Bitácora Yucateca #21B. Calcehtok, Opichén y Haciendas—Yuayalké, Ochil y Mucuyché.
Saliendo de Pokoma y pidiendo información de cómo llegar a Yaxcopoil, nos dijeron si se regresa a Uman y toma la cartera son 29 Kilómetros, si se va por Calcetoh son como 40 kilómetros, pero vallase con cuidado porque la carretera es muy angosta, después de un microsegundo de reflexión, tomamos para Calcetoh, porque siempre hemos de tomar el camino más accidentado en lugar del más seguro, ha, es por el gusanito de la aventura, el no saber que vamos a encontrar, por el otro lado todo es predecible, eso no tiene sabor.
Vamos pues en pos de Calcehtok, después de rezarle a San goloteo nuevamente, para no encontrar coche en sentido contrario, ya que el camino es para un solo coche, vamos ahí, después de esquivar los más posibles hoyancos y checar que aún tenemos dientes, llegamos a Poblado Próximo, frenos, tope, brinco, Jordi se cae al suelo, perdón, continuamos, más topes, yo no sé porque ponen los pueblos sobre los topes, hay más topes que pavimento, Calcehtok fue una hacienda, y sobre lo que quedo de la hacienda, Tuvo su esplendor durante la época del auge henequenero y emitió fichas de hacienda las cuales por su diseño son de interés para los numismáticos. Dichas fichas acreditan la hacienda como propiedad de Eusebio Escalante.
Cerca de ahí se encuentra la Gruta de Calcehtok, un sistema complejo de cavernas conectadas que contienen atractivas formaciones geológicas, a las que se accede por un cenote y en las que han sido encontrados vestigios arqueológicos mayas de diversas épocas, vale la pena ir, en ella se encuentran sombreros de palma petrificados, que se fabricaron en el interior de la gruta y se han quedaron por más de mil años ahí, también se pueden observar vasijas mayas, que se dejaban para recolectar agua pura, estas vasijas se encuentran embutidas dentro de las estalactitas, que a través de los años se fueron formando hasta llegar al suelo, es un recorrido muy cotorro.
De Calcehtok siguiendo el mini camino, llegamos a la Hacienda de Yuayalke, fue una hacienda azucarera y que posteriormente se convirtió en henequenera, ese fue el caso de la industria azucarera en Yucatán que desapareció totalmente, para convertir todas las haciendas en henequeneras, de esta solo quedo la casa principal en ruinas y el chacuaco.
Poco más adelante llegamos a Opichén, la entrada al pueblo es un túnel de flamboyanes de un colorido, que parece un sueño, el sueño se ve interrumpido, por un grito, TOPES, brinco y salto. El nombre del municipio, Opichén, significa en lengua maya “pozo de las anonas o anona del pozo” ya que en el centro del pueblo existe un pozo antiguo y se dice que en tiempos remotos junto a este pozo se encontraba una mata de la fruta conocida en lengua maya como op”, considerando que opi, en maya es el nombre de la fruta que en español se llama anona, parecida al zaramuyo, chirimolla, o a la guanábanay chen” significa pozo, se dice que de ahí el nombre de Opichén, (anona del pozo, o pozo de la anona).
Sigamos con la narración y no más gritos, llegamos a una explanada y nos encontramos con una iglesia sobrepuesta a una más antigua, sobre la capilla abierta se construyó la actual, el Templo de San Bartolome data del siglo XVI y la posterior del siglo XVII, tiene un solo campanario al centro y el frente es de media luna. En la explanada Jordi se discutió con sus carreras. Después de buscar inútilmente por una tortillería, desistimos, todos los negocios estaban cerrados por ser domingo, salimos de Opichén.
Salimos hacia el Sur, y después de unos kilómetros, me encuentro un letrero a Calcehtok a la derecha, reversa ahora al Norte, o será al Oeste, fue horrible. Nadie sabe, nadie supo, no GPS, solo en medio de nada ni nadie, fue horrible, vamos norte regresamos y nuevamente adiós Opichen, seguimos y seguimos, nada de información, de repente salimos a una carretera de dos carriles, lo puedes creer, dos carriles, a Uxmal pa ka, Muna pa ya ¿????, ninguno es para dónde queremos ir, yo quiero ir a Yaxcopil, rumbo a Mérida, volado, como siempre pierdo el volado, vamos a Uxmal, más kilómetros de repente Hacienda Ochil y Abala, vamos a Ochil.
Bienvenidos a la Hacienda restaurant y artesanías Ochil, rápidamente le plantamos a Jordi su traje de Bel-Boy y entramos a la Hacienda, a la entrada nos encontramos con lo que eran los cuartos de servicio en un pasillo partido por la vía de truck, o sea la vía angostita que servía para mover los vagones con el henequén y llevarlo a lo largo del proceso, todo ello se movía en esos vagones jalados por mulas, sobre los rieles.
Visitamos un salón de joyería fabricada ahí mismo en filigrana con hilo de plata, era un verdadero trabajo artesanal muy bien hecho, lo bueno es que el fabricante vende directamente al consumidos, lo malo es que no hay suficientes clientes que compren el producto. La hacienda es una belleza con sus arcos moriscos, de la época y jardines muy bien cuidados, llama la atención el cómo las raíces de los árboles se agarran a la superficie, son raíces muy gruesas y se desplazan por muchos metros alrededor del árbol, esto debido a que no hay tierra, toda la superficie es rocosa.
Caminando por un camino bordeado en ambas direcciones de palmeras enormes, se llega a la casa principal, ahora convertida en un restaurant abierto por ambos lados y decorado admirablemente. Los muy sangres no nos dejaron meter a Jordi al comedor, ya ni friegan, a cambio nos cobraron $30.00 pesos por chiluca como visitantes.
La hacienda tiene un cenote, Jordi ni tardo ni perezoso se lanzó a las aguas refrescantes de tan preciado líquido, fue la envidia de quienes estábamos viéndolo.
Continuamos nuestro recorrido con destino a Mucuyché, pasando por Abalá y otra vez por enanos caminos y llenos de topes, llegamos a Mucuyché con la esperanza de poder entrar a la hacienda, este recorrido vale la pena, ya que para mí, el cenote de la Hacienda de Mucuyché, es un cenote abierto, está bajando una escalinatas y queda dentro de una concha, el techo cubre el cenote y tiene todo el frente abierto, el agua es azul transparente. Se dice que cuando Carlota la Emperatriz estuvo en Yucatán, se alojó en esta Hacienda y disfruto este cenote. Esperemos que algún día se pueda disfrutar de esta belleza.
Mucuyché significa en idioma maya “árbol de la tórtola”, por provenir de los vocablos mucuy, “tórtola” (columbina tlapacoti) y “ché”, “árbol”. Tuvo su esplendor durante la época del auge henequenero y emitió fichas de hacienda las cuales por su diseño son de interés para los numismáticos. Dichas fichas acreditan la hacienda como propiedad de A.L. Peón.
Ya hambrientos salimos de Mucuyche rumbo a Mérida, amenaza lluvia y aun no sé cuánto falta ni adonde en Mérida vamos a salir, la carretera de convirtió como por obra de magia en dos carriles y ya cuando la estábamos disfrutando, que se suelta un torrencial aguacero, bueno pues con visibilidad no muy buena, llegamos triunfantes a Mérida, tome pa allá y resulta que era pa acá, bueno así son las cosas del destino, llegamos con bien y comimos mejor.
Viéndolo bien, ni ahorramos gasolina caminamos como gallina descabezada y ahora tenemos un ruido nuevo, otro misterio, salió cuando nos agarró la lluvia, será que los coches cuando se enfrían le da tos.
Caímos nanay después de comer y después de cenar nanay otra vez.