Por favor, guárdame la valentía. Pónmela aquí, en este bote. Déjame la elevación déjame el cariño déjame la bondad déjame la belleza déjame los rostros déjame las mejillas las narices los surcos de los labios. Déjame el arrojo, déjame la admiración, déjame el estupor y el viaje adolescente. Déjame la posibilidad, mínima, remota, escondida en la grieta, de que a los valientes y a los buenos todo les vaya bien.















