Margo Stookey es una doncella que actualmente reside en el palacio ubicado en Angeles. Nació hace 22 años en la provincia de Labador. Es de casta 6 y los habitantes de la nación dicen que guarda cierto parecido con Sasha Luss.
► Fecha de nacimiento:
17 de octubre.
► Aporte que hará al palacio:
— Sinceramente, no sabría decirlo con exactitud… ¿Espero encontrar un marido aquí? Es decir ¿Quién no querría vivir una épica historia de amor en un majestuoso palacio, llena de romanticismo y secretismos para evitar ser descubiertos por las crueles garras del villano de la película? —no habían pasado ni cinco minutos de la entrevista que la muchacha ya había metido la pata, mas la gran sonrisa que decoraba su rostro indicaba que solamente estaba bromeando—. Vale, no. Si bien los guardias deben estar en óptimas condiciones y presumo son un placer a la vista… no, no puedo decir que estoy aquí para cumplir mis fantasías —rió por lo bajo, acomodándose un rebelde mechón de cabello detrás de su oído mientras sus orbes color café se enfocaban en los entrevistadores—. Juro que trabajaré con mis mejores y más honestas intenciones: simplificares la vida a cada uno de los residentes, asegurarme que siempre tengan ropa limpia, un poco de compañía y un largo etcétera. Tampoco quiero aburrirlos porque ya han de saber las especialidades que una doncella requiere, sólo sepan que cumplo con cada una de ellas.
► Cuéntenos un poco sobre su vida:
— Podría estar en mí mentirles, fingir que he llevado una vida son muchos sobre saltos pero creo que sería demasiado y les daría la excusa perfecta para que me encierren en los calabozos en lugar de otorgarme el empleo —ladeó la cabeza a un lado e hizo una pausa para añadir cierto dramatismo a cada una de sus declaraciones siguientes—. Nací en Labrador, siendo la primer y única hija que tendrían el matrimonio Wilde. Mi madre tuvo complicaciones durante el embarazo por una causa desconocida, hasta que luego descubrieron que tenía una hernia de disco en la columna vertebral y los profesionales le recomendaron que debía dejar de hacer trabajo que requiriera mucha fuerza… además debía operarse, pero eso no se lo podía permitir una mujer de veintitantos años cuyo origen estaba en la casta seis ¿No trabajar? Tampoco era posible, pero mi padre insistió en que hiciera reposo de las labores, sólo trabajaría él… blah, blah, blah. Funcionó los primeros años, pero a la larga las necesidades que pasábamos fueron tan extremas que no, él no podía mantenernos a los tres con un salario que a veces ni siquiera existía. Los eventos que vinieron luego fueron casi naturales: cayó en la solución sencilla, robó y se dio a la fuga para ahorrarnos la vergüenza —lo narró de manera tan fría que uno dudaría que hubiese sido un hecho que le afectó, pero en realidad lo sufría hasta el día de hoy porque se sintió como un abandono para la blonda de delicadas facciones. Las malas decisiones de mucha gente le había quitado la chance de tener una familia como Dios manda, lo que la entristecía demasiado—. Es un ocho ahora si no me equivoco, con mi madre tuvimos suerte de no ser arrastradas en ese espiral degradante ya que ésta solicitó el divorcio para desvincularnos por completo del ser que ayudó a darme la vida. Ahí es que pasé a ocupar el apellido de soltera de mi madre, ya saben… pasé a ser Margo Stookey. Y ahí podría haber quedado todo, sólo que seguíamos con el problemita de que ella no podía fregar piso las veincuatro horas de la semana y yo seguía siendo demasiado joven como para comprender lo que estaba ocurriendo e intentar hacer algo al respecto —una risa amarga fue la que escapó de sus labios esta vez, pero la disimuló con una brillante sonrisa—. Con once años me vendió a una pareja de ancianos casta dos, suena bastante terrible pero eran muy buena gente dentro de lo que cabía. Me enseñaron más de lo que podría admitir y fueron bastante permisivos siendo que sólo estaba allí para servir. Aún así, ese fue el día que también perdí a mi madre porque no la volví a ver… no la culpo por la decisión que tomó, porque sé que le habrá dolido casi tanto como a mí… como sea, una cosa llevó a la otra y al final acabaron vendiéndome otra vez, en ésta oportunidad al palacio —finalizó con un ligero encogimiento de hombros el resumen bastante práctico de su existencia terrenal. El asunto de tratarse a ella misma como mercancía no le molestaba en lo absoluto, sabía bastante bien cuál era su lugar en el sistema que regía en Illéa y estaba más que contenta de haber alcanzado el nivel necesario para trabajar en el palacio siendo que era lo más alto a lo que una doncella podía aspirar—. No se arrepentirán de tal compra, seré buena adición a su personal.
► ¿Cómo describiría su personalidad? :
El cambio de preguntas alivió a la fémina, lo que hizo que dejara escapar el aire que no sabía estaba conteniendo—. Estridente por sobre todas las cosas, pero manteniendo siempre un trato de respeto con quien lo merezca. Educada cuando lo requiera, la señora para la que trabajaba me enseñó un par de truquillos de etiqueta y demás, por lo que sé comportarme correctamente si es necesario. Creo que ya habrán notado que me gusta hablar hasta por los codos, razón por la que no muchos gustan de estar a mi al rededor dado que soy la peor oyente que puede existir… pocas veces cierro la boca, aún así no es que ignoro a las personas a propósito o por gusto ¿Saben? Simplemente no lo controlo —explicó rápidamente, acompañando sus palabras con movimientos de manos—. A pesar de que he madurado bastante en los últimos años tanto por necesidad como por obligación, soy un tanto irresponsable de a ratos, si me permiten decirlo: me gusta ir donde el viento me lleve, trato de escribir mis propias reglas en casi todos los ámbitos de mi vida porque lo último que deseo es estar viviendo bajo los ideales de alguien más sin llegar a descubrirme a mí misma ni encontrar la paz espiritual que todos buscamos. Igual no se preocupen, hace mucho tiempo aprendí que las reglas del trabajo están para cumplirse y nada más —bromeó, soltando una risilla— ¿Creen que debería mencionar algo más? Porque podría continuar por horas.
► Datos extra:
— Estoy enamorada del amor, eso es algo que nunca me cansaré de repetir. No sólo del ideal casi utópico para muchas de encontrar el hombre perfecto que venga a rescatarnos en su blanco corcel (por más típico que suene) si no del amor en todas sus variantes: el amor fraternal, las amistades que se transforman en una preciosa hermandad… no hay nada que me alegre más que ver a la gente feliz rodeada de personas que aman, disfrutando de cada segundo que la vida les regala para pasar juntos. Si bien a mí no me tocó, sigo esperando el día en que algún día pueda experimentar un amor tan fuerte que me vuelva loca.
— ¡Adoro las trufas! ¿Pero saben lo complicado que es conseguir si quiera un bombón de buena calidad sin perder la cabeza en el intento? Demasiado, por si no entendieron. Tuve la suerte de que los señores para los cuales servía me obsequiaran una pequeña cajita con un par de deliciosas trufas dentro como premio por mi maravillosa labor así como también un regalo adelantado de mi cumpleaños número dieciocho. Esa mujer se ganó un lugar en mi corazón para toda la vida ya que aún puedo saborear el delicioso sabor en mi mente. Mi misión de ahora en más es ahorrar lo suficiente para comprar una caja enorme sólo para mí, después de todo cada quien debe permitirse un capricho de tanto en tanto.
— No tolero la intolerancia, por más extraño que suene. Si bien los señores que me compraron hace tiempo eran gentiles con todo aquel que perteneciera a una casta más baja, no era así el caso de sus amistades que me tocó conocer cada vez que venían de visita y me irritaba demasiado oír sobre cuán patéticos éramos los seises o que sucios eran los sietes que les arreglaban el jardín. Le tengo cierto recelo a las personas de mente cerrada o que son lo suficientemente tercos como para denigrar la opinión o existencia ajena sólo porque no cumplen con sus estándares.
— Desarrollé un gusto por la poesía en mis épocas de estudiante, había un pequeño taller en el colegio al cual asistía cada vez que me podía permitir el tiempo libre. No soy una experta ni mucho menos me las doy de escritora, pero es bueno dejar la imaginación fluir de vez en cuando y permitirse soñar con cosas imposibles que luego quedan expresadas en papel.
— Esto que les comentaré debe figurar en mi historia clínica, de todos modos soy alérgica al polen así que se imaginarán la tortura que significa para mí cada primavera y posterior verano. Por dicho motivo mi estación favorita es el invierno ¿Eso cuentan como dos datos en uno…? Ay, espero no haber dicho cosas de más.
Usuario: Cressida.















