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El amor es más fuerte
Supongo que desde mediados de 2011 a la fecha habrán nacido miles de riverplatenses. Y a la vez, quiero creer que a muchísimos de ellos los nombraron Fernando. Ese acto de amor que pongo como ejemplo es una devolución de todo lo que Cavenaghi nos ha dado.
Considero que no somos del todo conscientes del lugar que ocupa Fernando en la historia de River Plate. Y esto lo digo debido a que cuesta despegarse de lo contemporáneo. Pero, por ejemplo, es preciso indicar que es uno de los diez jugadores que más goles metió en ciento dieciséis años de historia. Su marca fenomenal se infla si a este dato se le agrega que todos los que están por encima de él fueron jugadores del siglo pasado. Por lo tanto, Fernando, es el goleador número uno del siglo XXI.
A mí me gustaba cuando gritaba los goles. Los goles se festejan así, como los gritaba Fernando. Y no solo se destacó por sus goles, sino también por sus gestos. Y me gustaría recordar uno: Final de Libertadores. Penal para River. Fernando lo podría haber pateado, era su último partido, era el capitán, era la posibilidad de cumplir el sueño de meter un gol en una final, sin embargo no. Se acercó a Carlitos Sánchez, lo animó y le dejó la ejecución a él. Enorme gesto. Enorme corazón.
Debo decir que lloré varias veces a causa de Fernando. Una de ellas fue en el partido que River le ganó cinco a cero a Quilmes (fecha en la cual el Millonario salió campeón). Ramón Díaz lo sustituyó hacia el final del encuentro y mientras Fernando caminaba desde su posición cercana al área hacia el banco de suplentes, lo hizo festejando como si fuese uno de nosotros: saltó, arengó, corrió, gritó, se descargó. Toda esa energía contenida y acumulada durante el paso por los infiernos explotó allí. En él y en mí. Y también en todos los hinchas que sufrieron el descenso, primero como una profunda e increíble tristeza, y segundo como una larguísima incertidumbre. Otra de las veces fue en el último partido de la Libertadores 2015. El Monumental hervía. Antes de comenzar la final, con los jugadores ya a acomodados en el campo, desde todas las tribunas se escuchó el famoso cántico "El Cavegol, el Cavegol...". No pude cantarlo debido a que en el intento la voz se me quebró y empecé a lagrimear instantáneamente. Me senté a llorar desconsolado debido a que ese canto era la más genuina muestra de amor del hincha hacia él, pero a la vez, antes había sido utilizado como un grito de “guerra” en su ausencia y, originalmente, como una señal de esperanza y agradecimiento.
Yo creo que cuando pasen muchos años y nuestros hijos nos pregunten por Fernando, la emoción nos invadirá nuevamente porque Cavenaghi es mucho más que ciento doce goles. Fernando es un símbolo gigante de amor hacia el club que lo promovió y eso lo convirtió en un mojón sobresaliente en la enorme historia riverplatense. No solo porque nos hizo gritar tamaña cantidad de goles, sino porque nos despertó sensaciones desconocidas, olvidadas y depreciadas en los tiempos que corren: nos demostró que el amor es más fuerte.
Es por eso que lo queremos tanto y nunca lo vamos a olvidar.
Eternamente gracias, Fernando.
@nicolinov
Me puse a llorar con el vídeo despedida de Cavenaghi. Chau