Recorriendo el sur de Chile hasta legar a Ovalle, pasando por Valparaíso con una estadía prolongada en la región del BIOBIO, agradecido con cada ser que pude conocer en el camino. Un recordatorio de que la felicidad una vez más está en ti.
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Recorriendo el sur de Chile hasta legar a Ovalle, pasando por Valparaíso con una estadía prolongada en la región del BIOBIO, agradecido con cada ser que pude conocer en el camino. Un recordatorio de que la felicidad una vez más está en ti.
Los reyes de la luna (I)
Estaban destinados a encontrarse. De un momento a otro cruzarían su camino. Solo una calle mas para encontrarse. El chico iba vestido con una camiseta azul y unos vaqueros. Iba distraido en su propio mundo, mientras caminaba por la acera. Cerca había un par de bares con pocas personas ya. Eran altas horas de la madrugada y, a esas horas, solo quedaban personas de fiesta. Y él, claro esta. Sin embargo, el encuentro que iba a tener segundos mas tarde no tenía nada que ver con ninguna de esas personas. De hecho, no era una persona con lo que se encontró tras pasar esos segundos. Era un gato. El animal le miró. Se encontraba dando vueltas por el barrio, sin rumbo, aunque parecía que esperaba a alguien. Quizás a otro gato. Pero la mirada del animal se quedó clavada en sus ojos. Sus ojos eran brillantes, aunque de color marrón. Algo extraño en un gato, pues era un color poco habitual. Al menos, eso pensaba el chico. Pasó a su lado, sin apartar la mirada. El gato era de un negro precioso. Su pelo era brillante, y sus patas eran fuertes. Probablemente corriera a mas velocidad que cualquiera de sus congéneres. El chico se acercó y se agachó. El animal, sin embargo, dio dos pasos hacia atras. No quería que le tocara el lobo malo. Sin embargo, él lo hizo, acariciándole el lomo al gato. Una unión muy curiosa. El gato ya no quería alejarse. Disfrutaba del contacto del chico. No obstante, sabía lo que significaba lo que estaba ocurriendo. El gato… y el lobo.