"Los problemas comenzaron con el nacimiento de Julieta. Antonia culpó al desequilibrio hormonal. Pedro, en cambio, ni siquiera lo notó. La niña estaba sana; la madre también. No hay mayores preocupaciones para los padres. Pero Antonia supo, con ese sexto sentido con el que había aprendido a convivir, que la niña no era suya. No le pertenecía. La duda comenzó con la primera contracción. Como si algo en sus entrañas se rebelara. Y se reveló entonces la verdad. Estaba pariendo a su madre. La biológica, no la que la crio. La otra. Aquella que nunca había dejado de ser una universitaria despreocupada. Esa que murió antes de que se le detuviera el sangrado posparto. Esa misma que vivió solo para parirla a ella y luego ser asesinada. Esa misma estaba ahora volviendo a nacer completando el círculo vital". (p. 43)
Una mujer corre - Bibiana Ricciardi













