Rince: "I know you heard about me." // Keline: "What you heard is true but I can't stop thinking about you." // Finnsiter: "I want you for worse or better." // Camerilla: "You know that I don't want you to go." // Ruphanie: "You are in love."
No quería creer si quiera que era verdad lo que acababa de oír. No. Kyle no era capaz de apostar que la enamoraría. Aquello debía ser una mentira más que ese insoportable Christopher estaba inventando… Sí, eso debía ser. Hoy tenía que ver a Kyle, de todas formas. Le preguntaría sobre el tema, si era cierto o no. Estaba casi segura que era mentira. Salió corriendo de aquel lugar, tratando de contener sus lágrimas y ocultando la cara de incredulidad.
Se sentó bajo su árbol de siempre, el árbol donde habían hablado por primera vez y donde siempre se encontraban en el receso, el almuerzo y a la salida. Esperó, digiriendo toda la conversación que había escuchado cuando el mismo Kyle aparecía con su amigo en el umbral de la puerta a pocos metros de ella. Suspiró y tomó coraje, todo el coraje que pudo. Se levantó de ahí y caminó con paso firme hacia él. Kyle, picarón, le dedicó una sonrisa y ella sólo se limitó a bajar la mirada. -Tienes que jurarme que es mentira - le espetó mirando a Christopher con cara de asco y luego volviendo su mirada a Kyle.
Era, una vez más, fin del año escolar. No quería que llegara aquella época del año. Ella se iría a Escocia y se alejaría de Cameron por demasiado tiempo como para conservar su sanidad mental, que de por sí ya era poca. Cameron, además de ser la única persona con la que realmente se llevaba bien, le gustaba demasiado como para poder incluso dejar de pensar en el aunque fuese dos segundos al día.
Tenía que ir a despedirse y odiaba las despedidas porque siempre terminaba poniendose nerviosa, tartamudeando y sin saber que decir. Camilla hablaba demasiado, siempre, pero en las despedidas era diferente, se quedaba sin palabras y no podía ni siquiera formular bien sus ideas. Llamó a la puerta de la habitación de Cameron, esperando que abriera pronto, pensaba que iba a decirle. Les quedaba solo un año mas en la universidad y no se verían por tres meses, o peor, podrían no volver a verse si es que su padre decidía mandarla a una universidad en Escocia. Cameron abrió la puerta y ella simplemente se le lanzó al cuello, le abrazó tan fuerte como pudo y le dijo - Lo siento, no quiero que te vayas… No quiero irme… No sé que me pasa - y se quedó ahí, colgada cual koala.
Claro. Eso era. Tenía que admitir ahora que ella también quería a Lassiter más de lo que quería mantenerse viva en aquella guerra sin fundamento. Tenía que admitir que mirarle a los ojos era la forma de desarmarla en mil pedazos y que tenerlo cerca hacía que las piernas le temblaran como gelatina. Emmeline era demasiado orgullosa como para admitir esas cosas. No iba a dejar que ese hombre que hacía que se le erizara la piel se diera el gusto de decir que Emmeline había caído a sus pies. Finnegan buscaba eso, quería que Emmeline admitiera que había caído en sus redes y que no podía salir, pero no iba a darle esa satisfacción ¿o sí? Lo quería, para bien o para mal, lo quería y no podía negarselo. Podía repetirse mil veces que él no tenía ningún efecto sobre ella, pero jamás se lo creería. Nunca
- Puedo repetirme que no siento nada por ti mil veces - dijo, mirando a través del ojo de buey, con mirada ausente y dándole la espalda a Finn - pero jamás voy a creérmelo. Y es tu culpa. No puedo creer que esté admitiendo siquiera esto y que te este dando la satisfacción de decir que soy una conquista más tuya, pero sí. Te quiero, para bien o para mal.
Había oído desde las historias más increíbles hasta las más descabelladas sobre Temperance. Todavía no podía creer que realmente le hubiesen dicho tantas cosas. Las que contaban sobre sus trastornos obsesivos debían ser mentira, no era posible que ella fuese así. Una parte de la cabeza de Richard decía que tenía que confiar en lo que le contaban, después de todo, eran los mismos protagonistas de la historia quienes las contaban. Los que habían pasado por lo que ellos catalogaban como “el infierno”. Obviamente, si iba a comenzar a ponerse paranoico y ansioso, iba a tener que empezar a aparentar.
Richard tenía buenos dotes de actor, claramente. Y era obvio que, siendo una artista tan reconocida, habría oído hablar de ella. Se le acercó un poco, solo para poder comenzar a susurrar - Sólo he oído maravillas de usted - le dijo casi como un ronroneo. Y acercándose aún más, casi tan cerca como para que los dos pelearan por el aire - Me han dicho que puede hacer que los malos nos volvamos buenos… - se alejó y le guiñó un ojo.
Le ponía feliz, incluso dichosa, el ver como Ruth tenía serios problemas enfrentando su situación sentimental. Y no eran problemas malos, eran simplemente confusiones. Ruth estaba… Confundida. Steph se preguntaba si algún día también le llegaría a ella la hora de estar así de confundida por amor. Porque eso era, claramente: Ruth estaba enamorada. Y se notaba a leguas. La forma en que miraba a Sandro y la forma en que el la miraba a ella. Suspiró con pesar, Steph se sentía vacía.
Le puso una mano en el hombro y juntó todo el aire que pudo para poder darle la noticia - Ruth...- comenzó a hablar, titubeando - Estas enamorada - Le dedicó finalmente una sonrisa, de esas que sólo ella sabía dar.