Zona Roja - Larry Stylinson fanfiction.
Capítulo nueve.
El esmeralda colisionó con el zafiro por un largo e intenso rato de silencio sepulcral; lo único que se escuchaba en la habitación era el chocar de sus alientos irregulares. Louis pensaba minuciosamente la respuesta, y la tenía, pero simplemente no quería sacarla así como así. Prefería tener su tiempo y espacio adecuados para responder a la incógnita de Harry. El mayor bajó la mirada y entreabrió la boca para hablar, cuando en la puerta se escuchó el tintineo de las llaves, siendo una introducida a la puerta. Louis, asustado, se quitó de encima de Harry de un ágil salto, quedando justo a su lado del sillón; el rizado rió ante la imagen del típico adolescente teniendo relaciones con su novia, pero cuando escucha a sus padres llegar, salta de la cama como nunca lo pudo hacer en su vida y comienza a vestirse desesperado-no era el caso de Louis-. Miró al castaño y en eso escuchó la puerta cerrarse.
— ¡Boo! ¡Ya llegué! —Una voz fémina y algo rasposa se escuchó por todo el recinto.
— ¡Vale, abuela! —Gritó en respuesta el castaño, mirando a Harry después, quien le miraba con una sonrisa. — ¿Qué?
— ¿”Boo”? —No pudo evitar ampliar esa sonrisa socarrona sobre sus labios color sandía dirigida completamente hacia Louis.
—Calla. —Rió por lo bajo para después voltear cuando vio a su abuela cruzar el umbral de la sala con una sonrisa dirigida a él.
— ¿Quién es, Boo? —Cuestionó enseguida al ver a Harry sentado al lado de su nieto como si de nada se tratase; el rizado tan solo levantó la mano y saludó con una media sonrisa seductora.
—Oh. —Miró fugazmente a su amante y después sonrió a la mujer de cabellera canosa. —Es un amigo, abuela. Quiso visitarme. —Y fue una de las mentiras mejor contadas que Harry pudo escuchar en su corta y asquerosa vida de 19 años.
— ¡Qué bien! Bienvenido. —Expresó con una amplia sonrisa aquella señora, caminando lentamente hacia el rizado. Una vez que estuvo enfrente sonrió aún más. —Pero vaya que tus amigos son guapos, Tommo. —Y de alguna forma, Harry vio cómo la mujer le hacía “ojitos” lo cual fue algo realmente perturbador que fácilmente quiso evitar en su cabeza plantear.
—Muchas gracias, señora.
Este momento es cuando Louis mira a Harry con una ceja alzada y una mirada de asombro. Harry le corresponde con una sonrisilla maldita. Ambos lo saben. Son unos mentirosos que se disfrazan en el traje de un ser inofensivo y con buena educación ante todos los demás. Son conscientes de cuánto daño son capaces de hacer y recibir, y definitivamente sabían acerca del juicio que tenía el otro acerca del mundo. Prejuiciosos, escrupulosos, escépticos, embusteros y un sinfín de adjetivos más que se le podía dar a este par de chicos. Ambos sonrieron y volvieron su mirada hacia la abuela que estaba diciendo quién sabe cuántas cosas acerca de sus tiempos de juventud y cuán guapo era el abuelo de Louis. Pronto terminaron los tres sentados en la misma sala, con la televisión encendida y tazas con té de limón humeante y caliente. Las tres tazas tenían un diseño muy peculiar, siendo que la escena de la guerra de los barcos no era de verse todos los días para esos tiempos.
— ¿De parte de quién es abuela usted? —Preguntó el ojiverde, dando un leve sorbo a su taza, saboreando el exquisito sabor del té inglés.
—Soy su abuela paterna. —Respondió con cordialidad la mujer, sonriendo e imitando a Harry.
—Qué interesante y qué lindo que cuide de Louis tan bien. —Elogió con esa sonrisa encantadora que comenzaba a enamorar a la abuela Tomlinson.
—Oh, mi Boo Bear siempre ha sido mi adoración, aparte de que me ayuda con los gastos de la casa. —Sonrió con esas mejillas regordetas y un poco arrugadas, mirando con orgullo y amor a su nieto. —Pero dime, Harry. ¿Me aceptas una invitación de quedarte a comer?
—Claro que sí, señora Tomlinson. —Enseguida respondió. Si quería quedar bien con alguien para poder seguir follando con Louis, esa era la abuela del chico, pues entre más confianza hubiere, mejor era la ganancia para él.
—Me alegro. —Rió tímidamente. —Boo, no hay sal en la cocina ni soda, ¿Podrías ir al súper a traer? —Pidió amablemente la señora mirando a su guapo nieto.
—Está bien, abuela. —Aceptó el chico, dejando la taza de té de lado. —Solo que ahorita no tengo dinero, ¿Me podrías prestar para comprar las cosas? —Rebuscó en los bolsillos de su pantalón sin éxito alguno.
—Lo siento, Boo. Me gasté todo lo que me diste con mis amigas.
Fue entonces que Harry cayó en cuenta de todo. Absolutamente todo lo que sucedía en esa pequeña casa y cómo Louis era vilmente explotado aún y por su abuela, por mucho que ésta fingiera la inocencia de la anciana que era. Le parecía una total mierda la vida de éste niño. Su madre muere en el parto, su padre se suicida cuando tiene un año y, bueno, su abuela lo mantuvo por buen rato, pero ahora la vieja ni siquiera se levantaba de con sus amigas, porque bien era capaz de buscar y encontrar algún trabajo digno para una mujer de su edad, sin embargo, prefería mantenerse del poco o mucho-lo que sea- dinero que Louis le daba diariamente de su trabajo como gigoló por las noches en Londres. Apretó el puño y sacó su billetera.
—Yo tengo dinero. Vamos, Louis. —Salió él primero de la casa, siendo seguido por el castaño apresurado. —Dime dónde está.
—Son peligrosos estos rumbos, Harry. —Mencionó el más bajo, cerrando la reja de entrada.
—No vengo tan arreglado como para llamar la atención. —Puso los ojos en blanco y caminó junto a Louis, dejándose guiar por éste.
—Tienes razón. —Coincidió.
Caminaron por el trayecto el cual les llevaría al súper más cercano a la casa de Louis; iban tranquilos, Harry admiraba las casas de ahí, las cuales parecían algo antiguas y descuidadas por su aspecto, mientras que Louis caminaba inquieto y receloso, siempre mirando a los alrededores, el rizado lo notó y tan solo rió, continuando su tour mental a través de las casas y sus propios pensamientos. Ahora que lo recordaba, había quedado una importante pregunta al aire, sin respuesta alguna porque la abuela de Louis había decidido irrumpir en la casa justamente cuando el castaño iba a responder; decidió pasarlo por alto, ya que se sentía estúpido después de haber hecho esa idiota pregunta. Le atraía Louis. Sí. Pero solo sexualmente.
—Deberías aprender a defenderte, Tomlinson. —Habló de manera vaga Styles mientras su mirada esmeralda se dirigía hacia la zafiro de Louis.
— ¿A qué te refieres? —Frunció el ceño confundido, correspondiendo esa preciosa mirada que a la hora del sexo revelaba tanta lujuria, al punto de ponerlo más caliente de lo que podía estar.
—Todo mundo abusa de ti. —Mencionó con un deje de molestia en su voz. —Incluso tu abuela. —Pudo sentir cómo el mayor paraba en seco en medio del camino.
—Mi abuela no ha abusado de mí, y jamás lo hará. —Habló en seco, sintiéndose realmente ofendido por parte de Harry.
—No te has dado cuenta, pero lo hace. —Sonrió de medio lado, mirando al más bajo, provocando un enojo aún más grande dentro de él.
—No sabes lo que dices, Styles. —Las palabras salieron entre dientes y su mirada se asevera hacia el más alto, quien tan solo vuelve a reír.
—Créelo que sé más que tú lo que digo. —Se acercó a pasos inquietos hacia Louis, quien tan solo retrocedió a cada centímetro que se acercaba Harry de él.
—Eres un imbécil. Ya te dije que mi abuela jamás haría algo así. —Contraatacó encontrándose con un árbol plantado frente a una de las pequeñas casas.
Harry encontró su oportunidad perfecta al verle tan vulnerable contra aquél árbol-bendito momento en que lo plantaron-, lo arrinconó entre su cuerpo y el tronco de la planta. Louis se sintió realmente enfadado con las palabras del rizado, sin embargo si corazón comenzó a latir aceleradamente con su evidente e incómoda cercanía. Styles, como dijo, sabía perfectamente lo que decía, incluso el doble que Louis pensaba. Juzgaba por lo que había visto y lo poco que el más bajo le había contado en tan poco tiempo; colocó su rodilla en la entrepierna de Louis y disminuyó aún más la distancia, si es que era posible. Caer en cuenta de que ambos entraron a la vida del otro como vil intruso, al inicio intervenía el dinero, ahora ellos sabían perfecto que la palabra que iba ligada con ellos dos era únicamente sexo, nada más.
—Entonces tú trabajas, te jodes el orto, eres una puta sucia, una zorra vendida y aún dejas que tu abuela se lleve todo el dinero que ganaste en una corriente, vulgar, obscena noche como una ramera cualq-
Sus palabras quedaron bloqueadas de un zarpazo que le tiró Louis, con esa expresión de cólera en su rostro, irradiando casi odio. Harry volteó el rostro enseguida que recibió el golpe, para después volver la vista con cabreo, a punto de decir algo. Calló. Los luceros azulados de Louis ya no reflejaban una chispa inocente, ahora el resplandor era porque empezaban a aguarse, comenzaba a teñirse la retina con pequeñas venas rojizas y fruncía los labios con insistencia. Quería llorar. Fruncía el ceño con las cejas alzadas, de aquella manera la cual lo hacían los niños cuando sentían las ganas de llorar pero no querían hacerlo frente a absolutamente nadie. Su mejilla roja y ardiente no importaba ya, porque a su cabeza tan solo cayó un yunque con la leyenda “Joder”. ¿Alguna vez han sentido que cagaron algo? Pero, ¿Alguna vez han sentido que la cagaron en un nivel el cual quisieras regresar el tiempo, no al momento de haberla cagado, sino de tu propio nacimiento? Bueno, así se sentía Harry en este instante, donde su propia mirada no creía lo que veía y lo que había causado. Abrió la boca para decir algo más pero la mano de Louis fue más rápida y le proporcionó otra bofetada en la misma mejilla, con la cual salió a zancadas rápidas directo a quién sabe qué parte, dejando al más alto con la boca abierta; rozó con la yema de sus dedos la zona dañada, sintiendo un leve ardor, hizo una mueca, pero eso le dolía menos que la sensación que tenía en su pecho aquél momento.
Debió haber revocado esa llamada, es más, ignorarla o lanzar el teléfono por la ventana del apartamento. No debió haberse levantado para vestirse y debió permanecer acostado todo el día. Ni siquiera hubiera tomado el maldito auto para estacionarse en el Starbucks donde siempre Liam lo cita o donde peleó con Danielle. Ni siquiera debería estar entrando, no debería saludar a Liam y no debería sentarse frente a él. No debería estar mirando esa sonrisa como si fuera la cosa más perfecta que haya podido existir, ni mucho menos debería estar sintiendo estos golpes en el pecho de querer decirle la verdad. No sabía qué mierdas Liam estaba hablando, pero solamente quería darle un golpe en la cara y decirle lo que sentía, quién realmente le quería y quién jugaba con él, pero solamente estaba ahí, sentado, mirándolo con una sonrisa fingida y aparentando que le escuchaba atentamente.
—Danielle quiere que seas padrino de la boda. —Esas palabras colisionaron contra sus tímpanos, creando una señal a su cerebro para que ahora sí pusiere atención. —Estoy muy feliz de que se hayan llevado bien, ¿Sabes? Es genial que le agrades y que te quiera como padrino. Sería tan genial como no tienes una idea. —Hablaba y parloteaba estupidez y media de esos labios carnosos que atrajeron al morocho desde el primer día en el Starbucks. — ¿Aceptas? —Cuestionó de pronto, sacando a Zayn de sus pensamientos, obligándose a mirar al más joven.
—Pasaste mi consejo y mi historia por el arco del triunfo. —Su expresión aún era pasmada, mirando fijamente al castaño. Ignoró la propuesta y prefirió recibir su propia explicación de porqué le ignoró de manera tan infame.
La expresión de Payne cambió por completo y miró hacia otro lado. Parecía acongojado, pero es que de verdad Zayn quería que le explicara siquiera porqué lo mandó tanto al carajo. Está bien que no esté interesado en él, de hecho no le importaba, pero nunca había compartido tan abiertamente su historia como para que la enviaran por un tubo con la leyenda “No me importa”; se sentía traicionado de alguna manera. Traicionado e ignorado, como cualquiera estaría en su lugar.
—Perdona, Zayn, pero…
— ¿Por qué? —Su expresión no cambiaba. Intentaba sonreír para Liam, pero no lo lograba. Enserio que no. Su compañero pareció notarlo.
—Amo a Danielle.
Y como cuchillas medievales, éstas se incrustaron hasta el fondo de su alma, sintiendo el pinchazo y cómo de este brotaba sangre a borbotones.
—Bien. —Agachó el rostro, volviendo a levantarlo y forzando una sonrisa. —Acepto ser tu padrino. —Fingiría que nada pasó, que no ama a Liam, que no peleó con Danielle, que no sabe que Danielle tan solo quiere una herencia. Fingiría que no se estaba volviendo loco por una estupidez y por último, fingiría que no le dolía nada.
—Gracias, Zayn. —Sonrió ampliamente el castaño. Y lo admitía. Zayn se veía diferente hoy. Estaba pálido y sus ojos demasiado apagados, con las ojeras aún más marcadas que antes, no entendía el porqué.
—Me tengo que ir, Li. —Ese apodo. Adoraba escuchar ese apodo provenir de esos labios los cuales hoy lucían más pálidos y resecos que de costumbre. —Tengo muchas cosas qué hacer.
—Está bien, y nuevamente gracias. —Ni siquiera le dio chance de levantarse para despedirse, cuando el pelinegro ya lo había hecho para irse.
Sentía náuseas y el estómago le ardía, la cabeza latía con fervor y su vista se borraba a cada paso que daba. Liam no lo veía bien desde la perspectiva de su espalda. De un instante a otro, como el día en que se conocieron, todo sucedió. Zayn tambaleó y se tuvo que recargar en uno de los sillones, donde había una pareja sentada, la cual solo le miró de mala manera. El morocho se disculpó y cuando intentó retomar su camino para irse, se desvaneció sobre el suelo, con su cuerpo cayendo de peso completo, solo que si no fuere por ese instante en que alguien se levantó de su asiento para sostener lo que faltaba y no se golpease la cabeza. Liam enseguida imitó al salvador de Zayn, quien era un señor con sobrepeso de unos 60 años, le estaba auxiliando. El ojimarrón se acercó enseguida al cuerpo yacido de Zayn ante la mirada aterrada de varios en el lugar. El barista, quien no era Josh para su turno, se acercó también, comenzando a marcar en su teléfono un número, al igual que lo habían hecho antes varios clientes del lugar.
— ¡Zayn! ¡Reacciona, Zayn!
Olvidó colocarse esa nota mental en la cabeza, la cual se había prometido establecer antes de que sucediera algo, y no lo hizo. “Llevas varios días sin comer y solamente has fumado”. Joder.
Miraba el techo de su departamento desde su cama. No se había levantado en horas, y es que ni siquiera él mismo sabía lo que tenía. Ya había comprado tres botes de Pringles y una soda completa. Los tres botes y el envase estaban tirados cerca de su cama. Se sentía somnoliento pero no quería dormir, o mejor dicho, no podía. Simplemente por su cabeza pasaba la insólita imagen de aquél querubín con las lágrimas al borde de salir, la humedad en sus ojos, haciendo un perfecto contraste. En otra situación hubiere alabado cuán precioso se veía Louis cuando estaba casi a punto de llorar, pero ésta vez solamente quería matarse a sí mismo y golpearse peor de lo que había hecho Louis. No entendía, definitivamente no lo hacía. Hacía una semana que le negaba a Zayn que estuviera enamorado, pero ahora hasta él mismo dudaba de sus propias palabras. Lo podía seguir negando, pero simplemente el estado en el que se encontraba no le daba un argumento válido para hacerlo. Enmarañó sus rulos con sus manos repetidas veces con desespero, para después girar y quedar boca abajo. Enterró su cabeza en la almohada y volvió a culparse de cómo se puso Louis esta tarde, aunque no tenía que hacerlo, porque él fue el culpable. Giró la cabeza y miró el reloj… 09:00 pm. Joder. Su orgullo no le permitía levantarse de la cama a pedir perdón por mucho que quisiera. Bufó y volvió a enterrar su cabeza en la almohada, esperando su muerte, pero se dio cuenta de que no era capaz de suicidarse con una maldita almohada. Ahogó un grito frustrado
El doctor le había notificado a Liam, que Zayn estaba deshidratado y desnutrido, debido a la falta de alimentos en una semana y la escasa agua consumida en la misma. Payne se preocupó por él, así que decidió quedarse a dormir en la habitación donde le internaron. El doctor decidió que lo internaran, por el hecho de que tenían que proporcionarle los nutrimentos y los líquidos que había perdido con pocos días de no haberlos consumido y claramente, Zayn no lo haría por sí mismo en su casa si le dejaban ir. Estaba sentado en la silla al lado del moreno, cuando éste comenzó a removerse entre las blancas sábanas del hospital, alarmando a Liam. Abrió su par de iris miel con alerta, mirando hacia todos lados. Parecía preocupado.
— ¿Qué? —Fue lo primero que salió de sus labios, alarmándose a cada señal de estar en un lugar desconocido. — ¿Dónde estoy? ¿Dónde? ¿Qué es esto? —Cuestionó al ver el catéter canalizado a la vena de su mano derecha. Ahora parecía asustado. — ¿Dónde estoy? —Era lo principal para el pobre chico.
—Zayn, Zayn. —Le intentaba calmar, acariciando esas hebras color ébano, las cuales estaban algo revueltas debido a la camilla. —Soy yo, Liam. —Habló. El aludido viró hacia él, reconociéndole y calmándose un poco. —Estás en un hospital. —Informó de inmediato, continuando con las caricias que parecían acallar a Malik.
— ¿Qué hago aquí?
Liam no pudo evitar que la imagen de un niño desamparado y asustado viniera a su cabeza. Sonrió enternecido, bajando su mano a acariciar la barbuda mejilla de Zayn.
—Creo que eso me lo tienes que explicar tú. —Seguía con esa pequeña sonrisa, derritiendo el corazón de Malik con la cercanía. — ¿Cómo está eso de que no has comido en una semana? —Reprochó con una mueca torcida sobre sus carnosos y rosados labios. Su compañero pareció abochornarse de pronto con el tema.
—Tuve varios problemas. —Mintió sin dejar de mirar directo a ese par de orbes color marrón que le miraban directamente a él. Solo a él.
— ¿Ah, sí? ¿Qué clase? Dime. Tengo tiempo. —Volvió a tomar el banco y se sentó sobre de él, sonriendo con sorna.
—No te van a interesar. —Rió al ver la terquedad que de pronto Payne sacó de sí.
—Si te lo pregunto es porque me interesa. —Rió junto al moreno. De alguna forma, adoraba verle sonreír, era demasiado tierno y conmovedor cuando lo hacía.
Pasó otra semana de su pútrida y jodida vida. Tan solo había salido de su departamento para las sesiones fotográficas y después había vuelto a encerrarse. Así es. Estaba falto de sexo. No había ni siquiera mirado a las nuevas modelos brasileñas que habían llegado a la agencia para una sesión, por mucho que éstas casi le tiraban las tetas en la cara para que volteara. No. Porque en su mente solo cabía una palabra y era “Louis”. No quería sexo con alguien más que no fuera él. Necesitaba solo de él. Su media barba ya había crecido un poco y sus rulos solamente se habían aseado estos dos días que fue a sesión de revista. Era una flojera inmensa la que sentía hasta para ir al baño. No se sentía deprimido, eso era estúpido, sino que sentía las ganas de ir pero la frustración de que “orgullo” llegaba y le daba una bofetada para volver a tirarlo a la cama y gritarle “NO”. Pero hoy era diferente. Salió de la cama y se metió a la ducha por tercera ocasión en la semana; Un jersey a rayas color gris antracita, jeans negros, mocasines azul oscuro aterciopelados con suela de goma y su típico cabello alborotado; se quitó la barba y de inmediato salió hacia la casa de Louis, antes pasando por un McDonald’s y pidiendo unas cosas. Volvió a acelerar, estacionando justo enfrente de la casa. Miró su reloj… 05:00 pm. Tomó su orden del restaurante y bajó del auto, directo a casa del castaño. Tocó una, dos, tres. Cuatro veces. Nadie atendía. Cinco, seis…
— ¡Voy! —Avisó una gastada voz femenina, para después, a través de la puerta, revelar la identidad de la abuela de Louis. —Oh, Harry. —Se acercó al chico de inmediato, con su cabello despeinado, una bata larguísima y un par de pantuflas. —Tommo no quiere salir. Me dijo que se siente mal. —Avisó con una voz melancólica. Harry solamente suspiró.
— ¿Puedo pasar a verle? —Preguntó algo inquieto.
—Dijo que no quería visitas. —Agregó con el mismo tono de voz.
—Por favor, señora Tomlinson. —Suplicó con el mejor rostro de cachorro apachurrado que tenía en ese momento.
La mujer pareció meditarlo unos minutos, para después suspirar y abrir la reja.
—Está en su cuarto, Harry. —Sonrió lo mejor que pudo, mirando cómo enseguida el rizado pasó.
Caminó hacia el interior con aquellas bolsas de cartón en sus manos con el bonito logo de McDonald’s sobre ellas. Buscó ubicarse entre los cuartos dónde estaría el de Louis, hasta que dio con él. Con duda, empujó la puerta que estaba entreabierta, encontrando a un Louis tendido sobre su cama boca abajo, mirando la televisión de manera vaga mientras comía un paquete de galletas; llevaba la misma pantalonera holgada de la semana pasada y un suéter igual de flojo, solo que color verde ésta ocasión; estaba descalzo y su cabello aplastado, sin peinar.
— ¿Ya se fue, abuela? —Volteó. Y en cuanto lo hizo, sus orbitales parecieron querer salirse como pelotas de pin pon. — ¿Qué mierdas haces aquí? —Enseguida atacó, levantándose para sacar a patadas a su “invitado”, solo que éste no se dejó de inmediato.
—Vine a hablar, Louis.
—Tú y yo no tenemos nada que hablar. Anda. Sal. —Ordenó empujándolo, pero fue inútil. El tipo hacía fuerza por no moverse.
—Claro que sí. —Insistía manteniendo el equilibrio con las bolsas de comida en manos.
—No. Harry. Sal. —Ordenó ésta vez dando golpes en el pecho del menor, siendo que éstos dolían poco pero no tanto para él.
—Perdón. —Salió de esos rojizos y gruesos labios.
Louis golpeaba, pero escuchar eso le hizo parar, para subir la mirada hacia el rostro de ese hermoso gigante que tenía enfrente. Tragó saliva. ¿Había escuchado lo que había escuchado?
—Perdón. —Repitió mordiendo su labio inferior, mirando con seriedad total al mayor.
Enserio que no sabía si creerle siquiera una de sus palabras. No conocía a Harry y lo único que sabía de él no le daba una muy buena defensa ante los ojos de Louis, pero por otro lado estaba el Harry que había contado su trágica historia desde el fondo de su corazón solamente a él y contados otros más. Era un maldito privilegio, pero ¿A cambio de qué?
—No sé si confiar en ti, Harry. —Dijo con la verdad, aun mirando ese abismo color esmeralda que destellaban sus orbes.
— ¿Dudas de lo que te digo aún y cuando traigo nuggets de McDonald’s porque recuerdo perfectamente que te gustan mucho? —Sonrió de medio lado y mostró la bolsa de cartón a su compañero sexual, quien no pudo evitar sonreír.
—Harry… No te perdono. —Sentenció tomando la bolsa. —Pero acepto los nuggets.
— ¿Cómo no me puedes perdonar? —Arqueó una ceja con esa sonrisa socarrona que definitivamente comenzaba a caracterizarlo.
—Mentira. —Rió tímidamente y rodeó el cuello del más alto deslizando sus manos hacia su nuca.
—Lou, enserio estoy muy arrepentido, como no tienes una idea. —Habló cambiando su tono de voz a uno más afligido, acercando sus labios a los ajenos. —Estoy consciente de que no debí hablarte jamás así, pero me da demasiada cólera el hecho de que todos se quieran aprovechar de ti.
—Empezando por ti. —Añadió aun sonriente, comenzando a mecerse de un lado a otro con el rizado. —Sé a lo que te refieres, Harry. —Suspiró, desviando la vista. —Pero, no sé. Si dejo a mi abuela sería como lo que hizo mi padre al suicidarse, o no sé. —Afligido, confundió todo en su propia mente, ni siquiera sabiendo qué contestar.
Harry le miró. Era una criatura tan angelical, que ni él mismo creía poder verlo; sus facciones finas, su físico de un dios. Todo de Louis se adecuaba a lo que Harry podría estar buscando. Pero su poca autoestima y dignidad la orillaban a perder el sentido de sí mismo y comenzar a preocuparse más por lo demás. Caso contrario a Harry, quien lo único que sabía hacer era mandar a la mierda a todo mundo que se le cruzara en medio como viles cucarachas que eran a su punto de vista. Eran el contraste entre el blanco y el negro, el agua y el aceite, el sol y la luna, entre otros miles de ejemplos, que difícil era verles juntos, sin embargo, eso no parecía ser obstáculo en la mente de Harry. Por primera vez en toda su detestable existencia, tenía una idea la cual había nacido de él. La iniciativa de hacer algo bueno por alguien y que seguía sin entender de dónde demonios salía todo esto.
—Louis. —El aludido volteó. —Ven a vivir conmigo
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