Café entre amigos (24)
Una persona me preguntó reciente por qué yo decía que los abrazos eran bonitos lugares, y cómo una persona se podía convertir en un hogar o un lugar. Siendo sincera, me pareció una pregunta tierna e inocente. Pero a su vez, llena de profundidad.
Una persona no se convierte en hogar, el amor lo hace. El amor de vedad, no el que venden por ahí; efímero, doloroso, egoísta. No, me refiero al amor puro, el honesto, el que te vuelve otra persona y te hace mejor persona. Cuando alguien siente ese tipo de amor, indudablemente sus acciones reflejaran paz, calma, refugio. Cuando uno encuentra un lugarcito donde quedarse, en un abrazo, en una palabra cálida, en la compañía en momentos duros, en la mano de aliento, en el apoyo para proyectos o sueños. Entonces puede entender que hay personas que son tierra firme, que te apaciguan, que te llenan el alma. E identificarlas es fácil, porque lo sientes, porque puedes respirar alivio.
Y sí, sigo creyendo en personas que son grandes hogares, con calidez para los días fríos,lugares donde uno se siente cómodo, libre, feliz. Que por más que uno vaya a otros lugares, siempre quiere regresar, quedarse ahí, estar siempre en ese espacio que lo llena. Sigo creyendo que el amor es el único capaz de convertir a las personas en bonitos paisajes llenos de todo, para que den amor, para que enseñen. En la medida que uno se convierte en un buen lugar para estar, puede brindarle esa fortuna a otros y a su vez sentirlo. Pero, es importante dejar que el amor nos transforme, en permitir ser lugares bonitos para los demás y valorar a quienes lo son para nosotros.
Eso era. Sean felices.
Mar.



















