para sonar espectacular.
Y para no dejar de sorprender, también se sumó al show de Dum Chica Irina Tuma, la cantante y guitarrista de Buenos Vampiros, que subió al escenario y acompañó con su voz una canción.
El público vuelve a poner los pies sobre la tierra con Bubis Vayins, icónica banda del under rosarino, que nos abraza entre melodías indies (sin ir más allá, aunque se pueda ampliar) con letras que apelan a un universo de realidades sentimentales. Descomprimimos, ansiedad!, bailamos y cantamos, recitamos catarsis y nos sentimos identificados en cada lugar de este recital. Gracias por ser la banda más cercana a lo que uno tiene para expresar.
Para finalizar el festival, celebramos una ceremonia instrumental, gracias al sonido de Mujer Cebra; épica banda de capital federal, que tiene para ofrecer una experiencia de reminiscencia al Post-punk original, que afloraba en Inglaterra hace décadas atrás.
Gigantes en lo que hacen, los cebras, pueden ser inclusive impulsores de una nueva forma de catalogar un género musical, que se creó bajo el angustiante -pero inspirador- contexto de encierro. ¿Por qué no ver el sonido de post pandemia como una actualización de un crudo post punk?
Seis horas de festival y la gente, aunque cansada, se quedaba a contemplar un setlist perfectamente pensado: arrancando por "Adrenalina" (canción del disco homónimo de la banda), donde tiene lugar a destacar cada instrumento, seguida de los clásicos como también los nuevos singles, para luego cerrar con un corte unrealsed titulado "Fantasmas", de oscuro y explosivo sonido.
Una entrega completísima, mostrando la vida autogestiva y generando cercanía entre el público y artistas, acompañándonos en el viaje del NUEVO DÍA, que hace emerger en cada uno de nosotros la pasión por el movimiento, por las bandas, la música y el sentimiento.
Es una de mis canciones favoritas del momento, la habré descubierto hace uno o dos meses. Siempre tuve una debilidad por las canciones que tienen mucha letra.
Toda la canción me gusta, pero la segunda mitad (la más intensa?) es increíble. No pienso hablar de teoría musical o de poesía, sino de lo que me genera, lo más subjetivo de lo más subjetivo. La parte que dice "el peor verano de la historia, la pesadilla es la calma" me parece hermosa y creo que voy a usarla para un futuro libro, o algo que vaya a escribir.
Creo que hubiese sido una canción que, de encontrarla en mi adolescencia, hubiese sido linda de escuchar, una especie de pesimismo reconfortante (como si no fuesen mutuamente excluyentes, pero están en tensión). Es que, por un lado, dice que "vas a odiar al mundo y a sentirte sola, pero todo eso va a pasar", pero, por otro lado, también "no hay promesas de futuro, quemamos miles de etapas"; que es un resumen más o menos de la experiencia adolescente misma (y lo primero, eso que todo adolescente querría escuchar). Para rematar con un intenso "Dime qué pasa mañana", a modo de reclamo (completamente justificado) a alguien (¿autoridad? ¿padres?) que no nos está dando la certeza que debería darnos.
Lo que es un poco preocupante, y capaz hace que la canción siga llegándome, pese a haber dejado la adolescencia atrás hace ya un rato largo (por ende, causando en mí algo más que solo nostalgia), es que esa incertidumbre se mantiene una vez entrados en el mundo adulto. O es una adolescencia que se extendió, y perdura hacia el infinito. Porque yo (como adulto) tampoco sé qué va a pasar mañana.
Y no digo que no sé qué va a pasar mañana en un sentido de clarividencia o de una predicción por el estilo; sino que no está la certeza (en el contexto social, político, económico, cultural actual) de si vas a seguir teniendo trabajo o casa. O refugio. O souvenires de cumpleaños.
No sé cuál va a ser el objetivo de este Tumblr, creo que lo voy a usar a modo de diario personal y escribir sobre lo que me gusta (cuando pueda, cuando quiera).
Quizás no fue la forma más feliz de arrancar, porque la canción termina dejando un sentimiento agridulce; en donde al final parece que la única alternativa que plantea el contexto es una autodestrucción egoísta (mi cuerpo es mi templo y lo destruyo si quiero) o sostenernos en fantasías de violencia (y en llorar, gritar y dar portazos e irnos a la mierda, en un capricho).
Hay gente que tiene suerte y puede elegir, como medio dialoga con otra canción de la misma banda, que, escrita por Dalia Desamor, dice:
Que ciertos especímenes del género humano
cuentan con más tiempo
a su disposición para procesar información,
más que otros.
Los bien cuidados,
los bien nacidos,
los bien irrigados.
Pero supongo que para "La Niña Soledad" (la canción recién citada) habrá otra publicación en algún momento. Sobre "La flecha envenenada" cierro diciendo que, ojalá, todo ésto pase, porque es difícil no sentirse solo y no odiar al mundo hoy.