La ví hace relativamente poco por primera vez. Pero siento que pude haber tenido mí propia "Antes de amanecer". Fue hace unas semanas, en el día de la Patria. Me junté con amigos para ir al museo y luego nos tomamos unos tragos en la peatonal a unas cuadras del obelisco. Fue un bello momento compartido. Cuando me estoy yendo, entré en estación Uruguay del subte B, como si fuese algo premonitorio. El estado de embriaguez que tenía era moderado, es decir podía caminar y hablar e incluso reconocer el espacio que me rodeaba. Aunque sí me sentía algo mareada. Cuando camino hacia los molinetes tratando de ver de qué lado debía descender es que veo que alguien me venía observando mientras caminaba paralela a mí en mí misma dirección. Me sonrió. Le sonreí. Me dice "Hola, cómo estás? Sabes para qué lado tomar para bajar en estación gallardo?". Le respondí que no lo recordaba (pues siempre me olvido ese recorrido ya que la b no es una línea que utilice con frecuencia). Me ofrecí a buscarlo con mí celular. Ella se quedó al lado mío esperando mientras juntas revisabamos los resultados de la búsqueda. Me resultó atípico pero admirable que en la ciudad de la furia y el ajetreo alguien se tomara el tiempo de esperar una respuesta. Cualquier persona en su lugar se hubiera ido decepcionada. Pero ella se quedó paciente. Le dije que del lado izquierdo, que resultaba ser el mismo que el mío, es decir ambas viajaríamos en el mismo sentido. Cuando ella se adelanta a pasar por el molinete, yo no lograba encontrar mi sube (mí estado me aletargaba). Ella saca su sube del otro lado del molinete y me paga el viaje. Me ofrezco a devolver el dinero y me dijo: "no, en Uruguay son más caras las cosas que acá.. no te preocupes". Le agradezco y al instante le pregunto "sos de Uruguay?" A lo que me respondió "Sí. Yo soy de allá. Pero vine a ver a una amiga de por acá". Ahí noté no sólo que tenía unos ojos avellana oscuro tan bellos, sino también unas pecas que bordeaban sus pómulos y un perfume dulce que hasta hoy no olvido. Una hermosa mujer. Yo creí que con decirme eso bastaba y me ignoraría al minuto siguiente. Creí que por estar ebria notaría algo en mí y se alejaría. Pero no. Fue increíble como se mantuvo al lado mío hasta que vino el subte. Subimos. Y se me sienta al lado. Hablamos de política, de la situación del país, de la maternidad, del derecho al aborto... No sé cuánto duro ese viaje, pero siento que hablamos como si nos conociéramos de años, de otra vida. No podía dejar de sentir una calidez en mi pecho por hablar con alguien que recién conocía y que le interesaba hablar conmigo de cosas que no se suelen hablar ni bien unx se conoce con otra persona. Me expresó su nulo deseo de maternar como el mío, y dijo que compartía mis mismas razones. Su sonrisa me deslumbraba cada que aparecía al final de cada conversación. Cuando me di cuenta era la hora de bajarme. Me despido a lo que ella me da un beso y la mano. Le pregunto su nombre. Valentina, me dice. Mucho gusto, yo soy Damy. Y me fui. Un encuentro mágico y corto, no sé si exacerbado por el estado de embriaguez. No lo sé y no me interesa. Sólo se que amé cruzarme a una desconocida, de otro lugar, de otra vida, compartir un instante de coincidencia. Eso me llenó el alma. Tanto, que hasta hoy día todavía la recuerdo y me sonrío.
Quizá, si hubiésemos seguido de viaje juntas, hubiésemos sido la versión rioplatense de la historia entre Céline y Jesse. Quién sabe?