Si tú vinieras a mí, escucharías los sonidos que siempre imaginaste.
Algo así como la corriente de un río bravo desbordándose de su cauce.
Si un día vinieras, si pudieras venir, amor mío,
escucharías al fin el ruido del agua que me sostiene.
Y entonces sabrías que todo ese caudal
nació sólo para encontrarte.
Un beso infinito











