Humitas y cebadas (24.02.2018)
¿Quien diría que oír el te invito una humita me alegraría? Aún sigo alegre por este día que escribo para que no caiga en el pozo del olvido.
Son justos esos momentos que el tiempo se ralentiza para vivir cada respiro, cada instante como un lapso de infinidad. Tener el tiempo a favor por solo una vez en la vida cuando siempre una pestañeada era una hora al hacer el día a día. Entonces partí a ver como de costumbre a la chica que tanto amo... parecía un día más de todos los días con ella, pero no era así. Yo me sentía vigorizado, a pesar de sentir la palmada del cansancio sobre mi hombro llamándome.
Negro ,blanco y rojo se encontraba ella, parecía una muñequita incluso más con sus ojos tan universales...caía otra vez en el alma del amor que ella emanaba. Estaba venustuosa, que explotaría tanto en tan pequeño lugar, debíamos salir y expandirnos entre risas y charlas como los seres divinos que somos. Dicho y hecho, fue así.
Entra pasos, escalábamos más y más, parecía eterno el momento, el cielo daba su espectáculo de lentos colores cuando en la tierra sin desenfreno íbamos ella y yo. De la señorita verde, a una humita y luego saltarnos a una cebada...parecía que ya habíamos hecho todo lo que debíamos, pero no es así cuando el alma fluye sin percance.
Bromear, golpear paredes, reír entre besos, miradas sin respuesta....danzar como si el mundo jamás hubiera estado cuerdo durante miles de años y empezar a volar sin haberlo deseado ni en el momento, ni entre nosotros. Que sentados viendo aves, para recién ver el espectáculo del cielo que nos marcaba el fin de lo efímero y eterno.
Te amo, no recién, ni hace poco. Te he amado siempre.







