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Capilla Sixtina, Roma
La Agonía y el Éxtasis: La Pasión de Michelangelo
La Agonía y el Éxtasis es una película que brinda una mejor introducción que cualquiera de las que pudiera tratar de escribir para dar inicio a este informe. Desde el comienzo nos muestran una serie de obras maravillosas, que dan paso a la historia del hombre que las hizo. Un ser al que se le fue dado un don tan invaluable, que el sufrimiento no significaba nada si eso implicaba poder desarrollarlo y culminar su creación. Un hombre movido por la pasión: Michelangelo Buonarroti.
Esta película se enfoca en la ardua travesía de Michelangelo por desarrollar una de sus obras más importantes: los frescos de la Capilla Sixtina. En definitiva, la película representa el punto en el que el amor sobrepasa al trabajo, cuando la encomienda deja de ser una encomienda para convertirse en la razón de su vida. O su destrucción.
Y esta atención que se le da a esa pasión letal, a la relación que tiene Michelangelo con su obra, es lo que más amé de esta película.
Tenemos un primer atisbo de la pasión general de Michelangelo por crear cuando, al inicio de la trama, vemos cómo se expresa de un bloque de mármol virgen que le llevan a su taller. Clama que las esculturas son puestas por Dios dentro del mármol y están vivas, durmientes, y que el escultor sólo esculpe hasta liberarlas. Vemos cómo acaricia a la piedra con cariño, mientras habla, pensando en lo que ese bloque se va a convertir. Está claramente inspirado, lo que le hace tener una visión, una idea. Eso hace que ame lo que hace. De otra forma, no se expresaría de esa manera de un trozo de piedra que aún no es nada.
Y entonces llega la encomienda del Papa Julio II de decorar el techo de la Capilla Sixtina. Vemos a un Michelangelo desconcertado porque, como bien dice la introducción de la película: él no quería pintar.
Se le dan instrucciones específicas y es, básicamente, forzado a pintar en contra de su voluntad. Hay una escena importante en esta parte de la película, y es cuando Michelangelo alza la cabeza para mirar hacia el techo y la cámara deja al espectador sentir el apogeo interno que tuvo que sentir Michelangelo al ver ese inmenso, colosal lienzo vacío y saber que está siendo obligado a rellenarlo, todo acompañado de una música maravillosa, agobiante y sofocante.
Y he aquí la cuestión: como le dijo Michelangelo a Contessina: esa encomienda es un plan sin idea, sin visión. Sin estos factores, no hay inspiración, no hay una musa que forme el vínculo entre artista y obra. No hay motor, no hay apego. No hay nada. Esto es importante para Michelangelo porque, como consecuencia, produce unos primeros frescos que no lo llenan. Es un trabajo forzado, está generando resultados que no nacen de sí y llegan a este mundo sin alma. ¡Y él lo sabe! If the wine is sour, throw it. And, by God, he did. Esto lo lleva a destruir todos sus avances y a huir. Personalmente, yo hubiera hecho esto también. Antes muertos que crear sin ilusión y generar obras vacías, muertas. ¿Seríamos artistas, entonces? ¿Crear a partir de un sentimiento de... nada?
Todo este tiempo que pasó escondiéndose del Papa, yo sé que el hecho de haber abandonado al techo, como hombre comprometido que es, le pesaba en la conciencia. Lo sé por la siguiente razón: hay una escena donde Michelangelo está escondido en una especie de cueva y alza la cabeza para ver el “techo” de ésta. El movimiento que hace la cámara para mostrarnos el “techo” de la cueva es el mismo que cuando se nos mostró el techo de la Sixtina. Y la música que suena en esta nueva escena es la misma melodía, pero más tenue, aunque sigue manteniendo su carácter de pesadez. Esto conecta ambas escenas y representa que Michelangelo, si bien prefirió no hacer nada antes que crear sin pasión, sigue pensando en el techo de la Sixtina y se siente mal por abandonar el proyecto.
Y llega entonces la escena más simbólica e importante de la película: la Revelación.
Michelangelo sale de la cueva y observa al horizonte desde un precipicio. Esto ocurre en la mañana, cuando todavía no ha salido el sol. Entonces, ve unas nubes que van, poco a poco, adoptando una forma que todos nosotros conocemos: parecen lo que será “La Creación de Adán”. Y Michelangelo reflexiona sobre temas que vimos en clase: Dios creó al hombre a imagen y semejanza de Él. Vemos la horizontalidad de esta manera de pensar reflejada en la escena, pues estamos, literalmente, viendo al horizonte.
Mientras Michelangelo reflexiona, las nubes van adoptando cada vez más la forma comentada, la música va en crescendo y el sol comienza a salir, a brillar. La oscuridad que hay en el ambiente cuando Michelangelo está apenas caminando hacia el precipicio simboliza la falta de idea, de visión, de inspiración. Y el sol saliendo a través de las nubes, la iluminación en aumento en conjunto con la música y las reflexiones de Michelangelo simbolizan la gestación de una idea para finalmente convertirse en la idea, con el sol en pleno esplendor y un estruendo musical excelente, consagrándose así como inspiración pura dentro del corazón de Michelangelo.
Ahora sí. Ahora sí podemos volver. Ya no importa si tengo que pintar, esculpir o dibujar en la tierra: tengo una idea que me llena y la voy a explotar como sea.
Luego, tenemos esta toma donde vemos a un Michelangelo empequeñecido, comparado con el entorno, como si todo el paisaje a su alrededor representara a la idea que acaba de concebir, que lo rodea y que lo único que hace es crecer, volviéndose más grande que él mismo.
La importancia que le dan a la idea y a la inspiración en esta película es tal que hasta, en medio del fuego y el caos, causado por la guerra, Michelangelo y el Papa discuten sobre el nuevo plan para el techo de la Sixtina. Queda claro que el arte es más importante que el conflicto del mundo exterior, y no sólo para Michelangelo, sino para el Papa también, simbolizando la relevancia del arte para todos. “With your permission, I’ll cover the entire vault with glory”. El hecho de haber usado la palabra “gloria” representa que ya hizo suyo al proyecto: es como la escena del bloque de mármol. Hay cariño en la forma de expresarse.
Y a partir de este momento, lo único que vemos es cómo la pasión más grande, el amor más puro pueden ser destructivos. Contessina lo dice: Love is agony and ecstasy, maybe both at the same time. El proyecto del techo (ahora usamos la palabra “techo” con cariño, incluso Michelangelo lo denomina “su techo” cuando descubre las intenciones del Papa por remplazarlo por Rafael para que él lo culmine) le causa infinitos problemas de salud. ¿Does he care, though? El techo está terminado, eso responde a la pregunta.
Está casado con su obra. Ya no es un trabajo, es una razón de vivir. Es un regalo para el mundo, el cual viene concebido también por algo que es muy importante para Michelangelo: su fe en Dios. Esto lo vimos en clase. Su amor por Dios es visible en su trabajo y su ética hace que defienda su visión de todas las críticas y que no le importen, porque cree en lo que hace y lo ama. El sólo pensar en exhibir su obra incompleta es doloroso, insoportable. En verdad, cuando es golpeado por el Papa, me duele. Cómo se encoge y se abraza sí mismo del dolor; la música desgarradora que suena cuando ve que desmontan el andamio. Los instrumentos hablan por él. Así como sentimos su éxtasis en el momento de la Revelación, sentimos su agonía. Infierno y Cielo colisionando.
Pero, como dije antes: el techo está terminado. Esto es... Simplemente dice demasiado. Me quedo sin palabras, en verdad. Lo único que puedo decir es que Contessina describe todo, diciendo que en ese techo hay más amor que el que pudiera existir entre hombre y mujer. Y cómo no, si Michelangelo quería terminar su obra más de lo que quiere a su propia vida. ¿No es eso amor?
Lo único que tengo claro en esta vida es que la pasión que tiene Michelangelo con su obra, con su trabajo, con lo que hace, la quiero tener yo en mi vida profesional. Defender mis ideales por algo en lo que creo, vender mi idea mediante un discurso sincero y real, que mi trabajo no se sienta como un trabajo. Si una agonía como la que sufrió Michelangelo es necesaria, so be it. Al final, todo habrá valido la pena y sólo quedará mi alma inmortal en mi obra, como lo está la de Michelangelo en la de la Capilla Sixtina y todo lo que hizo.
Sixtina del aguacate.
The Sistine Chapel, the wonder of the Renaissance.
In 1508, Pope Julius II commissioned Michelangelo to decorate the Sistine Chapel. They were made between 1508 and 1512. The result was a monumental creation that broke the molds of Renaissance art.
Vídeo Vatican Museums
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Le he hecho una foto a la capilla Sixtina
La hice y no me arrepentí. Ahora, me arrepiento. El arte también consiste en darle espacio a la obra.
¿Qué pasa si viajas a Roma y, una vez entras en la capilla Sixtina, te vas sin hacerle una foto? Le estarías haciendo caso a Kant. El filósofo prusiano afirmaba que experimentar cualquier tipo de belleza requería pensar, y eso solo puede ocurrir con un trabajo de reflexión posterior al visionado de una obra. En este sentido, podemos recordar que dentro de los museos hay bancos (y no precisamente, o no siempre, para descansar). El arte de la contemplación permite cuestionarse si eso que en principio calificábamos de hermoso, sigue siéndolo con la misma intensidad que al principio o si, por el contrario, ha perdido su brillo y nuestro interés. Contemplar la obra el tiempo que necesita y después darle espacio y tiempo son las claves que impulsan a Kant a decir que "el placer asociado con sentir la belleza requiere pensamiento" (Beauty Requires Thought; Aenne A. Brielmann y Denis G. Pelli).
Ahora bien, si nos dijeran que las pinturas al fresco de la bóveda de la capilla Sixtina son falsas, ¿seguiríamos apreciando su belleza? Probablemente no. Y es que, tal y como apunta Walter Benjamin, hay una pérdida del aura en el momento en el que reconocemos una obra como falsa. Ese es el motivo por el que viajamos a diferentes lugares y visitamos los monumentos emblemáticos. Parte de la emoción que transmite su belleza no viene solo de las cualidades objetivas, sino que son una construcción de ideas que creamos y se ven satisfechas una vez hemos visto el Empire State o la Torre Eiffel en vivo y en directo.
Por tanto, hay dos cosas que debes hacer cuando quieras apreciar la belleza de algún elemento: dale tiempo y disfruta de lo verdadero. El resto, viene solo.
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