HIM
You can break my soul
You can take my life away
Beat ME
Hurt ME
KIILL ME
......
But for love of god
.......
DON’T TOUCH HIM!!!!

seen from United States

seen from Greece

seen from Austria

seen from United States
seen from United States

seen from Guatemala
seen from Canada

seen from Malaysia
seen from Germany
seen from Hong Kong SAR China

seen from Malaysia
seen from Switzerland
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from Türkiye

seen from South Korea

seen from Canada
seen from United Kingdom
HIM
You can break my soul
You can take my life away
Beat ME
Hurt ME
KIILL ME
......
But for love of god
.......
DON’T TOUCH HIM!!!!
SETAGAWA 😭😭😭😭 WHYYYY?!?? Porque destrozas mi corazón? 💔😭💔💔💔
11 - Medo de você mesma.
— Mas ora Pietra, não vai me cumprimentar?
Humberto sorria de canto e eu conseguia sentir que ele só fazia isso pra me provocar, sabendo que eu ainda o temia.
— Por que você não vai para o inferno? Da onde nunca deveria ter saído!
— Acho que preciso conversar com sua mãe, você está muito mal criada. Ou eu posso te ensinar bons modos.
Prévia do Capítulo 11, que será postado na quarta.
“La vida tiene diferentes capítulos, un mal capítulo no significa el final de la historia”...
El gordo intentó de todo, se subió, se bajó, bombeó, le puso agua al radiador, esperó que el motor se enfriara, le puso hasta un spray que iba directo al motor y que generaba una combustión para que partiera: y nada. Yo en silencio trataba de ayudar en lo que me pedía, pero me angustiaba ver su cara de preocupación, de desesperación. Otra vez el auto no funciona.
Se rindió, no parte. Y derrotado e intentando auto convencerse que tendríamos que pasar la NOCHE DE SU CUMPLEAÑOS en el auto, se tendió en el asiento trasero. Me sentí culpable, el me regaló un hermoso día de cumpleaños y yo, ahí lo tenía, en un pronto copec. Pesqué a mi Sophy y entramos al pronto, revisé en internet “la cuenta rut” y me quedaban dos lucas. “Puta la hueá, más encima pobre”, nos habíamos gastado la plata que quedaba en mi cuenta en aceite y otras cosas durante ese día y ya no nos quedaba efectivo. Paseamos entre los estantes llenos de golosinas, encontramos un pingüinito (1.600 pesos la hueá poh), lo compramos. Nos dimos otro par de vueltas e “hicimos hora”, volvimos con Sophy al auto a eso de las 23:55, el gordo yacía con su mejor cara de derrota ahí mismo en donde lo dejamos. Cantamos cumpleaños feliz, y nuestro gordo sonrío, le dio al pingüinito el tortazo más pequeño del mundo, pero el más amoroso. Nos abrazamos. No hubo mucho más que decir, Sophia le había hecho una “carta de cumpleaños” y se la entregó. Luego de eso nos acomodamos en el piwke y hasta mañana.
Al día siguiente, al bajarme del auto miré los neumáticos y había uno pinchado, “por la mierda que más falta”, busqué las herramientas y le dije a Lucía que me ayudara, pero al intentar cambiar el neumático nos dimos cuenta que la llave de rueda que traía el auto no servía. “Mierda, mierda”. Mientras intentaba cambiar el neumático de forma fallida, apareció un amable hombre quien me presto su llave de rueda y gata, logramos cambiar el neumático. Seguido a eso, me subí al asiento del chofer, me acomodé y en mi mente solo decía “prende, por la chucha, prende”; con todo el newen le dí arranque y milagrosamente encendió (creo que Lucía ya les había comentado que el piwke se taimaba verdad?), sí, eso le había pasado, el taimao’ se cansó. Miré a la gorda y fue casi instantáneo: arriba que nos vamos. Con la emoción de que había prendido intenté poner retroceso, cuando siento que algo cae, la palanca quedaba bailando, algo raro pasa, intento acelerar para salir cuando me doy cuenta que el cambio no había entrado y el vehículo no avanzaba, me bajé del auto, me tiré al piso y me dí cuenta que la varilla de cambio se había quebrado. Miré a la gorda que me miraba con cara de “que chucha pasó ahora”, apagué el auto y le digo: cagamos.
En serio!? Yo creo que algo muy malo debemos haber hecho en otra vida para llevar este karma, porque de verdad que no me lo explico. Era el día del cumpleaños del gordo y estábamos ahí. Botados en la carretera. Decidimos comer algo (porque nos salvaron con una trasferencia), nos compramos un “combo niño” porque era el que traía más comida y nos relajamos un rato. Allí descubrimos que si usted se compra un vasito de bebida en pronto copec puede “recargarlo” cuantas veces quiera, es algo considerable cuando hace calors en la ruta, una pequeña “recuperación” ante tanto robo del grupo Angellini (dueño de copec). En eso estábamos cuando decidimos volver al auto, un caballero se acercó a ver qué nos pasaba (benditos viejitos copuchentos!) y ayudó a Víctor. Amarraron con un alambre la varilla quebrada y funcionó, nos regaló un poco también por si se soltaba en el camino. Nos vamos rumbo a la capital.
Los kilómetros que quedaban de ruta fueron eternos, queríamos puro llegar. Finalmente cuando comenzamos a entrar a Santiago al gordo le comenzó a cambiar la cara, yo creo q se relajó un poco. Estacionamos afuera del departamento que los papás de Víctor tienen en Independencia y el auto botó un chorrazo (no un chorro) de aceite y agua, demoramos un poco en bajar todo. Sí, en realidad llevaba muchas hueás, muchas. Estacionamos y no movimos más, el Piwke necesitaba un mecánico.
Todo ya pasó a segundo plano, ya habíamos llegado y nos esperaban con humitas, ya nada importaba: era el cumpleaños del gordo. Después de ducharnos, el gordo se dejó regalonear. Durante esos días en Santiago hicimos lo que el calor nos dejó, porque elegimos la semana más calurosa del año para pasar por la capital del reino. Aprovechamos los días que le quedaban a los papás de Víctor antes de que volvieran a Coyhaique, dejamos que Marianela (la hermanita chiquitita del gordo, sí la que es más alta que él) nos llevara al centro de Santiago a perdernos un rato, porque el lugar que buscaba estaba a dos cuadras de donde nos bajamos y recorrimos cerca de 20 min buscándolo, porque ella sí sabía dónde quedaba jaja (Marianela apréndete el mapa ahora ya o no te podrás ir a estudiar a Santiago jaja). Comimos rico y el gordo regaloneo mucho. Finalmente los tíos se fueron, otra vez me dio mucha pena, ya no quería más despedidas. Además fue triste porque yo sé que la tía se preocupa mucho por nosotros, que ella más que nadie (bueno, junto con mi mami) son las que tienen más aprensiones con este viaje, pero les digo que estamos bien, que cuidamos mucho a la Sophy, que nos quedamos en hoteles y hostales (que encontramos a muy bajo costo) pero que son buenos, lindos y por sobretodo limpios jaja, que comemos bien (porque en todos lados nos dan mucha comida) y que cuando cocinamos lo hacemos pensando en todo lo que nos enseñaron.
Durante esos días el Piwke ingresó al taller de “Tony Kool” para el retoque, según nos dijeron había que ver de dónde era la fuga de aceite que tenía, arreglar la varilla de los cambios y ver lo de la manguera de agua, hacerle un ajuste al motor y que lo viera un eléctrico. Todo parecía fluir con normalidad, mientras tanto nosotros moríamos de calor en el departamento e intentábamos salir a pasear de vez en cuando. Sophia no conocía Santiago, por lo que visitamos el cerro San Cristóbal y anduvimos en funicular, fuimos al centro a comprar matute para vender en el viaje y al mercado, anduvimos en metro y nos bajamos una estación antes jaja, recordamos los viejos tiempos universitarios del gordo, que nos llevó al hipódromo. Un día de esos ví a la Badita, mi amiga del alma que me dice siempre: voh dale, pero no tan a la mierda jaja pero como a mí me gusta irme lejos, no importa, allá lejos siempre llega. También fuimos a la casa de Rodrigo, amigo del gordo, y me enteré de boca de otros de esas historias que siempre me cuenta y me hacen reír. Nos fue a ver la Punky y tomamos meloncito con vino pal calor, sólo pal calor, para nada más; y con ella descubrimos la magia de ir al supermercado y abrir los congeladores “para buscar algo de atrás” y capear el calor santiaguino. Me enamoré de las ferias de barrio de Santiago, y vimos una obra de teatro de la compañía “PatoGallina” (si sabe de una obra de estos cabros, vaya, no se arrepentirá, nosotros los vimos en Coyhaique y cuando supimos que estarían allá, no lo dudamos) al aire libre y gratis (del procer de la patria y mi amor platónico: Manuel Rodríguez). El día antes de partir hacia Valparaíso fuimos a la casa de la tía Teresa (prima de la mamá del gordo) porque el primo Yiyo nos invitó a un asado, allí la Sophy se bañó en la piscina, compartimos con una parte de la familia del gordo que yo creo que ni él se acordaba que existía, y lo pasamos pulentamente; yo sé que el gordo lo pasó bien porque cada vez que salía afuera con el primo Solano volvía más contento y con los ojos más chicos jajaja.
Fueron buenos días, calurosos, pero buenos. El martes 31 de enero nos entregaron al Piwke, finalmente en la revisión que le hizo el eléctrico descubrieron que uno de los problemas que tenía estaba en una lengüeta trabada que no permitía el paso de bencina y por eso costaba que partiera, le reemplazaron la bomba cebadora y le cambiaron la empaquetadura de carter del motor, también ajustaron los cambios y todas las pifias que tenía. Quedó bien, nos vamos rumbo a Valpo.
Ya hemos recorrido un montón, nos ha pasado cada cosa en el camino para lograr este sueño, que rendirse no es opción. El camino a Valparaíso, puerto principal, fue tranquilo por eso, nos esforzamos en que el Piwke estuviera arreglado porque nos queda mucha ruta aún, no podemos resignarnos ahora que nos acostumbramos a la velocidad del Piwke y a su ritmo. Cabe destacar nuestro paso por Casablanca, en dónde Sophia preguntó porqué se llamaba así, le dijimos que en ese pueblo todas las casas son blancas y que si tú pintas tu casa de otro color, la municipalidad va y te la pinta blanca otra vez porque no pueden haber casas de colores en Casablanca jajajaja pobrecita, somos unos malvados, la inocencia de Sophia es poderosa y aún nos cree.
Llegamos a Valparaíso, nos juntamos en la plaza Sotomayor con la Pily Punky, nos quedaríamos en su casa. Subimos hasta Cerro Alegre y allí no encontramos estacionamiento; estacionamos afuera del departamento donde vivía la Pily, quien nos dijo “no se preocupen, que acá no pasa nada”. Salimos a dar una vuelta por los cerros de Valpo; al volver comimos algo y nos dormimos. Cada cierto rato me despertaba para mirar por la ventana y ver si el Piwke estaba allí, ahí estaba con la lona y la carga intactas. A eso de las 6 de la mañana me desperté por última vez y ví que todo estaba allí, “ya no pasó nada”, pensé y me dormí profundamente. Cerca de las 8 el gordo me despertó de un salto, miró por la ventana y gritó: “Chucha, nos robaron todo”.
11. Saiba
Luna’s POV
Na sexta-feira peguei o celular assim que acordei e me deparei com quinze, isso mesmo, quinze, mensagens do Gabriel, todas perguntando onde eu estava, por que não estava falando com ele e me xingando por ignorá-lo. Bloqueei o celular novamente, sem respondê-lo e me levantei, vesti uma roupa qualquer e antes mesmo de sair do quarto minha mãe abriu a porta.
— Gabriel está te procurando. — Ele ligou? – A olhei. — Não, está lá na porta. — Ai droga. – Murmurei. — Aconteceu alguma coisa? – Ela me olhou desconfiada. — Não... É... Diz pra ele que eu já vou.
Ela saiu e eu terminei de arrumar a cama. Respirei fundo antes de sair, me controlando para não chorar na frente dele e muito menos gritar e espanca-lo, a última coisa que eu queria era minha mãe ou meu pai vindo perguntar o que havia acontecido. Prendi o cabelo num rabo de cavalo de qualquer jeito e saí do quarto do jeito que eu estava: de chinelo e meia, um short largo desses de malhar e uma camisa larga, pelo menos dois tamanhos maior que eu. Desci as escadas e respirei fundo novamente quando ouvi a voz dele, me aproximei e ele me olhou nervoso, mas eu o puxei antes que ele dissesse alguma coisa na frente do meu pai.
— Vamos conversar lá fora. – Falei enquanto o puxava. Ele foi calado e quando chegamos à varanda voltou a me encarar, encarei-o de volta e fiquei esperando que ele dissesse alguma coisa. E ele disse. — O que porra eu fiz desta vez? – Perguntou. Ok, conte até dez, respire e não chore. Falei mentalmente. — Eu fui ao Praia Mar ontem. – Falei esperando uma reação dele. Gabriel me fitou e ao perceber do que se tratava deixou o nervosismo florescer em seu rosto, ele continuou me encarando por alguns segundos, a respiração presa, os olhos um pouco arregalados e o corpo estático no chão. — Fazer o que lá? – Perguntou agora soltando todo o ar que ele prendia. — Algumas coisas. – Falei. – E aí eu te vi lá... — Jura? – Perguntou surpreso, mesmo já sabendo o que eu tinha visto. – É eu... Fui... Eu fui... Comprar um negócio que a minha mãe pediu. — É? O quê? – Perguntei com um sorriso cínico. — Um... Uma... Um jogo de talheres pra usarmos no natal... É. – Eu ri e ele ficou ainda mais nervoso. – Que horas você me viu? — Você não sabe mesmo mentir, Gabriel. – Falei ainda achando graça. – Não se faça de idiota, você sabe muito bem que horas eram e o que eu vi! — Luna eu... — Me poupe das baboseiras que você vai me dizer, Gabriel. Eu não quero ouvir, então nem perca seu tempo. – Falei seca. – E outra... Você já pode ir embora, nossa conversa termina aqui. — Luna, me deixa explicar... – Ele pediu. – Por favor, eu posso explicar. — Não, você não pode. Não depois do que eu vi. Agora dá o fora antes que eu chame o meu pai. – Apontei para o portão. Ele me encarou por alguns segundos e se virou para ir embora, deu alguns passos, mas me olhou novamente. — O que vai acontecer com a gente?
Eu ri. Ele estava mesmo me perguntando aquilo? Gabriel Hassani estava mesmo parado na minha frente com um olhar arrependido e me perguntando se eu iria terminar com ele? Hahaha. Aquela era uma cena que nem em mil anos eu imaginaria que fosse acontecer. — Não tem mais a gente. – Falei óbvia. Ele respirou fundo e então foi embora. Foi como se ele tivesse levado um peso enorme junto com ele, eu me senti mais leve e tranquila, suspirei e entrei. — Gabriel já foi embora? – Meu pai perguntou. — Gabriel e eu não namoramos mais. – Falei simplesmente enquanto ia em direção as escadas. Meus pais ficaram calados, não disseram e nem perguntaram mais nada, o que pra mim foi um alívio, a única coisa com a qual eu queria me preocupar naquele momento era com a minha colação de grau que aconteceria em menos de oito horas. E o dia realmente se resumiu nisso, arrumei o cabelo, fiz a sobrancelha e as unhas e fiquei no telefone, conversando no grupo da sala. Estavam todos animados e combinando de irmos para alguma pizzaria ou restaurante depois da colação, o único problema seria conseguir lugar para todos, pois éramos uma turma de 32 alunos e as pizzarias não eram tão grandes assim, além de que existiam outros clientes. Às 17:30 fui tomar um banho e depois comecei a me arrumar. Eu havia comprado um vestido preto justo com um decote bem generoso que ia até o meio dos seios e com um decote também nas costas, ele tinha detalhes em renda em toda a parte da frente e envolta do decote das costas também. A maquiagem eu fiz mais simples, fiz um delineado de gatinho e passei um batom vermelho, coloquei um colar prata e brincos de mesma cor e também alguns anéis, passei um perfume, ajeitei o cabelo e calcei meu peep toe, também preto. Eram 18:10 quando fiquei pronta, meu pai e eu esperamos minha mãe terminar de se arrumar e depois disso saímos em direção ao teatro, onde aconteceria a colação. Chegando lá já haviam alguns amigos meus na calçada, fui até o Luiz, que estava com a namorada dele e cumprimentei-os.
— Oi! – Sorri quando me aproximei. — Oi linda. – O Luiz sorriu e me deu um abraço. — Oi, Carol. – Sorri para ela e a abracei.
Aos poucos os outros foram chegando, inclusive Carol, Lucas, Marina e Rafaela. A coordenadora do colégio se aproximou e pediu para que entrássemos, estávamos só nós, os formandos, do lado de fora, os familiares já haviam entrado para conseguirem lugares. Eram três turmas de terceiro ano e a minha seria a segunda a entrar. Ficamos todos no saguão de entrada do teatro esperando anunciarem os alunos, entregarem os diplomas e ouvirem o orador da turma falar. Cerca de quarenta minutos depois chegou a nossa vez. Fizemos uma fila e entramos em casais, dei o braço para o Pedro, um colega de turma, e esperamos nossa vez de entrar. Nossos parentes batiam palmas enquanto caminhávamos pelo corredor em direção ao palco e nos sentávamos nas cadeiras dispostas lá em cima.
Sentei-me ao lado do João e da Marina e quando todos já estavam lá começaram a entregar os diplomas. Meus pais, junto da minha madrinha, minha avó e um tio meu, estavam sentados um pouco ao fundo, olhando orgulhosos para mim. Minha madrinha dava uma de fotógrafa e tirava várias fotos o tempo todo. Quando chegou a minha vez de receber o diploma meus pais também foram chamados ao palco e tiramos fotos com os dois professores homenageados, a diretora e a supervisora, depois me sentei novamente e fiquei acompanhando os outros recebendo seus diplomas também. Quando todos receberam, a Anna Cristina, nossa oradora, se direcionou ao centro do palco e então começou o seu discurso falando sobre todos os momentos que passamos juntos. Desde o início do ano, quando éramos duas turmas diferentes e odiamos o fato de terem nos juntado, pois uma turma odiava a outra, passando pelo meio do ano, quando já começávamos a nos entender, até o fim do ano, quando já nos amávamos muito e não queríamos ficar longe uns dos outros. O discurso foi regado a lágrimas e eu tive que me controlar muito para não chorar também. Quando ela terminou foi a vez do Luiz ir para o centro do palco, ele faria o discurso homenageando os dois professores que escolhemos. O discurso dele foi mais rápido e mais simples, ele basicamente explicou porque escolhemos aqueles professores e agradeceu a todos por tudo. Ao final nos juntamos todos em pé no palco, junto com todos os outros professores que também estavam lá e tiramos algumas fotos, mas não demoramos, pois ainda tinha mais uma turma para formar. Sentei-me junto de meus pais e aguardamos mais trinta minutos até o fim da colação.
— Enfim formados! – Lucas disse passando o braço pelo meu pescoço. — Finalmente! – Sorri e levantei o diploma. — Pra onde a gente vai? – Rafaela perguntou. – A Ingrid foi com os meninos pro restaurante aqui no fim da rua, acho que vou pra lá também. — Vamos então. – Carol disse.
Ficamos ali por mais alguns minutos tirando algumas fotos e depois saímos, meus pais estavam esperando na calçada junto dos pais da Marina e da Carol e nós fomos para o restaurante, porém, como já era esperado, quando chegamos lá não havia mais lugar. Apenas a Rafaela ficou, pois os pais dela haviam conseguido uma mesa, então fui com o Lucas, a Marina e a Carol para uma pizzaria perto da minha casa.
— Ae, junta umas cinco mesas aí porque é gente pra caramba! – Lucas disse quando chegamos.
Por sorte aquela pizzaria não estava tão cheia, então conseguimos lugar para todos. Ao todo devíamos ser umas dezessete pessoas. Pedimos quatro pizzas e ficamos bebendo refrigerante e conversando enquanto as mesmas não chegavam. Tiramos algumas fotos também e ficamos falando sobre a festa do dia seguinte, meu pai como sempre dizendo que ia dançar bastante e, cá entre nós, as dancinhas dele eram, e ainda são, ridículas e engraçadas.
Só depois que comemos a pizza fomos embora para casa. Quando cheguei recebi algumas mensagens do celular, duas delas eram do Gabriel, dizendo que queria ter ido, mas ficou com medo de eu trata-lo mal.
— Ainda bem que não foi, pois seria exatamente desta forma que eu trataria. – Falei sozinha.
Fiquei pensando se deveria ou não respondê-lo, e acabei respondendo.
23:45 “Acho bom você não aparecer amanhã também, o que nós tínhamos acabou, e não acabou de uma forma legal para que eu possa aceitar ter algum tipo de amizade com você.”
No mesmo instante ele me ligou, relutei em atender, mas na terceira tentativa dele eu atendi.
— Luna, me perdoa, por favor. Eu sei que o que eu fiz foi completamente errado, mas foi um momento de fraqueza, eu não queria fazer aquilo. Eu amo você! – Ele disparou assim que atendi. — Não precisa mentir mais, Gabriel. Se me amasse não teria feito o que fez. Não existe essa de “momento de fraqueza”. — Acredita em mim, Luna. Olha... Vamos conversar? A gente se encontra amanhã de dia, conversa e se acerta. — Não tem conversa, Gabriel! O que você fez não tem perdão. Eu sempre te falei, sempre deixei claro que algo que eu não perdoo de jeito nenhum é traição. — Luna, eu sou homem! – Disse nervoso, mas a mágoa era evidente em sua voz. — O quê? Não acredito que estou ouvindo isso! Então só por que você é homem tem o direito de trair alguém? – Perguntei perplexa. — Não... Mas é que... Homens são fracos, nós pensamos com... Você sabe... — Não me venha com esse papo. Olha Gabriel... Já deu, ok? O que tínhamos para conversar já conversamos, agora se você me permite, eu vou desligar. Tenho um longo dia pela frente amanhã. — Luna! – Ouvi a voz ao longe quando tirei o celular do ouvido e desliguei a ligação.
Por sorte ele não ligou mais. Depois de tomar um banho eu troquei de roupa e fui me deitar, fiquei mexendo no celular por um tempo e não demorou muito até eu começar a ficar com sono e dormir. No sábado o dia passou até que rápido, fui até a casa da Marina para ela me mostrar o vestido que iria usar, um azul um pouquinho rodado e tomara que caia. Fiquei uma parte da tarde com ela apenas jogando conversa fora e depois fui para casa. Quando cheguei, ao olhar as conversas no grupo da sala, vi que o José Victor estava querendo comprar um convite, e como eu tinha dois sobrando, chamei-o no privado e falei que venderia para ele. Nos encontramos no final da rua e ele pegou o mesmo comigo, depois levei um outro até a casa da Juliana, pois ela também quis comprar.
Às 19h a maquiadora chegou e fez minha maquiagem em trinta minutos, depois, como eu já havia tomado banho, vesti minha roupa, que era uma saia não muito rodada de tule preto e de cintura alta e uma blusa de manga curta também de tule com a frente tampada apenas por várias flores de renda preta que emendavam uma na outra deixando apenas alguns pequenos espaços transparentes entre elas. Passei um perfume, coloquei alguns acessórios, e pronto. Enquanto ia até a garagem mandei uma mensagem para uma prima que morava na minha rua, ela iria conosco e em pouco tempo chegou.
Para a nossa linda sorte (lê-se azar) estava chovendo e, o local onde seria a festa, era um salão coberto, porém dos lados era aberto, e para completar o estacionamento era de terra. Que maravilha! Quando chegamos ao local da festa meu pai ainda teve que estacionar o carro longe da entrada, pois não havia vaga perto, então além de sujar minha sandália novinha de barro eu ainda me molhei um pouco. Ainda meio desajeitada por estar tentando me secar e limpar meu sapato e arrumar a saia e o cabelo eu mostrei a minha pulseira de formanda para os seguranças, quando cheguei ao hall de entrada, todos que já estavam lá me olharam. Por favor não me olhem, eu estou suja e molhada! Desci os quatro degraus e rapidamente virei à esquerda, onde ficava o banheiro junto com a Letícia, minha prima. A Marina, que me viu chegando, foi atrás de mim.
— Que ódio! Sujei a minha sandália toda. – Reclamei enquanto a tirava do pé e pegava alguns papéis higiênicos para limpá-la. — Nossa sorte é tão grande que, ontem, quando ficamos num local fechado, o céu estava lindo e estrelado, e hoje, que é o dia da grande festa, tá chovendo pra caramba. – Ela disse. — Sim, nossa... Que ódio dessa vida. – Ri. — Oi Marina. – Minha mãe disse entrando no banheiro. — Oi tia Eliane. – Ela disse abraçando minha mãe. — Sujou muito a sandália? – Minha mãe perguntou. — Um pouco, mas tá limpando.
Ela limpou a sandália dela também e, após eu terminar de limpar a minha, secar os pingos de água que respingaram na minha saia, enfiar a sombrinha numa sacola que eu havia levado com o chinelo e ajeitar meu cabelo, nós saímos do banheiro.
Lucas estava ali perto com a Rafaela, que havia acabado de chegar, e com a Carol, fui até eles e os cumprimentei rapidamente antes de ir até os meus pais para acharmos a mesa onde eles ficariam, porém, não achamos, o que me deixou com muita raiva, pois, como meu nome começava com L, era pra nossa mesa estar no salão de cima junto com a maioria, e não no pequeno salão de baixo, isolada de todos.
— Era pra sua mesa estar aqui, a minha está. – Lucas disse. — Pois é! – Falei nervosa. — Alguém deve ter mudado, porque a minha também está aqui em cima. A Renata Mâncio trocou a dela, ela estava lá embaixo.
— Nossa velho, que raiva! – Resmunguei enquanto saía dali e ia até a mulher que estava com o papel de organização das mesas. – Onde é a fileira de L? – Perguntei a ela. — É uma das duas últimas. — A minha mesa não está lá. — Qual o seu nome? — Luna. – Falei.
Ela verificou o papel e disse que era pra estar ali, mas como não estava, devia estar lá embaixo. Não, nem pensar que meus pais iam ficar lá embaixo, onde mal dava para ouvir a música. Após falar com o Luiz Fernando, que fazia parte da comissão de formatura, fomos até uma das garçonetes e pedimos para que ela colocasse a nossa mesa lá em cima, arrumamos um lugar que dava para coloca-la e ela fez aquele enorme favor para a gente.
Pronto, problema resolvido, e já podia curtir a minha formatura. Fui para junto do Lucas e das meninas que estavam parados ali perto e o Luc estava bebendo caipirinha de morango, dei um gole na dele e fui logo até o bar pedir uma pra mim, voltei para junto deles e eles estavam falando sobre as garotas que estavam muito bonitas.
— E aí, como você está? – Carol me olhou com uma expressão triste. — Ótima! – Menti. — Está mesmo? – Lucas me olhou desconfiado. – Aquele cara é um idiota, eu sempre te disse. — É, ele é. Eu devia ter te escutado. — Isso é algo que todas vocês sempre dizem pra mim quando algum cara faz alguma idiotice. Comecem a me ouvir, sério. — Nós vamos. Um dia. – Marina riu. — Eu já volto! – Rafaela disse saindo dali e indo até os meninos. — Esse dois não vão se desgrudar hoje. – Marina disse se referindo à Rafaela e ao Leonardo. Os dois estavam ficando a alguns dias.
O que era curioso? Ele também era meu ex. Quero dizer, “ex”, pois não chegamos a namorar, só ficamos algumas vezes antes dele me trocar por ela.