Después repitió que él conocía la historia de la chica y el juez mejor que nadie porque se pasaba las noches escuchando aventuras y delirios y sueños de todos los desesperados que venían a morir a la frontera. Tocaba a partir de las ocho y hacía varias entradas hasta que empezaba a clarear y siempre alguno le contaba algún cuento extraordinario. El pianista pensaba que las piezas que tocaba en el piano y las historias que escuchaba en el cabaret formaban una sola melodía. Como si él las acompañara en el piano, como si la vida no pudiera ser contada sin música de fondo
El pianista, cuento de Ricardo Piglia












