El Huaso, parte 29: Tesis
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—¿Podí creer lo que hicimos? —me preguntó el Huaso mientras ordenábamos la pieza de mis viejos, limpiando cualquier rastro de evidencia de los hechos ocurridos en su ausencia.
—¿A que te refieres? —le pregunté, haciéndome el tonto.
—¡Que tiramos en tu auto po! —dijo con una sonrisa complice en su rostro—. Y estábamos super cerca del peaje. Nos pudieron haber pillado —se mordió el labio y se puso rojo.
—Si po —le dije pensando en lo que acababa de decir—. No sé qué me pasó que estaba tan ganoso.
—Ambos sabemos por qué fue —me miró con su sonrisa coquetona característica. La presencia de su primo, y los besos de despedida con él nos habían dejado muy excitados.
—¿Quieres hablar al respecto? —le dije, aprovechando que sacó el tema. Le tomé la mano y lo hice sentarse a mi lado en la cama—. ¿Estás bien?
—Si, amor —me miró a los ojos y juntó nuestras frentes—. Fue una tontera del copete… o no sé si del copete. Me pasé muchos rollos, solo eso —me pasó su brazo por la cintura—. Te amo —y cerró el tema con un beso.
—Yo también te amo —le dije una vez terminado el beso.
—Podríamos aprovechar que estamos aquí en la camita… —comenzó a decir, sugiriendo que volviéramos a hacer el amor.
—Primero ordenemos, y después todo lo demás —le advertí.
Continuamos limpiando y ordenando, y lavando la ropa de cama, y una vez terminada la jornada de aseo, nos tiramos en el sillón, agotados.
—Weon no pensé que nos demoraríamos tanto —le dije al Huaso, acostado encima de él.
—Nos habríamos demorado menos si fueras menos disperso —me respondió él con un dejo de amargura.
—¿Qué tiene? —le pregunté levantando la cabeza de su pecho y mirándolo a los ojos— quedó limpio y ordenado, que era el objetivo.
—Sí, pero no era necesario cambiar de posición todos los muebles para darles una sorpresa a tus viejos —sentía la pesadez en sus palabras, pero me seguía acariciando el cabello.
—Era necesario hacerlo porque ahora se ve más espacioso —le discutí.
—Bueno, quizás era necesario eso. Pero déjame ver como justificas el haberte puesto a ordenar los CDs de música por la fecha de nacimiento del cantante.
—Fue por orden alfabético —lo corregí—. Aparte tu sabes que no puedo dejar las cosas a la mitad. Si estoy ordenando, tengo que ordenar todo.
Ambos estábamos cansados y por eso tuvimos esa pequeña discusión.
—Vamos a tu pieza mejor —me dijo después de un rato, balbuceando—. Sigamos peleando allá.
—Más rato, descansemos un rato acá mejor —y acatando altiro mis palabras, me tomó y me acercó para quedar ambos cara a cara.
—Bueno, y de ahí comemos algo igual —me dijo antes de darme un beso, y al rato nos quedamos dormidos.
Nos despertamos al día siguiente, como a las 8 am, ambos sorprendidos por la cantidad de horas dormidas. El cansancio acumulado de tener un invitado en la casa y haber hecho tantas cosas en todos esos días nos pasó la cuenta.
Esa tarde era la última que tendríamos juntos en mi casa, así que tuvimos nuestra sesión de despedida.
Nos dirigimos a mi habitación, donde él tiernamente me abrazó y me besó. Me recostó en mi cama y pasó sus manos por mi abdomen y mis pectorales tras sacarme la polera. Se montó encima mio y comenzó a mover su cadera, rozando nuestras pelvis con los pantalones aún puestos.
Ambos nos sacamos la ropa independientemente, y una vez estuvimos los dos desnudos, el Huaso se lanzó a besarme, esta vez con más pasión. Me hizo sexo oral acostado de estómago en el colchón, con su cabeza entre mis piernas, pero luego yo lo hice voltearse para poder tener un poco de “actividad”.
Me incliné hacia adelante y comencé a mover mi cadera, de adelante hacia atrás y viceversa, metiendo y sacando mi pene de su boca, lo que a esa altura yo ya sabía que le encantaba. Luego me acerqué a hacerle sexo oral, haciendo un 69, donde ambos nos dábamos placer mutuamente.
Cambiamos de lugar, y yo me acosté de espaldas en la cama, y él acercó su trasero a mi cara, exponiendo su ano para poder hacerle un beso negro mientras él me hacía sexo oral. Al rato él se levantó y se montó encima de mí. comenzó a mover la cadera, rozando mi pene completamente erecto con sus nalgas. Sus movimientos eran irregulares, con nerviosismo, como cada vez que hacía de pasivo, pero como todas las veces anteriores, con el tiempo y la calentura se iba soltando y disfrutaba al máximo.
Se levantó levemente para que yo tomara mi pene y lo pusiera en su ano, y él bajó lentamente su cuerpo, hasta tener mi pene completamente dentro suyo. Se comenzó a mover despacio, de arriba abajo, dejándose caer en mi pelvis, gimiendo con cada sentada. Mientras yo lo masturbaba, él me pellizcaba las tetillas, y luego yo apretaba sus glúteos entre mis manos.
Cambiamos de posición y lo puse en cuatro, y seguí follándolo como antes, con fuerza y fluidez. Me inclinaba encima de él, abrazándolo por detrás y besándole el cuello y la nuca, y en la boca también cuando volteaba su rostro, para verme como lo hacía mío. Seguía moviendo mi pelvis mientras lo abrazaba, y así aprovechaba de seguir masturbándolo.
Comenzó a respirar entrecortadamente, y yo aproveché de aumentar la intensidad de los movimientos de mi mano, pero luego solté su pene y me levante y me enfoqué solamente en mi pelvis. me moví rápidamente, de adelante hacia atrás, con todas las fuerzas que me quedaban, provocándole tal placer que terminó eyaculando, y las contracciones de su ano producto del orgasmo me estimularon mas y mas.
Me salí y comencé a masturbarme, y al acabar, chorros de semen cayeron en su espalda. Volví a meterla en su culo tras eyacular, un par de estocadas y luego terminé. Me acosté de espaldas en mi cama y él se recostó encima mio, sonriendo.
—Estuvo rica la despedida —me dijo, acariciándome el pecho.
—Muy rica —concordé—. Fue un gusto conocerte.
—Igualmente… ¿cuál era tu nombre? —bromeó.
—Jean Paul —le seguí el juego, imitando pobremente un acento francés.
—Bonito nombre —dijo él—. Un gusto —me extendió la mano. Con esas habilidades debes haber hecho felices a muchas mujeres, Yam Pol.
—No tienes idea cuantas —respondí haciéndome el macho alfa.
Nos reímos de la tontera que estábamos haciendo y nos fuimos a la ducha para bañarnos, donde el Huaso aprovechó mi completa desnudez para hacerme un beso negro express, que me encantó recibir.
Lo fui a dejar a su casa, y nos despedimos con un abrazo en la entrada de la casa. Aproveché hasta el último segundo de nuestro abrazo, acariciando su cabello y sintiendo su aroma.
—Gracias por quedarte conmigo —le dije.
—Gracias a ti por aceptar mis tonteras.
—Te amo demasiado —lo presioné fuerte contra mi cuerpo.
—Yo también te amo —se separó de mí, miró para ambos lados de la calle y hacia atrás, para asegurarse que nadie nos viera, y me dio un piquito—. Chao amor —me dijo en voz baja, y se acercó a la puerta de la casa, desde donde me hizo señas para despedirse.
Me devolví a mi casa y se sentía muy vacía y solitaria. Fue raro haber estado viviendo con mi pololo en mi casa solos, pero ahora en la soledad lo extrañaba.
Al otro día llegaron mis viejos, así que no estuve solo por mucho tiempo. De todas formas la despedida con mi pololo había sido un poco exagerada porque igual nos seguimos viendo los días siguientes.
Con la llegada del segundo semestre, los nuevos ramos nos impidieron vernos mas seguido con el Huaso, ya que en todos los laboratorios quedamos en grupos separados. Además, tuvimos que comenzar con las tesis, y por un terrible malentendido, quedé solo.
—¿Cómo que la vas a hacer con la Claudia? —le pregunté al Huaso, cuando almorzábamos todos juntos en el casino.
—Si po, si tu te juntaste con el Bryan para hacer la tesis, y no me dijiste —me respondió mi pololo desafiante.
—Nada que ver, yo estoy con el Victor —se defendió el Bryan.
—¿Viste? —le insistí al Huaso— ¿por qué pensaste que estaría con el Bryan?
—Yo le dije, Larry —intervino la Claudia—. Lo que pasa es que como escuché que el Bryan te preguntaba con quien la harías, pensé que se estaban poniendo de acuerdo —me miraba con arrepentimiento en sus ojos, pero tenía tanta rabia que ni siquiera le pude responder.
—Claudia ¿y si vas a hablar con la jefa para que puedan cambiar los grupos? A ti te tiene buena—sugirió el Bryan, para solucionar todo el mal entendido.
—Ya, a la tarde iré a hablar con ella —concordó ella—. Así me acompañas tú y aprovechas de anotarte.
—Bueno —respondí escuetamente, con mucha rabia dentro que sentía que en cualquier momento lloraba. Pero me contuve y solo mantuve la mirada fija en la bandeja de comida.
—Tranquilo amor, si vamos a solucionar todo —me decía el Huaso al oído sobándome la espalda, pero yo no le respondía.
“Debiste haberme preguntado, no quedarte con lo que te decía la Claudia”, pensaba en mi mente, pero no se lo dije.
—Oye, ¿y vas a quedar sola tu? —le preguntaba mientras el Victor a la Claudia.
—Si, pero no importa —respondía ella—. No puedo separar a los chiquillos. Aparte voy a ver si me puedo colar en el proyecto de la Cata.
—No creo que mi profe acepte porque yo empecé hace rato —intervino la Cata.
Terminamos de comer, hicimos la típica sobremesa, y después nos fuimos a la oficina de la jefa de carrera, donde ingresamos con la Claudia y el Huaso para poder hablar con ella, pero todo salió peor.
—Que bueno que viniste a inscribirte Larry, justo te estaba buscando —me dijo la jefa cuando le dije que iba a inscribir la tesis, aunque dudo que de verdad me haya estado buscando—. Solo queda la tesis del profesor Rosales, pero no te preocupes que es una de las mas interesantes—. La jefa ignoraba que nadie había elegido al profe Rosales porque era muy estricto y severo en clases, y todos le temían para trabajar con él—. Eso sí es una tesis individual.
—¿No puedo ser con el Pato? —le pregunté tímidamente.
—¿Pero que no él está inscrito con Claudia? —me preguntó— ¿sabes que no puedes trabajar en dos tesis cierto? —esta vez se dirigió a mi pololo.
—Sí, lo que pasa es que queríamos ver si me puedo cambiar de mi tesis, a la tesis del Larry —explicó el Huaso.
—Imposible —respondió la jefa—. Las tesis inscritas ya están firmadas y timbradas por el decano.
Sentí como un peso cayó en mi estómago. La idea de no hacer la tesis con el Huaso era horrible, pero soportable. Lo que no podía imaginar era como sería ser tesista del profe Rosales, y solo mas encima.
Salimos de la oficina en silencio, y cuando estuvimos fuera el Huaso me dio un abrazo.
—Perdóname amor —me decía al oído.
—Sorry Larry, no fue mi intención —se disculpaba la Claudia, tocándome el hombro.
Yo seguía en silencio, un poco en shock. Solo quería gritarle al Huaso por hacerle caso a la Claudia y no consultarme a mí antes de anotarse; pero simulé que ya lo había superado, y traté de cambiar de tema para olvidar lo que acababa de pasar.
Pasaron los días y perdoné a mi pololo por la cagada que se mandó. Al menos así lo sentía, como una gran cagada, porque tengo tendencia a sobredimensionar todo, pero nunca se lo hice saber así, así que seguimos adelante. Con la Claudia seguíamos teniendo relación cordial, aunque después de el Tesis Gate, le guardé un pequeño rencor en el fondo de mi corazón.
Mi profe de tesis, como buen investigador, aprovechaba el tiempo al máximo, así que apenas se difundieron los nombres de los alumnos tesistas, me llamó altiro para comenzar con el trabajo.
La tesis me demandaba mucho tiempo, estar encerrado en el laboratorio haciendo análisis y preparando muestras, cultivando, analizando y escribiendo. Todo bajo la atenta supervisión de Rosales, que a diferencia de su faceta de profesor en el aula, en el ámbito de investigación era pulcro y perfeccionista, pero un poco más relajado. Pude llegar a conocer un lado suyo más cercano y agradable.
El Huaso, en tanto, aún no comenzaba a trabajar en su tesis, ya que el profe que había elegido junto a la Claudia era super relajado y medio volado.
—¿Vas a venir a mi casa? —me preguntó un viernes, cerca de las 8 de la noche, cuando yo seguía trabajando en la U.
—No lo sé —le respondí—. Estoy muy cansado en verdad, y creo que saldré tarde de acá.
—Puta la wea —dijo entre dientes—. Ya, no importa, que estí bien, te amo —se despidió cortante.
—Pero, ¡oye espera! —le grité para evitar que colgara—, el profe la otra semana se va a un congreso, así que estaré libre y nos volveremos a ver.
—¿En serio? —noté la alegría en su voz—. Menos mal. Te extraño mucho amor —se le pasó altiro el enojo.
Volví a entrar al laboratorio para terminar con lo que hacía, y pude irme a mi casa pasadas las 9 de la noche.
Al otro día tuve que volver a ir, a las 9 am (cero consideración del profe por la vida social de un veinteañero), y me sorprendió con una noticia.
—Joven Larry —comenzó, como me llamaba él—, como la próxima semana no estaré presente, lo dejaré a cargo de Guillermo, mi alumno del doctorado —anunció, presentándome al joven que estaba sentado a su lado.
De cara redonda y sonrisa bonachona, Guillermo me saludó con amabilidad. Era joven, y lo ubicaba porque había terminado la carrera hacía uno o dos años (no estaba seguro).
Al llegar a la casa del Huaso, cerca de las 3pm, tuve que decirle que no tendría tan libre la siguiente semana.
—Puta la wea, Rosales culiao —dijo con rabia el Huaso, acostándose en su cama y tapándose la cara con un cojín.
—Pero igual el Guillermo se ve simpático, en volá no me hace quedarme hasta tan tarde —lo tranquilicé.
—Ya, si igual puede ser —reflexionó—. Podría ir a hablar yo con él y pedirte que te suelte antes.
—¿Y como lo lograrías si se puede saber? —le pregunté incrédulo—. Dudo que le vayas a explicar que quieres pasar tiempo con tu pololo.
—Era una sugerencia nomas —me respondió molesto—. Perdona por tratar de idear oportunidades para vernos.
—Ya, perdona —le dije acostándome a su lado—. No quise sonar pesado —le tomé la barbilla y lo besé en los labios.
—La idea era que yo hablara con él. Por cualquier wea, porque lo conozco, y así en vola te deja salir antes… Jugábamos a la pelota juntos —agregó rápidamente, al ver mi cara de interrogación.
—Igual puede ser —concordé con él, más por cortesía que por convicción.
Nos quedamos acostados regaloneando un rato, pero al rato me levanté, con ganas de seguir acostado con mi amor, pero resignado ante mis obligaciones familiares.
—¿No puedes celebrar el cumple de tu vieja otro día? —me dijo poniendo cara de pena.
—Me parece que no —respondí pensativo—. Pero mañana tendremos todo el día para nosotros —le prometí con un largo beso.
Me fui a mi casa a compartir junto a mi familia, y me sorprendió mi papá al decir que al día siguiente iríamos los tres a San Pedro, para celebrar el cumpleaños de mi mamá en un entorno místico, así que tuve que cancelar a mi pololo también.
—Si quieres invitas a tu amigo Pato —ofreció mi papá—. Porque está solo aca, ¿cierto?
Me sorprendió su ofrecimiento, pero la idea de estar junto a mi pololo y no poder abrazarlo ni acariciarlo, y mucho menos besarlo me mataba. El miedo a que mis padres se dieran cuenta por una mínima señal, un guiño o una mirada más larga de lo normal, de que pololeaba con el Huaso, me superaba, así que inventé que tendría que trabajar en su tesis.
Fue una mala decisión de mi parte, porque el Huaso se enojó aún más, y no me habló durante días.
—¿Te ha dicho algo de mi? —le pregunté al Bryan el martes, cuando lo vi saliendo de un laboratorio que tenía junto al Huaso, y yo estaba trabajando en la tesis.
—Tu sabes que no —me respondió riéndose—. Ya se le va a pasar —me dijo para que me tranquilizara—, aunque igual la cagaste feo.
—Si sé —respondí cabizbajo—, aunque él la cagó primero —aún seguía un poco resentido.
En ese momento el Huaso salió del laboratorio y se dirigió hacia donde yo estaba, y sin decir nada, me abrazó. Le respondí el abrazo, presionándolo fuerte contra mí. La idea del abrazo era para no tener que darnos besos en público (por razones obvias), pero un abrazo tan largo y sin palabras entre dos hombres de seguro levantó sospechas entre los que pudieron observar.
Me dio un par de palmadas en la cabeza y luego me tiró suavemente el pelo, dio media vuelta y se fue.
—Creo que sigue enojado —le comenté al Bryan, sobándome la cabeza donde me había tirado el pelo.
—Pero no soporta estar sin verte, se nota —complementó mi amigo.
Al rato apareció el Guillermo para decirme que tenía que entrar a seguir con las técnicas y análisis, así que me despedí del Bryan.
En la tarde teníamos una clase teorica juntos, así que por fin nos pudimos ver. Cuando llegué seguían esperando que llegara el profe, así que me acerqué al grupo y me senté a la derecha del Huaso.
—Perdóname por ser tan aweonao —le dije al oído, apoyando mi brazo izquierdo en su hombro derecho.
—Bueno —me dijo riéndose, y pasó su brazo derecho por mi espalda y me acarició la cabeza—. ¿Te dolió? —preguntó buscando el lugar donde me había tirado el pelo.
—Un poco —me reí inocentemente. Estaba re contento porque por fin estaba “bien” con mi pololo.
—Igual, me dieron como ganas de ir al baño —me dijo al oído coquetamente mi pololo.
—¿Es en serio? —le pregunté serio.
—Si po, si el profe siempre se demora caleta —me respondió con una sonrisa en la cara, y justo en ese momento llegó el profe—. Puta la wea…
Nos reímos juntos y entramos a clases resignados.
Nos pusimos de acuerdo para vernos al dia siguiente en la tarde. Lo acompañaría a jugar a la pelota con los cabros, y después tendríamos nuestra esperada reconciliación.
Al día siguiente el Guillermo me llamó al laboratorio para explicarme unos resultados que habíamos obtenido, mientras el Huaso me llamaba para saber dónde estaba, porque el partido iba a comenzar. Antes de entrar le mandé un mensaje diciéndole que iba hacia el laboratorio, pero una vez dentro no le podría contestar porque no me llegaba nada de señal en el lab.
Al final la revisión de los resultados tomó mas tiempo de lo esperado, ya que el Guillermo me hizo planificar todo lo que haríamos el resto de la semana según los nuevos resultados, y al salir me llegaron de una todos los mensajes y llamadas perdidas de mi pololo. Lo traté de llamar de vuelta, pero no me contestaba, así que me fui a la cancha a ver si aún seguían jugando, aunque por la hora calculaba que habían terminado hacía mucho rato.
Como no lo encontré, me fui a tomar la micro y me encontré con el Bryan, y le pregunté si sabía algo.
—Se fue con los niños, creo —me respondió confundido.
—¿Y tu por qué no fuiste con ellos? —le pregunté sorprendido.
—Fui a la biblioteca para leer algo de mi tesis —explicó, y sacó un libro de su bolso para mostrármelo como evidencia.
—¿Y sabes para donde fueron? —prácticamente lo estaba interrogando.
—Creo que iban a ir a tomar donde el Victor —respondió—. Larry si pudiera te cambiaría por el Victor en la tesis. No ayuda en nada —comentó con un dejo de exasperación. Nos subimos a la micro, y le pedí al Bryan si podía llamar al Huaso—. ¿Y tu crees que me va a contestar a mí?
—No pierdo nada con intentar —me pasó su celu y llamé.
El Huaso no contestó, pero le mandó un whatsapp diciendo que no le diría donde estaba porque sabía que me diría a mi.
—El Pato wn, se enoja por puras weas —comenté, ya enojado.
—Pero quizás tiene razón en enojarse. Apenas te ve —me dijo el Bryan.
—Si, pero tiene que entender po, si no ando na webiando, ando trabajando en la tesis —me excusé. Se quedó en silencio el Bryan, sin saber qué decir—. Más encima el sábado es su cumpleaños y aún no le he comprado nada —agregué, esperando que mi amigo me aconsejara qué regalarle.
—No creo que sea necesario que le compres algo —comentó el bryan.
—¿Entonces qué le regalo? —le pregunté sin entender de qué hablaba.
—Yo creo que si le das de tu tiempo sería su mejor regalo de cumpleaños —mi amigo una vez más, me dejaba en silencio con su sabiduría.
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