Bueno, ahora mismo estoy jugando el episodio 27... ¿Crees que podrías hacer un One Shot sobre Sucrette hablando con Castiel sobre los celos que siente de Priya y que al final terminé confesando lo que siente?
Siento mucho que esta petición haya estado en mi bandeja durante taaanto tiempo. En ese momento había perdido de nuevo mis musas de la inspiración y tenía tantas clases y tan poco tiempo que no tenía fuerzas para hacerlo y, no es precisamente que ahora haya recuperado a mis musas, pero me estoy forzando a hacer cosas distintas en esta cuarentena. También estoy haciendo esto porque quiero escribir, aunque no tenga fuerzas para hacerlo, ni muchas ideas sinceramente.
Por eso pensé que peticiones estarían bien porque no tengo que pensar la idea en sí, solo como desarrollarla.
Hace dos o tres días hice uno, pero era algo que ya tenía planeado desde hace mucho, por ello, cuando encontré esta solicitud (que ni recordaba) pensé que sería buena idea realizarla.
Antes de empezar, quiero aclarar que esta historia, como pone en la solicitud es de la época del instituto, o sea, la primera temporada. Quiero recordaros que en esta temporada Sucrette es una niñita muy poco madura y me baso bastante en su personalidad y la forma en la que creo que ella reaccionaría. Puede resultar muy inocente, porque al fin y al cabo, tenía el comportamiento de una niña pequeña. Por ello, me disculpo por su comportamiento.
De nuevo me disculpo por haber tardado. Espero que la disfrutes.
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Era irracional, de hecho, bastante irracional.
Priya ni siquiera había mostrado un atisbo de estar interesada en Castiel de forma romántica, pero no podía evitar sentirse insegura por aquella presencia tan cautivadora de la chica nueva.
Todo el mundo parecía amarla y su carisma natural la hacía casi irritantemente perfecta, a diferencia de ella. Y sobre todo cuando se dio cuenta de que Castiel parecía encantado con la chica, casi como si se mostrase interesado y cautivado.
Sabía que, por mucho que fuese imposible que se enamorasen en menos de dos días, su perfección era tan palpable que solo la hacía sentirse en peligro. A ella le había costado la vida que Castiel y ella estuviesen en esos términos tan buenos. Y de repente, la presencia de Priya parecía sincronizarse con la de Castiel y para hacer buenas migas había bastado con un instante.
Mi cabeza daba vueltas mientras caminaba como alma en pena por los pasillos. Solo pensaba en Castiel y en Priya, en su cercanía, en mi lugar en esta historia y en lo irracional que estaba siendo... por ello, cuando Lysandro mencionó que su libreta había desaparecido, otra vez, me dispuse a intentar alejar cualquier pensamiento y cambiarlo por la condenada libreta de Lysandro.
Me dirigí por todas las aulas, incluso pregunte a Rosalya si había visto a Lysandro con la libreta, a penas me quedaban sitios por mirar, la planta baja, el sótano y el patio.
Como acababa de bajar las escaleras de la segunda planta, lo que más cerca me quedaba era el sótano así que sin demorarme demasiado, camine hacia el interior del sótano para rebuscar entre las cajas aplidas de la esquina.
¿Dónde estará la condenada libreta de Lysandro?
- ¿Qué haces aquí?
Una voz a mis espaldas resonó en la estancia.
La reconocí en seguida, era la voz de Castiel, y con su voz me trajo un pequeño escalofrío que recorrió mi espalda al ser consciente de que la persona que había estado en mis pensamientos estaba a unos metros de mí.
Incapaz de girarme, contesto.
- Oh, nada... solo estaba buscando algo...
Más que una contestación normal, mi murmullo fue torpe y descuidado, me maldije a mi misma al ser consciente de que había sonado increíblemente absurda y patética.
- Tu cara, ¿quizás?
Su broma me hace fruncir el ceño y me giro, cruzándome de brazos.
- Ja, ja, já. ¡Qué gracioso! ¿Te lo has inventado solo?
Y justo nada más contestar, no puedo evitar preguntarme que diablos estoy haciendo.
Sin poder evitarlo me he puesto a la defensiva con él, en vez de bajar la guardia he decidido saltarle encima como una idiota malhumorada. Soy una completa idiota, ahora va ser muy complicado tener una conversación normal, como adultos. Una conversación donde pueda acercarme a él...
Mis mejillas se ruborizan al pensar que, más que charlar, me gustaría refugiarme entre sus brazos y que correspondiese todos mis sentimientos...
- ¿Vas a decirme que ocurre?- pregunta, cruzando sus brazos con su tipica cara desinteresada. –Estás roja...-
Que haya notado el rubor en mis mejillas me tensa.
- Y en mi opinión, da bastante miedo.
Y no va a ser hoy el día que él me facilite las cosas.
Ruedo los ojos mentalmente, pero me fuerzo a mi misma a intentar hablar con él, la libreta de Lysandro puede esperar, ahora mismo lo único que podía tener en mi cabeza era él, Priya y estos sentimientos que no sabía manejar.
- Teng... tengo que... hablarte de algo.
Genial, Sucrette, ahora parecerás estúpida... Tus tartamudeos no te ayudarán para nada y menos causaran una buena impresión en él...
- ¿Ah, sí?- me pregunta, con sus brazos cruzados.
Incluso aunque sigue siendo cortante, notó un pequeño interés proviniendo de él. Estoy segura de que he captado su atención.
- Yo...
Intento pronunciar una declaración, pero soy incapaz de encontrar las palabras, nunca lo consiguiré.
- Yo... verás, yo...
Me atraganto con las palabras, sin siquiera poder avanzar en mi discurso, me siento tan imbécil...
Su imponente mirada me hace temblar ligeramente, me pongo aún más nerviosa y termino por retroceder ligeramente.
- No, olvídalo. Seguiré buscando.
Le veo alzar una ceja, curioso y se encoje de hombros.
- Tú sabrás-
Cuando empiezo a alejarme, completamente desamparada, él continúa hablando, interrumpiendo mi camino.
- Llevas todo el día actuando raro y por si fuera poco, estás huyendo. ¿Qué demonios pasa?-
Veo que la delicadeza no estaba en oferta.
- Nada.
Después de nuestra cercanía en el picnic, con la llegada de Priya, me siento todavía más sensible, sus palabras cortan como cuchillos y teniendo en cuenta que no me siento confiada a su lado, solo puedo retirarme antes de hacer algo que perjudique todo.
- Deja de ser tan cría, no soy adivino, ¿sabes? No tengo ni idea de que te pasa, pero sé que algo sí. No me trates como idiota.
Le encaro.
- ¡No soy una cría! ¡No es fácil para mí!
- Pues actúas como una.
Me siento completamente devastada ante su frialdad, mientras yo me derrito por mis sentimientos él no puede evitarlo...
- ¡ES TÚ CULPA!
- ¿Mi culpa?- su tono de voz sorprendido casi me hace recuperar la compostura, pero su contraataque acaba de ser devastador. -¡Yo no recuerdo haberte hecho nada! ¡No me culpes a mí de tu mierda! ¡Y mucho menos sin darme una explicación, niñita!
Me siento al borde del colapso, que no se de cuenta de hasta que punto me afecta su presencia solo me indica que nuestros sentimientos no son correspondidos, que soy una idiota y que seguramente Priya, más madura y más hermosa, le llama más la atención.
Siento como mis ojos pican.
- ¡Es tu culpa, es tu culpa, es tu culpa!- las lágrimas empiezan a salir y le veo sobresaltarse.
- Eh... n-no llores, ¿qué demonios te pasa?
- ¿Seguro que preferirías a Priya, no? Ya me ha quedado claro. Lo siento mucho por solo ser una niña y no ser tan madura y preciosa como ella, pero aun así... aun así...
Mis lágrimas empiezan a correr.
- ¿Qu-qué...?- si en este momento fuese capaz de ser objetiva, hubiera sido capaz de vislumbrar la confusión y la preocupación de Castiel, pero solo aprieto los puños y dejo que las lágrimas salgan. -¿Qué dices de Priya? ¿Qué tiene ella que ver...? Yo...- mis lágrimas continúan saliendo y la irritación de que no me entienda continúa. -¡No llores!
No puedo evitar sentirme una completa idiota.
Mis lágrimas salen descontrolablemente, ni siquiera soy capaz de escuchar lo que me dice, solo puedo pensar en que soy una cría para él, en Priya y en él enamorándose y en donde me deja eso a mí.
- ¡Aún así no quiero que estés con ella!
- ¿Qué...?
- ¡A mí me gustas más! ¡Yo estoy enamorada de ti! ¡Priya puede ser genial, pero yo...! ¡Incluso aunque no pueda igualarla...! ¡Yo...!
Me siento tan idiota.
En ese justo momento, tras unos minutos de silencio, siento sus pasos resonando en el sótano y levanto la cabeza, casi sin poder vislumbrarle a causa de las lágrimas.
- ...- levanto la cabeza, sin pronunciar un sonido, mirándole a esos ojos grises que me cautivaban.
- Eres idiota.
Su mirada se ha suavizado considerablemente y a pesar de no estar sonriendo, me escruta con esos ojos y empiezo a sentirme todavía peor.
Consciente de que he hecho el ridículo delante de él, solo puedo querer escapar, huir de lo que sucede, pero sus manos no me dejan, sujetándome levemente.
Y sin darme tiempo a reaccionar, estampa sus labios contra los míos, cortando mis lárgimas y mis pensamientos.
Mi mente está en blanco y lo único en lo que puedo pensar es en intentar entender que demonios está pasando. Tan pronto como el beso inicia, termina y yo no puedo evitar soltar un montón de balbuceos incoherentes.
- No sé ni de donde has sacado lo de Priya, pero digamos que era divertido verte toda neurótica, al menos hasta que lloraste. En fin- se cruza de brazos. –No me gusta Priya.
No sé que decir.
- Yo... yo... ¿qué?
- Bueno, niñita, ¿tan sin palabras te he dejado con el beso? Entonces, supongo que podemos mejorarlo.
Y se inclinó de nuevo, besándome una y otra y otra vez, hasta que borró a Priya de mis pensamientos, hasta que la libreta de Lysandro dejó de tener importancia y hasta que mis lágrimas se secaron contra mis mejillas.
Bueno, no es exactamente lo que esperaba de mi primera confesión... pero al menos de alguna forma u otra, parecía que mi confesión había surgido efecto, de una extraña forma.
Tras salir del sótano, nos miramos.
- Bueno, voy a engañarte con Priya.
- ¡Castiel!
- ¡Bromeo! Tú eres mi favorita-
Hinchó mis mejillas, y una carcajada ahogada sale de los labios que me han besado minutos antes. Y aunque aun estoy un poco nerviosa, soy consciente de que se ha percatado de mis ojos en sus labios.
Se inclina hacia mí y deposita un beso rápido.
- Me gustas tú, idiota.














