Era víspera de navidad, se había bebido cuatro u seis vasos de whiskey, y lo siguiente que recuerda es que estaba aparcando la camioneta frente a una bonita capilla cristiana dentro del pueblo y que el Padre tenía un fuerte acento irlandés y un extraño sentido del humor para ser un Padre. Hablaron un rato, no mucho. Le citó una frase de Corintios y le dejó solo luego de una charla en la que el cazador apenas participo.
Numair no era cristiano – ni si quiera estaba seguro de creer en Dios. Sus creencias eran conflictivas, esa era la verdad. Porque de no creer en Dios, estaría negando su naturaleza, pero por otro lado no podía creer en una deidad que le importaba un cuerno sus creaciones y que se excusaba tras todo el rollo del ‘libre albedrío’.
Así que, técnicamente, creía en Dios, pero no confiaba en él. De cuando en cuando pensaba que, si alguna vez se lo cruzaba, le daría una paliza para recordar. Porque sí, de cuando en cuando también se creía capaz de patearle el culo a Dios y salir caminando para contarlo. Así era él, siempre lo había sido.
En Betel le habían obligado a estudiar la historia de su gente, los Calebitas. Tuvo que aprenderse los detalles de la leyenda de cómo aquellos espías habían entrado a las tierras de los hijos de Anak en la forma de sus tótems, de cómo Joshua y Caleb confiaron en Dios y de cómo vagaron 40 años por el desierto antes de ser recompensados. Recuerda la moraleja; la fidelidad de Joshua y Caleb a Dios, cuando los otros decidieron dudar, puede llegar a bendecirlos de maneras increíbles y que estas bendiciones duraran generaciones y generaciones... Así le llamaban – bendiciones.
Joshua y Caleb habían logrado entrar a la tierra prometida por confiar ciegamente en el Señor, y Numair, y sus hermanos, y muchas otras personas más en la tierra, ahora cargaban con esa “bendición”. No podía convertirse en su tótem como sus antepasados lo habían hecho, como Josie era capaz. El linaje estaba sucio, su gente se había mezclado con humanos en el pasado y ahora, los calebitas de su generación, solo conservaban algunas características de sus animales – buena visión, buen olfato, buen oído, fuerza, rapidez.
No era algo malo, no era algo que le molestase a nadie, Numair estaba seguro de eso. El problema venía con el simple hecho de que, ser Calebita, te convertía automáticamente en un soldado. Un guerrero de un Dios en el que no confiabas y al que le sacarías los ojos de tener la oportunidad.
Habían pasado 39 años desde que Caladh había nacido, y a esas alturas suponía que al llegar a los 40, no vería un cambio, ni ninguna tierra prometida con bendiciones. Por supuesto que no iba a quejarse ni a hacer pataletas por ello, ese no era su estilo. Había sido un buen guerrero, pero había preferido ser un buen hombre – había huido, abandonado su misión, su familia, y ahora estaba pagando el precio de su error, pero se le hacía difícil aceptar ese precio cuando la gente que había sufrido los efecto colaterales era justamente la gente que más quería.
El sonido de la puerta le hizo voltear para ver de quien se trataba, pero enseguida volvió la vista al frente cuando descubrió que solo era una pequeña anciana con ropas viejas.
Había tomado asiento en la primera fila y había estado allí, simplemente observando lo que tenía delante en infinito silencio. Con las manos juntas y el entrecejo arrugado de forma inconsciente, nadando entre recuerdo y disfrutando del silencio. No fue hasta entonces que recordó por qué estaba ahí.
Carraspeó ligeramente y bajó la vista a sus manos.
—I'm not a man of prayers... —susurró, asegurandose de que nadie más que quien debía, lo oyera. —God knows I'm not a man who would come to this but, I'm running out of options, I... —tragó saliva espesamente. —I fucked it up. I fucked it up big time and I need to fix this. I’m sure you already know what’s up, so… Come on, man... Samael. Give me a hand here —alzó la vista e hizo una pausa antes de continuar. —I'm begging you.
La puerta volvió a abrirse. Numair volteó, esperando encontrarse al arcángel, pero sus hombros volvieron a caer en decepción cuando vio la figura de Billie acercándose a paso lento.
—Are you following me? —cuestionó cuando tomó asiento a su lado. Su voz era un susurro ronco.
—No —contesto ella. —Bueno, si… Josie me dijo que sueles hacer cosas estúpidas cuando estas… ¿Cómo decirlo? Encerrado. Estaba preocupada, dijo que te siguiera.
—¿Y tú haces todo lo que ella te dice?
—Creí que eras judío —comentó Billie, ignorando por completo su comentario.
—¿Qué?
—Creí que eras judío. La mayoría de los calebitas lo son.
—¿Tu lo eres?
—Nah —meneó la cabeza. —Las religiones no van bien conmigo.
—Ya… Conmigo tampoco.
—¿Qué haces aquí entonces?
Caladh alzó sus orbes celestes a la gran cruz en donde se encontraba una escultura de Jesús y torció una pequeña sonrisa que Billie inspeccionó, sonriendo también, como si aquel gesto le hubiera contagiado.
—¿Qué?
—Josie tiene razón —murmuró él. —Hago cosas estúpidas cuando estoy encerrado.
Billie rió, una risa suave, dulce. Una risa honesta.
—Vamos —le animó. —Josie ha estado trabajando toda la tarde en la cena solo porque Thomas le dijo que él si festejaba la navidad allá en Nueva Orleans y se va a enojar si no apareces.
—Lo hacía por él y por la familia de mi mujer —agregó Caladh casualmente, tan casualmente que tuvo que explicarlo mejor. —Las navidades. En mi familia no la festejamos, aunque mamá siempre insistía en que cenemos todos juntos, como ella solía hacer con su familia antes de casarse con papá.
—¿Era cazadora? Tu madre.
Numair meneó la cabeza.
—No como nosotros, al menos. Sabía cómo funcionaba un arma y tenía la puntería de un águila —Billie arrugó el ceño, pero continuó sonriendo. Numair se percató de su confusión y enseguida se corrigió. —Solíamos salir a cazar ciervos para las grandes fiestas —dijo. —Era más barato de ese modo.
—Creí que los Lyons eran ricos —acotó la mujer. No había malicia en su voz, simplemente una honesta observación.
—Ricos son los reyes —contestó el. —Nosotros no somos reyes. Nunca lo fuimos.
—Los leones son los reyes de la selva —los ojos de Billie viajaron al retablo y los de Numair a ella, como si de alguna forma lo que acababa de decir hubiera causado algo en él. —Hakuna matata, pal.
Entonces, la expresión reflexiva y absorta de ambos cazadores se torció a una sonrisa que pronto esfumaron, bajando la mirada al mismo tiempo, sabiendo que aquello era básicamente una falta de respeto para el resto de las pocas personas que se encontraban allí.
—What do you know? He can laugh —comentó al aire en un susurro, como si lo hiciera a un publico invisible. —Anyway, I was just checking on you. Cats hide when they are sick or dying, they go away, and I don’t really know you, but I had a cat once and I you're acting like a dying cat —sus ojos se habia alzado al altar, pero poco a poco volvio a posarlos en el perfil del cazador.
Su rostro parecía impenetrable, inverosímil, como el de un acusado en un juicio que lo llevaría, irónicamente, a la pena de muerte. Estaba triste y enojado e increíblemente frustrado, no había que ser psíquica para saberlo – Billie lo veía en su rostro, estaba todo allí, solo había que saber leerlo.
—Now… —carraspeó. —We should get going. Josie is already going to be mad when she realizes you’re drunk, I don’t need her to be mad for us being late.
—Aye aye, captain —respondió Numair, incorporándose lentamente, como si cada uno de sus músculos le doliese.
—Hope you like roast turkey.
Numair reflexionó un instante.
—With roast potatoes?
Cuando llegaron a la casa de Josie, Numair se sorprendió al ver la motocicleta de Loan. A su lado, una impecable Chevrolet Truck de los 80 relucía bajo la luz de la luna.
Billie parecía tan confundida como él, pero no dijeron nada, simplemente continuaron su camino hacia la entrada y una vez hubieron cruzado la puerta, sus preguntas encontraron respuestas.
Loan reía a carcajadas con un vaso de whiskey en las manos y parecía haber estado disfrutado honestamente de la charla que mantenía con un hombre, hasta que vio entrar a Caladh por la puerta. Entonces, dejo el vaso sobre la mesa y se incorporó.
El segundo hombre se volteó y lo miró con ojos curiosos mientras Loan le proporcionaba un abrazo fraternal, uno que Numair no dudo en devolver. Le hacía falta, y agradecía al tiempo por haberle enseñado a Loan cuando necesitaba un abrazo.
—What are you doing here? —preguntó Numair, confundido.
—I’m here for Christmas, boy! —expresó en un tono cantarín. —Josie me invito —sus pequeños ojos marrones se posaron en la muchacha detrás del calebita y volvió a sonreír. —Awrite.
—Hey —saludó Billie, más incómoda que divertida.
Para su suerte, Josie enseguida cruzó por la puerta de la cocina luciendo una resplandeciente sonrisa que delataba que había estado bebiendo mientras cocinaba. Numair correspondió su abrazo forzando una pequeña sonrisa. Entonces, el hombre desconocido se puso de pie y camino hacia ellos con el vaso en la mano y una sonrisa amable en el rostro.
Todos sonreían demasiado, Numair había vuelto a pensar que definitivamente no encajaba ahí. O al menos no cargaba con el suficiente espíritu navideño para aunque sea intentar encajar solo por esa noche.
—This is my husband —les presento Josie, tomando al hombre del brazo. —Nathaniel.
—Call me Nathan, or Nate. You must be Caladh —estiró la mano y estrechó la del cazador. —Oh, man. You’re definitely a Lyon. You look so much like your mother, though.
—He does, doesn’t he? —Josie le estudió el rostro, asintiendo. De repente, Num se sintió como un mono en un laboratorio, pero no dijo nada. —He’s really handsome.
—Where is Thomas? —preguntó de repente el calebita, en un fiero intento de salir de aquel incomodo momento. Sus ojos celestes recorrieron la sala.
—Oh, he’s okay, don’t worry —le calmó Josie, marchándose nuevamente hacia la cocina. Continuó hablando desde allá, asomándose de vez en cuando por la abertura de la barra. —Está en el establo.
—Pasa mucho tiempo allí.
—Y tú pasas mucho tiempo fuera. O bebiendo.
De repente, Billie y Nate se sintieron lo suficientemente incomodos como para decidir que era mejor alejarse y fingir que no oían lo que Josie decía. Numair apretó los labios, sintiendo la dura acusación sacudiéndole desde dentro, pero se calmó cuando Loan le palmeó la espalda.
Josie volvió con una bandeja que contenía pavo asado con diferentes tipos de verduras decorándolo. Y por supuesto, papas asadas.
—Es un niño —dijo mientras lo colocaba sobre la mesa. —Y creo que está de más recordarte que cada uno guarda luto de forma diferente —se paró frente a él y colocó ambas manos sobre su pecho. Le miró, una mirada cálida, suave, y luego acarició su mejilla. —Ve a buscarlo.
Numair negó con la cabeza.
—No —sentenció.
—Es tu hijo, Numair.
—Si voy a buscarlo, no vendrá y habrás hecho todo esto para nada. Es mi hijo, lo conozco.
—¿Estas…
—Yo iré por el —Billie se paró del sofá de un salto, interrumpiéndolos. Pasó por detrás del cazador y mientras lo hacía, le dedicó una mirada a Josie. —Ya vuelvo.
Caladh la siguió con la mirada casi de forma inconsciente, y entonces volvió a ver a Josie. Chasqueó la lengua al darse cuenta como su suave expresión se había transformado en una indiscutiblemente dura. De repente, pensó en Creasy y en que estaría haciendo aquella noche, pero disperso las ideas tomando el vaso medio vacío de Loan y llevándoselo a los labios.
Creasy estaba en todo su derecho al enojarse. También Oliphant, Thomas, y el resto de sus hermanos si alguna vez se enteraban de lo sucedido, pero eso no significaba que no le doliera. Eran su familia después de todo, eran todo lo que tenía… Y ahora no tenía mucho.
La cena transcurrió como lo esperaba. Thomas estuvo tan silencioso como su padre, pero le vio sonreír dos o tres veces con los comentarios de Loan y Nate. Una sonrisa que había echado tanto de menos y que ahora le parecía tan extraña y familiar a la vez. Parecía mentira cuando había crecido en aquellos meses, pero era real.
Cuando todo hubo acabado, alrededor de las dos de la madrugada, cuando todos se fueron a dormir, luego de que Loan le diera un discurso sobre tomar responsabilidad sobre sí mismo y sus acciones en el pórtico, Numair se quedó despierto en el sofá viendo las imágenes que el televisor le ofrecía. Una película de Tarantino se reproducía en mute mientras él intentaba concentrarse en lo que sucedía, fallando en cada tentativa y dándole un trago al whiskey como premio de consolación. Aquello se había convertido en una rutina que, sorprendentemente, no parecía agobiarle sino todo lo contrario. No obstante, no encontraba paz en ello – era momento para reflexionar, momentos que llegaban sin ser llamados y le quitaban el sueño.
—Cowboys and booze? Thought you were from Scotland, that’s very redneck of you, man —la voz de Billie le hizo dar un salto, pero pudo disimularlo bastante bien, pasándose una mano por el rostro para despejarse.
La sintió sentarse a su lado, pero sus ojos no se despegaron del televisor. Sabía que, de hacerlo, tendría problemas para enfocar su rostro y si bien tenía práctica ocultando su ebriedad cuando debía hacerlo, ya que la mayoría de las veces no se preocupaba por hacerlo, no se sentía con ganas de hacer el intento u presenciar aquella mirada de lástima que en más de una ocasión se había posado en la expresión de Creasy. Sin embargo, sabía que ahí estaba, podía sentirla palpitar en el silencio, podía sentir la mirada de la mujer.
—Are you okay? —preguntó de repente, rompiendo el silencio.
Caladh negó con la cabeza, bajando la vista. Fue un movimiento torpe, como si intentara esconder algo. Se sorprendió de sí mismo cuando se dio cuenta que había sido honesta con ella, y entonces volvió a mirar la caja boba, como si el tema hubiera quedado en el pasado, pero la mano de Billie enseguida le arrebató la botella con cuidado y la dejó sobre la pequeña mesa frente al sofá. Enseguida volvió a mirarlo y vio cómo, con la mirada perdida, el cazador intentaba mirarla de vuelta.
La mano de Billie se alzó y acarició la mejilla del cazador, quien respondió el mimo como lo haría un felino, rebuscando el contacto humano, pidiendo por más. Sus ojos se cerraron con un rictus de congoja y entonces la cazadora se acomodó en su lugar, sentándose como era debido.
Numair alzó los ojos y tomó su mano, aquella con la que le acariciaba, y le miró en silencio. Ese silencio inmutable que lo caracterizaba tanto esos días.
—I know it’s hard to believe this… —dijo ella. —I do. But It’s gonna be okay. Give it time. Thomas, he… You’re his father. He loves you no matter what, I truly believe he’s just having a hard time trying to figure all this out. This is a whole new life for him. I’m trying to put myself in his shoes and It must be terrifying. Hell, I was so frightened when I found out about… About all of this. I was sixteen at the time. Try to remember how were you at that age. I didn’t let anybody through and I was mad at everything —hizo una pausa. —He’s a kid. Kids… They don’t understand logic.
—I know that —asintió él. —However, he does have a good point, doesn’t he? He’s a smart kid —una sonrisa amarga crispó sus labios, pero enseguida se perdió entre las intermitentes sombras de la T.V. —I couldn’t protect him, or my wife. And I killed my brother. A few years back I deserted my family and tried to forget who I was, I tried to live a normal apple pie life and everything went to shit here. Everyone thought I was dead, my mother killed herself, my niece got kidnapped, my nephew was executed by the same demon who took Thomas and killed my wife and my little brother, the little brother I killed to get back my son, was left alone... —se encogió de hombros. —I've always tried to be a good man. Always, Billie. Always trying to do the right thing doing my job or living a normal life. But I’ve come to a point where I realized that, sometimes, things don't turn out the way you want, no matter how hard you try. And it's... It's really undeceiving realizing that.
—You need to stop with the self-pity —dijo Billie. Su voz seguia siendo un susurro en el aire, pero su tono ahora era más duro que antes. —That won’t get you anywhere, man. Neither will drinking like a goddamn fish —con el ceño fruncido, probablemente desconcertado y ofendido, Numair intento interrumpirla, pero Billie enseguida reclamó su turno para hablar. —No, you listen to me. You think you got it bad? I lost my whole family just a few months back and I'm not weeping like a little baby, drinking my weight in alcohol, am I? Pick yourself up and learn from your mistakes, Numair. Do something about what’s bothering you and, for the love of God, trim your beard. You look like a blonde-Scottish-Chewbacca.
Caladh la observo confundido. En otra ocasión, se habría irritado por tanta dosis de honestidad en tan poco tiempo viniendo de prácticamente una desconocida que apenas se cruzaba a la hora del desayuno, pero tal vez haya sido por el alcohol, o el cansancio, porque permaneció en silencio, simplemente observándola, estudiando vagamente sus facciones. Era curioso – se veía como una muchacha dulce, pero sus palabras eran demasiado duras para su rostro.
Se puso de pie y volvió a tomar la botella de whiskey. Se la llevó a los labios sin despegar la vista de los ojos claros de Billie. Estaba retándola en una actitud sumamente infantil que a Billie le obligó a rodar los ojos y a ponerse de pie, indignada.
—Really? —espetó entre dientes. Alzó la mano y le arrebató bruscamente la botella, escondiéndola de la vista del cazador a sus espaldas. Él sonrió. Una sonrisa socarrona con aquel tinte tan característico de los ebrios, y Billie no tuvo más opción que sonreírle en respuesta, resignada. Bajó la mirada y cuando volvió a mirarlo, sus labios estaban tensos. Le recordaba a su padre, y aquello no le gustaba.
No tenía lugar allí, pero al menos mientras vivieran bajo el mismo techo, intentaría que Thomas no pasara por lo mismo que había tenido que pasar ella.
Numair podría ser un alcohólico, pero al menos no dejaba que su hijo lo viera en aquellos estados, lo cual le daba un poco de esperanza. De hecho, había notado en más de una ocasión que se esforzaba para ocultar la resaca. No se sentía orgulloso de su forma de lidiar con los problemas, pero era la única forma en la que podía hacerlo. Aparentemente, era la única forma en la que los cazadores lidiaban con los problemas. Ella misma formaba parte de ello en ocasiones.
—You have a son —volvió a susurrar. —Stop acting like a dying cat. Grow up.