Un día normal que salió de lo normal
Desperté como cualquier otro día, con mil pensamientos dándome vueltas en la cabeza y preguntándome si hoy iba a ser uno de esos días en los que la vida te sorprende o simplemente decides sobrevivir. Me fui a la universidad, desayuné con unos compañeros — nada especial, un desayuno simple y charla ligera, ya saben, “¿qué voy a hacer con mi vida?” y esas cosas.
El sol pegaba fuerte, y en medio de una de esas conversaciones profundas sobre la existencia y el calor insoportable, alguien lanzó la idea — o más bien una especie de susurro conspirativo — de ir a despejarnos un rato. Y bueno, uno no dice “no” a esas cosas, ¿verdad? Así que terminamos en un plan que parecía inocente, pero que poco a poco fue cobrando vida propia.
Después de un rato, empezamos a charlar y poco a poco pasamos a que nos leyeran las cartas sobre nuestro futuro y nuestra situación actual.
Sí, cartas. De esas que prometen revelar más de lo que uno está lista para escuchar. Al principio lo tomamos con seriedad… pero bastaron unos minutos para que las carcajadas tomaran el control. Nos reíamos de nuestras propias predicciones, de lo absurdo, de lo certero, de lo que no sabíamos si queríamos creer.
Después de todo eso, decidimos despedirnos y tomar cada quien su rumbo.
Un compañero me ofreció aventón en moto — sí, en moto, porque ¿por qué no darle un extra de adrenalina a la mezcla? En ese momento sentía que todo estaba bien, que podía con todo, como la heroína de una película de acción que domina la situación.
Pero, spoiler alert, cuando me bajé de la moto, todo cambió. Como si de repente el mundo hubiera decidido girar un poco más rápido, y yo me quedé intentando agarrarme de algo que no existía. Mareo, desorientación y ese incómodo “¿qué hago aquí?” que empezó a invadir cada pensamiento.
Y ahí estaba yo, caminando con ese extraño feeling, esa sensación como si alguien hubiera cambiado la música en mi cabeza y ahora sonara más rápido. Pensaba: “¿Me estarán viendo raro?” Pero, spoiler alert otra vez, la verdad es que yo era la que me veía rara... y no solo un poco, sino como si hubiera bailado con un trompo toda la tarde.
Así que estoy aquí, en el gym, con ganas de estirarme y haciendo cardio y poco a poco regresando a la normalidad y después darme una ducha y regresar a ese lugar seguro llamado casa, mientras sigo preguntándome:
¿En qué momento un día normal decidió ser un poco más interesante (y complicado)?
Veo a la gente entrenar duro, pesado, al fallo... y yo simplemente no estoy para ese tipo de rutina hoy. Pero mañana… mañana le doy con todo.
Estoy consciente de lo que hice. No me arrepiento. Porque al final, son lecciones de vida… unas con sudor, otras con risas, y algunas con resaca emocional.
Y ahora estoy aquí, contándote un pedazo de eso que parecía un día normal… pero que se salió de control. Como todo lo bueno.