Carta 8.
Para el amor:
Creo que esto es aún más raro que escribirme a mí misma, pero no se trata de que sea raro o no, se trata de mí y de lo que siento, de lo que me oprime el pecho.
Y tú me lo oprimes, a todas horas. ¿Por qué me hiciste tener un corazón así de frágil si no ibas a dejar que ningún amor durase? Es una tortura cruel. Y que no tiene fin. Porque sabes que me va a doler toda la vida. Que él me va a doler toda la vida.
No puedo escuchar a mi dúo favorito sin recordar que lo aficioné a él, no puedo ver un atardecer sin pensar en cómo le gustaban a él, no puedo ver las estrellas porque automáticamente lo busco entre ellas, no puedo leer un libro sin querer mandarle un podcast hablando de lo que siento o de lo mucho o poco que me gusta, no puedo tomarme un café sin pensar en la adicción insana que tenía al de sus ojos, no puedo fumarme un cigarro sin obviar el hecho de que a él le encantaba como me veía haciéndolo, no puedo escribir sin olvidar lo mucho que me admiraba por hacerlo, no puedo enseñarle esos poemas que tenían su nombre pero que no tuve tiempo de escribir.
Y la peor parte es que no puedo enamorarme de nuevo querido amor, no sin sentir que le traiciono, que le olvido. Porque él fue mi gran amor, mi persona especial, mi estrella brillante. Y ya no está y te odio por haberlo puesto en mi camino. Pero a la vez no te odio porque fue lo más bonito que me pasó, aunque no durase toda la vida como nosotros nos prometimos una vez.
Quiero enamorarme y que dure, que sea eterno. Pero eso... Eso no se puede, ¿verdad? Como me duele que no, como me jode la realidad y como te odio a ratos amor.
Luchi







