Os voy a regalar un texto de esos de desahogo. Porque no todo va a ser intensidad. Porque no todo va ser el relato de cómo vi a un chaval romperse con los bomberos, los médicos, todo el personal, el césped brillante, alguien se comía un bocata calentito, y yo pasaba con mi música y mis gafas de sol: mi primer día en un despacho nuevo. Cómo me quite los auriculares, porque oí llanto desatado.
Mejor os regalo este desahogo. Largo y bien mío. Porque la vida y la escritura a veces va de derrotas, de caídas, de temblores, y de sentir muy clara la famosa imposibilidad. La existencia de esta serie es una ellas, pero mi desahogo, es gratuito, amoroso, y eufórico.
Allá vá. Es lo que tiene escribir cada día. Que sinceramente, no sabes qué camino vas a coger. Y eso es lo que mola en realidad. Un detalle mínimo contextual se convierte en el mayor tema.
De regalo: un texto largo.
En una serie de mierda que me estoy comiendo con patatas escrita por hombres (donde les pagan 0.10 céntimos extra cada vez que meten la palabra maricón y cojones)
Un momento, quiero volver a lo anterior:
Realmente reproduzco un fragmento de la serie -que voy a tratar de reproducir con extrema fidelidad- para que podáis entender el nivel de gravedad del atracón:
-Puta mierda, hermano, vamos a reventarles la cabeza a esos maricones.
-Qué cojones, ni que cojones, hermano, me cago en la puta, y yo soy tonto, no te jode.
-No, a ver, si el tonto soy yo, y el listo eras tú.
-Cállate, que viene la Rubia y la Flaca.
-¿Qué pasa Rubia, el felpudo también lo tienes teñido?
Y aquí viene un fenómeno muy interesante, ojo, atención, que es que estos tres señores (¡los guionistas!) se ponen muy nerviosos cuando las mujeres tienen que hablar (sí, Antonio, porque estamos en el puto 2024, hermano, tócate los cojones, y ahora desde arriba nos dicen que hay que meter personajes femeninos y que tienen que hablar, “personajes femeninos” yo alucino macho, pues yo más, qué cabrón, pues les vamos a reventar los cojones a los panchitos esos, bueno, en realidad el dueño de Movistar es un voxero estándar, así que no te preocupes por eso, hermano, que lo tengo controlado, van a hablar pero van a enseñar las tetas todo el rato, tú tranquilo)
Entonces viene una cosa fantástica que es que han dejado unas líneas en blanco, que han puesto en el guión: “aquí habla la pava”. Pero claro, llega la hora de entregar los guiones, y esos trozos subrayados de color amarillo hay que rellenarlos, y eso es duro, obvio, pero bueno, ponemos cualquier cosa. Es muy divertido, porque si te fijas (ojalá tuviera tiempo y motivación para analizar esto) pero es que cuando hablan las chicas, sobre todo la RUBIA, que así la llaman, RUBIA, y su objetivo, es bueno, ser RUBIA, menos un rato al principio de la segunda temporada (sí, voy por la segunda, no me juzguéis) que lleva una peluca MORENA, para enseñarnos el gran cambio interior que está sufriendo.
En fin, nuestra amiga, la RUBIA, que siempre fuma y lleva tacones de aguja, porque es como una especie de malota de la banda que no descartemos que en realidad podría ser un fantasma, porque dice frases Y NADIE REACCIONA.
Las mujeres en general dicen frases que no provocan verbo de acción, y eso es muy hilarante.
La hermana (cuya trama es: ser la hermana): “déjame de tus líos, me voy a estudiar”
La madre (cuya trama es: ser la madre pero con un audífono, que así da más pena): “ya sabes, es un cabestro” “a mí me vais a matar de un disgusto” “come cocido, hijo”
La amante (cuya trama es: ser la ex-novia.) Si eres esa actriz es un lujo porque tienes que estudiar muy poquitas líneas: ser una bailarina-stripper-que intenta suicidarse en una bañera llena de billetes porque tu ex-novio matón-cabrón-capo de la droga-pega palizas-en chándal está follando sobre una cama llena de billetes con otra es lo que tiene. Lo malo es que tiene que llorar mucho pero a la vez estar muy guapa y muy sensual mirando a cámara porque no sabe cuando va a llamar al timbre el otro y empotrarla, y eso cualquier persona humana que haya llorado alguna vez en su vida sabe que es complicado, pero ella lo da todo.
La novia (cuya trama es ser la novia, y la madre de su hija, y una mujer muy ofendida porque su novio matón-cabrón-capo de la droga-pega palizas-en chándal-vintage-deluxe-que nunca está encasa le pone los cuernos)
Os juro que no hay más mujeres con cara. Luego está stripper uno, stripper dos, Channel camarera porque a veces la amante no puede llorar sola y Channel tiene que decir cosas en plan: te juro que no vas a volver a llorar por él. Ah, bueno, hay una abuela (cuya trama es: ser abuela con frases como: ahí, tirando, voy a hacer unas lentejas) Stripper cuatro, stripper setenta y dos, bailarina quinientos setenta y tres. Ah, una sirvienta, que primero es como filipina (aunque no se le ve la cara) y luego la llaman Nicoletta, pero tampoco se le ve mucho la cara.
Ah, y una bebé, cuya trama es: ser la hija bebé porque en un momento de álgido drama los guionistas no sabían cómo solucionar un conflicto entre el protagonista cabrón-pega-palizas-capo de la droga y la novia y decidieron que un predictor en la mesa sería mejor QUE PONERLES A HABLAR. Os lo juro. Él ve el predictor meado, abre los ojos, ella le mira, se abrazan. Fin del capítulo, han pasado noventa y siete meses, es el bautizo de la niña, vamos, cojones, vamos.
Hay un pánico en esa serie a las conversaciones con mujeres que es bastante desternillante. ¡Hay que evitar que los personajes femeninos digan cualquier cosa con sentido!
Os juro que podría ser una serie de esas de fantasmas donde aún no sabemos que lo son, y por tanto nadie puede oírles, pero está muy bien escrito y no te das cuenta hasta el giro final. Entonces igual sí que le podrían dar un Óscar a la serie (o un latin Grammy por las secuencias musicadas de sexo, fiesta, y drogas que es lo que más le gusta al editor de lejos, digno admirador de MTVhits)
INT. NOCHE. Restaurante fancy. Un violinista o alguna pollada así.
Él: Cásate conmigo, Isa, coño, que estoy buenísimo aunque coma con los codos en la mesa así haciendo mucho ruido porque soy de barrio.
Ella: No puedo, porque estoy casada.
¿Cómo, pero eso es un bombazo, joder, un bombón de escena, qué interesante, cómo va a cambiar esa situación de poder, qué ha pasado, cómo, estos personajes van a ser muy atractivos/CORTE. FIN DE LA ESCENA. NOS LA SUDA.
La novia (ahora esposa y madre de la hija milagro que nació en una elipsis porque yo no sé ni cómo hablan las pavas, ni cómo meter a una tía embarazada en la trama, así que aligerando, vamos a las palizas y a las escenas de discoteca con culos flotantes) va a ver a la amante.
Se baja de un coche muy caro, muy sexy (ella, el coche no tengo ni idea, si algún día digo que un coche es sexy es que estoy secuestrada y es la clave que os dejo). La ex triste-pero-sensual que estaría haciendo alguna acción típica de chicas (estar en la calle) mira a la novia. Primeros planos. Cruce de puntos de vista. ¿Qué se van a decir? ¿Qué va a pasar? ¿Qué cruce de poderes e información alteraran el curso de la trama? NINGUNA. NO LO SABEMOS. NOS LA SUDA. QUÉ PEREZA DOS PAVAS HABLANDO. CORTE.
Se encuentran dos supuestas amigas, La rubia aka LA RUBIA y la esposa AKA LA FLACA (que son amigas porque os recuerdo que no hablan más mujeres en los doscientos capítulos) entonces, cuando la Flaca necesita ayuda para que su ex firme los papeles del divorcio, pues estas dos tipas que no tienen nada que ver, al tener tetas, y ser flacas, pues… se ayudan, yo que sé, “Manolo, escribe: sororidad de esa, que tanto mola ahora”.
Bueno, total, estas super amigas de la vida que no vuelven a interactuar y hace mil que no se ven:
La Rubia: qué tal tía, ¿cómo estás?
La flaca: no estoy en mi mejor momento
AQUI MOMENTO DE PÁNICO. LOS DEDOS SE LEVANTAN DEL TECLADO. LLAMEN A UN DIALOGISTA ME CAGO EN LA PUTA. ¿¿QUÉ SE DIRÁN MÁS DOS MUJERES?? BUENO, CALMA, MIRA, LO TENGO:
La Rubia: Y él, ¿cómo está?
Eeesoo es, la palabra clave: hablar de ÉL, que es lo importante en esta trama. Un tío que quiere proteger a su familia, pero en realidad no sabe ni qué comida les gusta, ni cómo se llaman, ni de qué color tienen los ojos las mujeres de su familia.
Y os contaría más cosas, pero es que más o menos la vida es así. Los capítulos duran cincuenta minutos, Movistar, me cago en mi puta vida (como dirían los poetas, perdón, guionistas) tan difícil es añadir más de treinta segundos de dos mujeres hablando.
Que yo entiendo que hay que recortar, y que es difícil escribir, pero es que LA CANTIDAD DE MOMENTOS que no aportan a la trama de los tíos diciendo frases tan importantes como: ¿está guapo o no está guapo? Vete a tomar por culo, caballero, la ventanilla d qué, de qué, de qué, que te reviento, hijo de puta, que soy de vallekas me cago en la puta, sabiendo que esos hombres se hacen una gracia de tres pares de cojones. Qué ocurrentes.
Lo malo es que en el fondo me encantaría escribir así, porque no te tienes que preocupar de nada, solo de escribir con el nabo tus fantasías homoeróticas, en las que claro; si la abuela, la hermana, la novia, y la ex-novia están durmiendo en casa sensualmente esperando a que nuestros héroes abran la puerta de un portazo: tenemos metraje de tíos, y tíos, y tíos a espuertas llevando todo el peso de la trama. ¿Y visualmente? Hombres, cuerpos de hombres, hombres dando hostias, hombres dando portazos, puñetazos, hombres acariciando puños americanos con el deseo con el que querrían que su hermano le acariciara los cojones, hombres en calzoncillos cortando farla, hombres en coche, hombres en moto, hombres haciendo manspreading, hombres fumando, hombres sacando tabaco, pipas, pistolas, trabucos, ah, perros de pelea, hombres dándose abrazos de esos de no decir nada porque a ver si vamos a ser maricones, hombres mirándose a los ojos dándose una pequeña paliza en la espalda como los dúos de rap en los conciertos (puedo entender que a veces superar una prueba de sonido con resaca de M en el festival suputamadre a trescientos grados a la sombra puede ser el equivalente a haber superado un ataque del Reichtag en trincheras, pero bueno: dejemos esa masculinidad para otro día).
En fin, hombres, hombres, hombres, hombres, tíos, hermanos, bros, hombres, hombres, coches, droga, palizas, bates de béisbol, maletas y bolsas fancy llenas de billetes, gimnasio, boxeo, hostias, hombres en chándal, en traje, en pelotas (bueno, eso no, que solo vemos tetas, aquí nadie enseña la polla aunque sea vuestro mayor deseo: a ver si vamos a pensar que sois maricones de esos).
Os lo diré en vuestro idioma:
Hombres, cómo os gustáis me cago en la puta.
Y hasta aquí mi review de esta serie que me he comido con patatas, gracias Movistar (he buscado el presupuesto de esta serie, pero claro, esto no es el puto teatrito público, aquí no hay un portal de transparencia donde yo al salir de ver las obras de teatro de mierda digo: ¿esta mierda ha costado medio millón de euros que lo he visto yo en el BOE?) En fin, gracias heteropatriarcado, y gracias ficción, porque yo venía aquí a escribir mis sentimientos y cosas majas, y he acabado exculpando mi atracón hetero?patricarcal (yo diría que accidentally homoerotic) gracias a la escritura, que sinceramente, es lo mejor que me ha pasado, aunque estos pobres guionistas no vayan a poder entender nunca cómo no estoy sensualmente delgada y desnuda esperando a que un matón aleatorio en chándal venga a guardarme droga EN EL COÑO. (Perdón perdón) Es que quiero terminar pero no puedo, solo puedo pensar en mis queridos actores En realidad pienso en las tres unidades de actrices, porque no me importaría que me dieran el papel de tío random de la serie: toma una chaqueta de plastiquillo y fumar y dar puñetazos a decorados diciendo me cago en Dios, pero ellas, recibiendo esos guiones, donde encima les quitan 0.10 de sueldo cada vez que dicen el nombre DEL SAGRADO PROTAGONISTA.
Amigas, salgan a crear, aunque luego tampoco te creas que sirve de nada, porque sin poder (poder de verdad: poder de panoja, poder de carguito en movistar o en el INAEM o en el ayuntamiento de Móstoles) tu creatividad se va a tomar por culo (ya estoy hablando como ellos) pero al menos, yo que sé, te echas unas risas.
Abrazo fraternal a hostias pa mis sistas.