Feliz cumpleaños, Castiel.
Siempre llegando tarde... en fin, espero que os guste.
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Estaba nerviosa.
Todo tenía que salir perfecto, se sentía agitada y emocionada, a pesar de que él había insistido en que nada de sorpresas, ella quería hacerlo. Y ella siempre ganaba sus guerras.
Sucrette caminó a lo largo de la habitación, estaba ansiosa, desesperada.
Había invitado a Castiel a su casa. Se había asegurado perfectamente de que sus padres volverían en 2 días de su fin de semana romántico. Había preparado la cena -lo mejor que podía hacerlo- y había comprado una tarta de chocolate para él.
Su casa estaba en silencio. Completo silencio que la estaba crispando. ¿Por qué el tiempo pasaba tan despacio? Maldijo en voz baja y continuó caminando, de un lado a otro.
Y por fin. El timbre sonó.
Abrió y espero impaciente la llegada de él, nada más verle sonrió, lanzándose a sus brazos y dando un fogoso beso que casi le hace caerse hacia atrás.
- Que cariñosa- bromeó.
- Feliz cumpleaños- murmuró ella, besándole otra vez.
Se apartó de él y le invitó a pasar.
Cruzó hacia la entrada y se quedó quieto viendo las decoraciones que había puesto su novia, no era nada ostentoso y aunque le pareció exagerado que ella hubiese pegado a las paredes cintas negras y rojas, le pareció un detalle... pero él nunca diría eso.
- ¿Cuánto tiempo tenemos hasta que vengan tus padres?- preguntó, observando todo y pensando en que tendría que recogerlo todo.
- Dos días.
Castiel abrió los ojos sorprendido y se giro a verla, Sucrette seguía en el recibidor, con una sonrisa inocente en su rostro.
- ¿Dos días? ¿Estás de coña?
- No.
Avanzó hacía él y se encolgó de sus brazos. Castiel la sujetó de la cintura y la mantuvo cerca de él.
- Cierra los ojos. Voy a darte tu regalo.
Castiel suspiró.
- ¿Eso no se hace después de cenar?
- Sí y no. Shh.
Castiel sonrió y mantuvo sus ojos cerrados, la impaciencia podía con él, quería ver que había hecho más para él. Esto era demasiado. El no quería sorpresas ni nada ostentoso y, con la decoración del salón y todo esto ya era suficiente, no tenía que molestarse tanto por él.
- Ábrelos.
Castiel así lo hizo, sorprendiéndose.
Una hermosa cinta reposaba en su cabeza, haciendo un lazo, al igual que en su cuello que tenía otro. Se había 'envuelto' para él.
- Espero que te guste tu regalo- la picardía en su voz era obvia.
Castiel sonrió.
Su novia estaba allí plantada, con aquellos pantaloncitos cortos, aquella camiseta que él le había regalado de Bad Unicorns, y unas medias altas. Estaba preciosa...
- ¿Puedo abrirlo ya?
Oh, sí, esté cumpleaños iba bien.











